EDITORIAL

En la recta final

El domingo se desarrolló el esperado segundo debate entre Hillary Clinton y Donald Trump en lo que ya es la campaña presidencial más bizarra de la historia contemporánea norteamericana.

Donald Trump llegó en franca decadencia con una marcada caída en las encuestas en las últimas dos semanas y luego de que se hiciera pública una grabación de hace 10 años en que se manifiesta en forma deplorable y vulgar sobre su visión de las mujeres.

A eso se sumó una andanada de declaraciones de políticos republicanos que anunciaron que no apoyan y no votarán por el candidato de su partido, incluyendo actuales senadores, diputados, gobernadores y figuras históricas.

Por su lado, si bien tuvo un respiro con el bajón de su adversario, Hillary Clinton sigue enfrentando acusaciones sobre el mal manejo de sus correos electrónicos confidenciales cuando fue secretaria de Estado, y WikiLeaks sigue haciendo de las suyas dando a conocer declaraciones que la dejan mal parada sobre temas de seguridad nacional y opiniones sobre la situación de su propio país.

No es novedad, Estados Unidos enfrenta una elección con dos candidatos fuertemente cuestionados y con índices de popularidad increíblemente bajos, pero a esta altura de la carrera el pueblo norteamericano no tiene otras opciones viables. El tercer candidato en disputa, con cerca de un 10% de intención de voto en las encuestas, Gary Johnson del Partido Libertario, desperdició un escenario ideal para crecer con varias entrevistas en las que cometió errores infantiles y mostró sus escasos conocimientos de política internacional.

Las encuestas dieron ganadora a Hillary Clinton en el segundo debate al igual que en el primero, pero en las encuestas de intención de voto no termina de marcar una diferencia contundente con su rival republicano.

Mientras tanto Trump disfruta de lo que los analistas uruguayos podrán llamar el "síndrome Mujica", vale decir, no importa cuántos disparates haga o diga y el daño que ocasiona con ello a su país, continúa siendo popular.

El discurso populista y proteccionista de Trump, profundamente demagógico e irracional, encuentra eco en un electorado que rechaza al político profesional, como ya ha ocurrido en otros países. Incluso el abandono casi total de las principales figuras de su propio partido parece no jugarle en contra, y tal vez quizá a favor. En el mismo sentido, un elemento clave en otras campañas electorales como el pronunciamiento editorial de los principales diarios, esta vez no parece estar pesando. Casi todos los diarios del país se pronunciaron por Clinton o por "cualquiera menos Trump", incluso diarios que durante más de 100 años respaldaron a candidatos republicanos, pero hasta el momento sin mayor impacto.

Es que la candidatura de Trump al apoderarse como un cáncer del vigoroso cuerpo de uno de los partidos políticos más viejos del mundo representa el triunfo de la antipolítica. Es una tragedia que haya llegado a ser candidato del partido de Lincoln y Reagan un hombre de ideas xenófobas, racistas y misóginas de la calaña de Donald Trump. Pero es más trágico aún para Estados Unidos y para el mundo que la elección no esté resuelta por un margen considerable, más teniendo en cuenta los yerros importantes de las empresas encuestadoras en experiencias recientes y tan disímiles como el "Brexit" o el "No" al proceso de paz de Santos en Colombia.

Hillary Clinton claramente no es la candidata ideal, y por sus antecedentes, el giro a la izquierda en lo interno y hacia el proteccionismo en lo externo, para conseguir el apoyo de su duro rival en la interna Bernie Sanders, hacen suponer con fundamento que su presidencia será peor que la de Barack Obama. En otros términos, difícilmente sea bueno para América Latina una presidencia Clinton, y si aplica las políticas impositivas, por ejemplo, que ha anunciado, quizá tampoco lo sea para los estadounidenses.

Pero como en democracia se trata de elegir entre lo posible, la elección es entre Clinton y Trump y no se necesitan más escándalos o nuevas revelaciones de mails o videos para comprender que una victoria del segundo sería un peligro para el mundo entero.

Estados Unidos, con sus enormes aciertos y errores, ha sido una antorcha de luz para los demócratas del mundo y los amantes de la libertad en todo el planeta, vale decir, los que creen que la visión de los padres fundadores, de que los hombres son creados iguales y con el derecho inalienable a buscar su propia felicidad, es un ejemplo imperecedero. Esa antorcha ya supo superar tiempos de oscuridad y volver a brillar. Por el bien de todos, que esta no sea la excepción.

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