EDITORIAL
diario El País

Una reforma impostergable

La semana pasada el Presidente de la República presentó el proyecto de reforma del sistema de seguridad social que el Poder Ejecutivo enviará al Parlamento.

A los líderes de los partidos de la Coalición Republicana y al presidente del Frente Amplio, con lo que dio comienzo al proceso público de discusión del tema. Es un tema crucial para el país por varias razones, por lo que amerita que se lo tome como tal y no como un asunto más del previsible y ramplón debate político vernáculo.

Todos los países del mundo, desde que la Alemania de Bismark comenzó con los sistemas estatales a gran escala de seguridad social, cada cierto tiempo requieren una actualización y una reforma de su régimen de jubilaciones y pensiones. Nuestro país realizó una buena reforma de gran trascendencia en 1996 que cambió el sistema de reparto intergeneracional que existía hasta entonces por uno en que el clásico pilar anterior se combinó con uno de capitalización individual.

Esa reforma, muy uruguaya por cierto en que se avanzó gradualmente hacia un sistema más justo y más eficiente no solo no fue cambiado por todos los gobiernos que le siguieron, incluyendo tres del Frente Amplio, sino que demostró en la práctica sus beneficios para los jubilados y para las arcas del Estado.

Las gestiones frentistas, por cierto, hicieron mucho daño a nuestro sistema de seguridad social. Las flexibilizaciones que promovió Ernesto Murro como presidente del BPS con la mirada hacia el costado del equipo económico del llamado “astoribergarismo” tensionaron fuertemente la sostenibilidad del sistema. La desastrosa gestión de Murro aceleró los tiempos de la siguiente reforma que sería necesaria, y el Ministro de Economía Astori, en una actitud que define su carácter y su consabida inutilidad, anunció durante el gobierno anterior que el siguiente debería encargarse del asunto.

Lo cierto es que la relevancia del tema excede largamente a cualquier partido político, es uno de los pocos temas en que realmente es necesaria una política de Estado, aunque la expresión esté desprestigiada por su abuso. El Uruguay requiere una reforma de este tipo por varias razones. Una primera y fundamental es para ordenar un sistema complejo y caótico en que una persona no puede acumular los años de distintos régimen o cajas o en que existen distintos beneficios o perjuicios dependiendo del tipo de trabajo que se tiene simplemente no es justo. La unificación del sistema, por lo tanto, es un objetivo fundamental que no debería tener contradictores.

Una segunda razón fundamental es el deterioro creciente de las finanzas públicas que se deriva de ir postergando la reforma porque no es urgente. Esto es falso, y manifestar que da lo mismo hacerlo ahora o después cuando viene de algún economista que entiende algo de números solo se explica por política menor y partidaria de la peor especie. Cuando más se postergue la reforma más se castiga a las finanzas del Estado y más radical y abrupta tendrá que ser la que se realice en el futuro cercano.

Las gestiones frentistas hicieron mucho daño al sistema de seguridad social. Las flexibilizaciones que promovió Ernesto Murro como presidente del BPS con la mirada hacia el costado del equipo económico tensionaron fuertemente la sostenibilidad del sistema.

En tercer lugar, es una reforma en que tanto gobierno como oposición tienen mucho para ganar. El oficialismo por lograr procesar un cambio fundamental y positivo para el país, que bien explicado debería ser más popular que impopular porque, entre otras cosas, permitirá aumentar las jubilaciones más bajas. Para la oposición, que cree que puede ganar las próximas elecciones es una buena idea no obstruir la aprobación de una reforma que fue incapaz de procesar durante tres gobiernos consecutivos y de la que sería directamente beneficiada. Si a eso le sumamos que es positiva esencialmente para todos los uruguayos hay alguna chance de que prime una actitud nacional que ha sido tan poco común desde marzo de 2020.

En todo caso estamos ante un cambio indispensable, de esos que a veces cuesta, pero que sabemos que necesitamos imperiosamente. Uruguay necesita un sistema de jubilaciones y pensiones más moderno, más justo y sustentable en el tiempo. Pueden oponerse quienes se oponen habitualmente a toda propuesta en beneficio del país, porque siguen pensando como en los sesenta que cuanto peor mejor, parados desde una visión poco democrática y claramente regresiva. Es probable, sin embargo, que la inmensa mayoría de los uruguayos vea que estamos encarando un cambio necesario, con responsabilidad y pensando en el futuro.

Dejar las cosas para último momento, en este caso como en la generalidad, obligaría a medidas más drásticas, imperdonables cuando existe la posibilidad de hacerlas bien y sin traumas.

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