EDITORIAL
diario El País

El regreso de Michelini

Hay un problema histórico entre las concepciones socialistas y los números. Desde siempre, estas visiones han creído que existe algún tipo de artilugio mágico que puede llevar a que 2 más 2 dé 5.

Y cuando se les quiere hacer ver lo contrario, o la realidad explota en su cara, la respuesta es siempre insultar a quien les hace ver lo errada de su postura. O denunciar alguna conspiración mediática/neoliberal/conservadora.

Esto quedó más patente que nunca el pasado domingo con el regreso a escena del inefable Rafael Michelini, quien luego de haber sido expulsado de la política por los ciudadanos en las urnas, ha revivido de la mano de su partido con un cargo de “secretario político” del Frente Amplio. Porque si algo necesitaba ese partido para recuperar a las masas desencantadas que dejaron de votarlo, y para complementar la chispeante y seductora presencia de su presidente Javier Miranda, era el retorno de las ya famosas “michelinadas”.

Y “michelinadas” a granel regaló el exsenador en su primera entrevista en el programa Séptimo Día. Entre otras perlas dijo que “Entre el déficit y los uruguayos, yo opto por los uruguayos”, que “es inconcebible que por no tener 200 o 300 millones de dólares más de déficit, no se brinden más ayudas económicas”, y que “el gobierno tiene una estrechez casi ideológica vinculada al déficit”.

Para empezar vale decir que por tener ideas como las de Michelini, el Frente Amplio tiene los problemas económicos que tiene, con un déficit de más de 40 mil dólares por mes, y teniendo que hacer ajustes como recortar el sueldo del mencionado Miranda a la mitad. Parece que en ese caso los números se negaron a entender que pagarle al presidente de un partido 240 mil pesos al mes es una inversión, no un costo.

Pero volvamos a Michelini. La concepción del exsenador es de un nivel de ignorancia de cosas básicas para cualquier padre de familia, que solo se compara con su hipocresía y mala fe.

Lo primero que hay que señalar es que el gobierno actual tiene una estrechez terrible a la hora de disponer de recursos para apoyar al sector productivo en esta pandemia, porque los gobiernos del partido de Michelini dejaron un agujero más grande que Aratirí.

Tan solo en 2018, el estado uruguayo gastó 3 mil millones de dólares más de los que ingresaron, y eso que hizo un ajuste fiscal cruento. Pero eso no es nada comparado a los 11 mil millones de dólares que generó de deuda, desde el año 2015. ¡Más de tres plantas de UMP2! Sin pandemia, sin crisis global, a puro derroche.

Es claro que para alguien capaz de defender a una administración que regaló la plata de todos los uruguayos con tamaña alegría, “200 o 300” millones de dólares son una bicoca por la que ni vale la pena preocuparse. Cualquiera que no haya vivido toda la vida del contribuyente, sabe que se trata de una cantidad de plata desmesurada.

El gobierno actual tiene una estrechez terrible a la hora de disponer de recursos para apoyar al sector productivo, porque los gobiernos del partido de Michelini dejaron un agujero más grande que el que quería hacer Aratirí.

Lo que Michelini no explica es que Uruguay no tiene una máquina de fabricar dólares. Que las finanzas del país ya están desde hace un par de años bajo la lupa de las calificadoras de riesgo, y que gracias a su líder Astori y su troupe de genios de la economía, pese a que el país atravesó su mayor período de crecimiento en la historia, los números están tan en rojo que podemos perder en cualquier momento el grado inversor. Con lo cual crecerá todavía más el monto de la deuda, y se frenará cualquier intento de atraer inversiones.

Este tipo de pensamiento mágico que defiende Michelini, donde derrochar plata no importa, y donde siempre hay una causa justa que justifique el gasto, es lo que llevaron adelante los últimos años Argentina y Venezuela, por citar dos ejemplos. ¿Alguien cree que en esos países se vive mejor gracias a eso?

Pero hay un último concepto que Michelini y su barra parecen no terminar de entender, cuando atribuye al actual gobierno una “obsesión ideológica” por no gastar. Vivimos en una democracia, y en ese sistema, el objetivo de los partidos políticos es acceder al poder y mantenerse allí todo lo posible. Todo el mundo sabe que las políticas restrictivas en lo financiero tienen un alto costo político y social. ¿Por qué un político profesional querría aplicar medidas que le van a generar enojo popular?

Por esa “banalidad” que se llama sentido de responsabilidad histórico. Porque sabe que a largo plazo, eso será mejor para el país, empezando por los más pobres. Todo lo contrario de Michelini, su entorno, y su forma de pensar irresponsable y maniquea, cuyo desprecio por el valor de la plata ajena es lo que nos ha llevado a la estrechez actual.

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