EDITORIAL
diario El País

La reforma de la Seguridad Social

Después de una tarea que por la complejidad del temario insumió varios meses, esta semana el Presidente de la Comisión de Expertos en Seguridad Social, (CESS) Dr. Rodolfo Saldain, presentó el primer borrador elaborado junto con nueve técnicos convocados por el Ejecutivo para diseñar una próxima reforma del sistema de Seguridad Social. La que ahora será analizada por los otros integrantes del CESS; un representante de los jubilados, uno de los trabajadores, uno de los empresarios y tres por el Frente Amplio, quienes deben hacer sus aportes, críticas y comentarios, antes de fin de mes. En base al borrador que se entregue, el Ejecutivo redactará el proyecto de ley correspondiente.

Es una reforma muy importante que hace mucho se necesita, aunque los anteriores gobiernos jamás se atrevieron a hincarle el diente en profundidad. Por lo sensible del asunto y la complejidad que entraña, así que su sanción no habrá de ser cosa simple. Y menos teniendo en cuenta la actitud de la oposición desde el día uno, de la Administración Lacalle Pou, cuya actitud permanente es la de trancar cualquier iniciativa oficial, no importa cual sea. Pero se trata de algo trascendente. Sin ir más lejos porque el gasto en Previsión crece sostenidamente. En 2019 llegaba al 11% del PBI y la tendencia continuará si no se toma al “toro por las guampas”.

En el desequilibrio financiero contribuyen más de un motivo, pero hay datos clave. Una es la más larga expectativa de vida y en paralelo, el descenso de la fertilidad. Aspectos que se conjugan adversamente para que la población económicamente activa (PEA) alcance a solventar al sistema de jubilación de reparto que para no desfondarse, cada vez necesita más salvataje del erario público. Lo cual no es inocuo, ya que el Tesoro no es el de Alí Babá sino que se nutre de los impuestos que paga la producción y la población en su conjunto. Tampoco el endeudamiento puede ser infinito y es irresponsable hipotecar el futuro de los jóvenes y al país todo, como propone la oposición al plantear livianamente seguir pidiendo prestado y que se arreglen como puedan, en el futuro.

En una conferencia en el Club Inglés el martes pasado, sumamente rica en contenido, Saldain comenzó aludiendo a un llamativo fenómeno actual. La disminución de nacimientos. Lo cual por un lado es positivo porque contrariamente a lo que se temía respecto de la multiplicación imparable de la especie humana y lo que ello implica, se enlentece la cadencia reproductiva.

La población mundial fue creciendo lentamente desde su aparición en la faz de la tierra hace miles de años. De este ritmo pausado se encargaban las dificultades de toda especie que los humanos debían enfrentar para sobrevivir. Desde los graves accidentes, hasta las matanzas y las guerras ya que el hombre ha sido de siempre un guerrero, cruel, conquistador y valeroso, o en otros casos terminaban con sus vidas los enemigos invisibles; las bacterias, los virus, las infecciones y las pestes.

Hay que hacer cambios quiérase o no. Por esa razón el Presidente Lacalle Pou se lanzó al agua. Decidió enfrentar el imperativo desafío, aún cuando se sepa que en nuestra querida nación, la resistencia al cambio es proverbial.

Así fueron los terrícolas poblando el globo, lenta pero continuamente, aunque a resultas del enorme progreso logrado por la humanidad en las últimas centurias y sobre todo, el fantástico avance de la medicina, se pasó explosivamente de los 1600 millones de habitantes previos al siglo XX a los 7600 millones de la actualidad. Surgieron entonces las preocupaciones alrededor de los peligros de una superpoblación del planeta. Desde las crecientes necesidades alimentarias y de todo tipo para tamaña cantidad personas, hasta los presentes llamados de alerta respecto de evidentes o potenciales daños al equilibrio ecológico de la tierra en que vivimos, con destructivas consecuencias.

Sin embargo, en contraste con las especulaciones sobre el incremento del número de pobladores en el mundo han aparecido estudios demográficos recientes donde se vaticina que para el año 2100 habrá 183 estados, de un total de 195, que tendrán tasas de natalidad por debajo del nivel de reemplazo. Lo cual significa que los sistemas de seguridad social que hoy funcionan, al menos en el mundo civilizado, no serán económicamente viables.

Hay que hacer cambios quiérase o no. Por esa razón el Presidente Lacalle Pou se lanzó al agua. Decidió enfrentar el imperativo desafío, aun cuando se sepa que en nuestra querida nación, la resistencia al cambio es proverbial. Y si es fogueada por motivos políticos y obscuros intereses personales, cuando no por simple ineptitud, para alumbrar la criatura y que no nazca defectuosa, el ambicioso y urgente cometido demandará firmeza e inteligente habilidad negociadora.

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