Editorial

Recalculando

El gobierno no puede seguir haciendo la plancha, todavía le queda un año y medio de gestión clave para poder atravesar la actual coyuntura.

En los últimos días el debate económico ha cobrado un calor poco común para esta ciencia social habitualmente ligada a las planillas electrónicas y aburridas proyecciones y estimaciones. La "ciencia lúgubre", al decir de Carlyle, no sin cierta razón porque los economistas son demandados en relación directa con la adversidad de las situaciones que enfrenta una sociedad, se ha tornado algo más colorida por las declaraciones de algunos de sus protagonistas.

Es indudable que la coyuntura hoy es más adversa que unos meses atrás y eso debería tener un correlato en la política económica que notoriamente no ha tenido. De allí que mientras casi todos los economistas con presencia en la opinión pública del país, de todos los partidos e independientes, han alertado sobre una baja sensible en las proyecciones de crecimiento para este año, el gobierno se ha cerrado en una posición un tanto absurda: como las turbulencias todavía están en curso es mejor no revisar nada hasta tener más claro el panorama.

Esta posición oficial, manifestada por el propio Ministro de Economía no puede menos que sorprender al más desprevenido de los ciudadanos de nuestro país. ¿Qué haría el ministro Astori si se le está incendiando su casa? ¿Espera a que quede reducida a escombros para llamar a los bomberos? ¿Qué haría si ve que se le está pasando el asado en el parrillero? ¿Aguarda a que se apaguen las brasas para evaluar su estado y sacarlo?

Es evidente e innegable para quien vea la situación sin anteojeras que la realidad del país cambió y todos los analistas serios están previendo que este año va a haber estancamiento o recesión en los próximos meses. Sin embargo, el gobierno nos dice que todavía hay que evaluar qué puede pasar con la turbulencia antes de tomar decisiones: van derecho a chocar con un iceberg pero van a esperar al choque para ver qué hacen.

Es claro que las condiciones de la economía internacional se tornaron más riesgosas, que la devaluación argentina, más allá de su nivel final, implica un cambio de precios relativos de carácter permanente que debe atenderse y que el impacto que tendrá esta situación sobre nuestra alicaída economía será importante. También es claro que las proyecciones de crecimiento del gobierno para este año de 2,5% y de 3,3% para el próximo hoy lucen muy lejanas a la realidad y no es necesario esperar a que las cosas se calmen para tenerlo en cuenta.

Más aún, es indispensable tenerlo en cuenta de inmediato para no dejar que se deteriore la situación fiscal que ya es sumamente comprometedora. En efecto, nuestro actual déficit fiscal de 4% no solo no seguirá la trayectoria descendente que proyectó el gobierno, bien puede seguir el rumbo ascendente que ha tenido en los últimos años, pero ahora partiendo de un nivel que nos pone en zona de riesgo.

Si en los próximos meses vemos que el déficit asciende por encima del 4%, las perspectivas fiscales serán muy complejas y desde ya sabemos que debido al menor crecimiento existirán menores ingresos y por lo tanto un mayor déficit. Esperar a no se sabe qué momento en que a Astori le parezca que la situación regional se estabilizó para evaluar los daños es de una enorme torpeza, casi suicida.

Es tiempo de cobrar conciencia de la situación y dejar de hablar con eufemismos. El gobierno debe transmitir tranquilidad, pero no con declaraciones edulcoradas que nadie cree o criticando a los economistas que les advierten sobre la realidad que no quieren ver, sencillamente tomando medidas que demuestren que vamos a tener una trayectoria fiscal razonable.

El gobierno no puede seguir haciendo la plancha, todavía le queda un año y medio de gestión clave para poder atravesar la actual coyuntura. La rendición de cuentas que aún se discute en el Parlamento incluye aumentos de gasto basados en estimaciones de nuevos ingresos que definitivamente, ya lo sabemos hoy sin necesidad de esperar nada, no ocurrirán. ¿Va a esperar el gobierno a tener un déficit fiscal mayor a 4% para tomar alguna medida? ¿O sencillamente se resignará a no tomar ninguna medida de ajuste simplemente por afán electoral?

No actuar en forma responsable en los próximos meses será sencillamente criminal no para la realidad que enfrentará el próximo gobierno, sino para el país. Quizá el Frente Amplio espera poder pasarle la bomba al próximo gobierno para que explote en su rostro, porque no termina de entender que puede estallar en su rostro.

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