EDITORIAL

El reclamo de Mujica

El ex presidente olvidó la consigna “oligarquía o pueblo” y reclamó la necesidad del capital para mover la economía, mientras los números que cierran los 15 años del FA en el poder son cada vez peores.

No se trató de un acto de apoyo a la candidatura de Lacalle Pou, sino de un almuerzo organizado por el Movimiento de Participación Popular (MPP). Ante un auditorio que se estimó en unas 300 personas, en su gran mayoría empresarios nacionales e internacionales que pagaron 1.000 dólares el ticket, el ex presidente Mujica habló días atrás sobre los desafíos del siglo para Uruguay y el mundo. Y, a contramano del discurso frenteamplista en esta campaña electoral, en ningún momento sus comentarios apostaron a que la cuestión es entre “oligarquía y pueblo”, sino a la necesidad del capital privado como motor del país.

Obvio que queda latente aquello de “como te digo una cosa te digo la otra”, pero lo cierto es que el ex presidente fue categórico en la defensa de la inversión y la necesidad de su presencia como solución al problema que genera el déficit fiscal, que se arrastra y hunde la economía de manera inexorable. De paso también reconoció que “por la vía de los impuestos el Estado no puede seguir creciendo” y también que “no podemos jugar al achique. Hay que agrandarnos y agrandarnos significa favorecer la inversión”.

Los comentarios de Mujica coinciden en el tiempo con la aparición de nuevos y preocupantes datos de la economía nacional: según el Banco Central el estancamiento de la economía uruguaya ya lleva cinco trimestres y si bien sigue zafando de la recesión, las perspectivas son muy pobres: hay varios sectores en retracción y la demanda interna mantiene su caída.

Un informe del El País (20/09) sobre la base de datos del BCU y de las Cámaras empresariales concluyó que los sectores en contracción son, además, los que emplean más mano de obra: industria, comercio y construcción, que han perdido 45.000 puestos de trabajo en los últimos años. La construcción exhibió una caída de -4,7%, los sectores de comercio de -2,6% y la industria manufacturera de -1,9%.

Esta situación ha repercutido lógicamente en el consumo, uno de los “motores” del PIB que sigue apagado, al punto que la Dirección General Impositiva -ese “Gran Hermano” que se ha instalado en todos los rincones del país- también ha visto reducir sus ingresos: la recaudación del IVA ha caído en un 0,4% y la del Imesi en un 2,5%. Y en materia de inversión, esa que plantea Mujica, se completaron 10 trimestres consecutivos sin crecimiento. Lo peor, es que bajó en nueve de ellos y solo se mantuvo estable en el tercer trimestre de 2018.

El agro, otro de los grandes “motores” de la economía, anda también con un magro panorama. El presidente de la Asociación Rural del Uruguay, Gabriel Capurro, fue categórico: los altos costos han fundido a la industria textil, parte de la industria frigorífica está en problemas y vienen en picada la industria láctea y la industria arrocera; todas las que agregan valor en el país. Para Capurro, “sin gente en el campo no es posible un desarrollo económico y social equilibrado” y que Uruguay es el país de América Latina “más dependiente del sector rural y quien tiene menos porcentaje de su población viviendo en él”.

Si es triste y patético el panorama económico, mucho más lo es en materia social: la realidad del Mides con la multiplicación de asentamientos y gente durmiendo en las calles es un espanto, la seguridad que ofrecen es una tomadura de pelo, la educación pública no da respuesta a las exigencias de los tiempos, las relaciones internacionales privilegian la ideología y no lo intereses del país, el clientelismo es la política del poder. No hay dudas: la decadencia entró en una pendiente y mucho ayudaron los Bonomi (y compañía), los Marina Arismendi, los Nin Novoa, los Murro o María Julia Muñoz

Hay una vieja frase que dice que “siempre se puede estar peor”. Por un lado es verdad, y por otro es el fácil consuelo de los tontos o los mediocres que son incapaces de pensar que hay un futuro mejor y es necesario buscarlo. Quince años de gobierno han agotado la credibilidad de que ello se puede lograr de la mano del FA y su tan trasnochada como vetusta y fracasada consigna de “oligarquía o pueblo” en este bendito Uruguay.

Más que consigna baratas el Uruguay necesita urgente de ideas serias para incorporarse a un mundo que cambia y avanza a impresionante rapidez. Esas ideas no las tiene el FA, que lo único que garantiza es que si siguen gobernando los mismos vamos a tener los mismos resultados… o peores.

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