EDITORIAL
diario El País

La realidad y las redes

En una entrevista reciente al sociólogo Ignacio Zuasnabar publicada por nuestro diario, el analista realizó una serie de consideraciones muy interesantes sobre diversos temas de actualidad.

Entre ellos, el divorcio que parece existir entre la estratósfera de las redes sociales y la opinión pública del “pueblo que anda y arde en la calle”. Es un tema que por su impacto en el debate público bien merece algunas consideraciones.

La realidad no es Twitter, pero Twitter es parte de la realidad. Esto parece claro, por las diferencias en número, tono e intensidad que se registra entre esta red social y la opinión pública de la sociedad en su conjunto. Esta red social, en particular, ganó en importancia en los últimos años, siendo el expresidente Donald Trump uno de sus principales beneficiarios hasta que fue suspendido. Pero su relevancia en nuestro país también es evidente. Muchas notas de prensa se arman directamente con declaraciones en Twitter de protagonistas y analistas y el propio presidente Luis Lacalle Pou ha elegido esta red social para realizar anuncios tan relevantes como cambios en el elenco ministerial.

Zuasnabar en la entrevista mencionada daba alguna pista: “Es un micromundo cuantitativamente; la gente que lo usa no llega el 10%. Pero es un micromundo calificado y amplificado por los medios”. Vale decir, desde el punto de vista de su representatividad evidentemente configura una muestra muy pequeña y sesgada, pero por la amplificación que tiene luego por medios tradicionales o en la configuración de la propia opinión sobre la realidad que tienen políticos, periodistas y formadores de opinión, precisamente.

El otro sesgo importante que tiene el debate en esa red social es la forma, más que el contenido. En esa red social se ganan “likes” y “retweets” a medida que se grita y se insulta más, lo que lleva a una degeneración de la conversación que por momentos se vuelve directamente insoportable. Los principales protagonistas de esta red muchas veces son personajes que se camuflan detrás de cuentas anónimas y son capaces de decir cualquier disparate con tal de ganar seguidores y aplausos. Pero incluso periodistas o políticos hacen afirmaciones en esta red que jamás harían en sus programas, en una entrevista o en un discurso. Es como que existiera patente de corso, bajo otra jurisdicción distinta de la realidad.

Zuasnabar apuntaba también a este fenómeno: “Una autora decía que suponer que las opiniones volcadas en redes representan a la opinión pública es como suponer que una discusión que se da en un boliche a las 3 de la mañana representa a la opinión pública. Ahí todo el mundo exagera sus argumentos, grita, no escucha al otro. En las redes pasa lo mismo”. Esto transforma las redes en un ambiente muy tóxico, lleno de militantes y delirantes que se sienten protagonistas de esa realidad y se retroalimentan entre sí, especialmente los que se supone que son acérrimos enemigos.

La opinión pública sin embargo, es otra cosa, y confundirla por el predominio de algún tema en las redes es un grave error. Zuasnabar comenta al respecto: “Y lo que uno no puede hacer en redes, que sí lo hace una encuesta de opinión, es captar la moderación. Uno no capta el silencio. ¿Cuántas personas hay en redes sociales que no intervienen en esas discusiones polarizadas porque tienen opiniones intermedias? No lo sabemos, hasta que va un encuestador y le pregunta”. No solo el tema es que mucha gente no participa en las redes sociales, sino que incluso algunos de los que participan no entran a ese boliche a las 3 de mañana o al menos no expresan sus opiniones a los gritos.

El griterío militante en las redes de quienes viven indignados, enfurecidos y sacados contra el gobierno, demuestra más su impotencia ante la enorme popularidad del gobierno que otra cosa.

Lo que sí parece estar pasando más recientemente es una diferencia cada vez mayor entre lo que piensa la mayoría de la sociedad y la que se expresa en las redes. Volviendo a Zuasnabar: “Ahora, más allá de esto, se está dando una circunstancia que no tengo medida: parece efectivamente haber un divorcio entre la opinión mayoritaria que se ve en estas redes y la que se ve en la opinión pública, como no he visto antes. Si uno mira las redes, tiene la sensación de que se vuelcan más opiniones contrarias al gobierno de las que uno ve cuando mide opinión pública, donde se encuentra un respaldo mayoritario a la gestión del gobierno”.

En efecto, el griterío militante en las redes de quienes viven indignados, enfurecidos y sacados contra el gobierno, demuestra más su impotencia ante la enorme popularidad del gobierno que otra cosa. Y el último domingo de octubre de 2024 la abrumadora mayoría de los que votan ni se enteran de lo que dicen los bufones de la corte de Twitter.

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