EDITORIAL

El quijote sanguinario

Basta recordar que hace dos años en el Congreso de la Juventud Comunista, Raúl -el impuesto heredero de su hermano- anunció el despido de un millón de funcionarios públicos, advirtiendo “que de no ahorrarse lo necesario, Cuba iba camino a comerse el futuro”.

En Cuba ¿podría escribirse un libro como "Tortura nunca más"? Seguramente no, porque Fidel Castro y el régimen marxista-leninista cubano han considerado a la persona humana como un dato despreciable a partir de su planteo ideológico.

Durante más de 50 años, igualdad y "el hombre nuevo" fueron tomados de referencia para una utopía revolucionaria transformada en un proyecto político exportador de violencia y negador de todas las libertades.

Fidel Castro en la primera noche post revolucionaria fusiló a 50 personas en un Estadio. Las semanas siguientes en la Fortaleza la Cabaña en la Habana despachó para el otro mundo a otros 700; y al fin de su existencia se le pueden computar más de 10.000 fusilados sin perjuicio de los desgraciados cubanos que se ahogaron en el Caribe al tratar de huir del publicitado "paraíso socialista".

Por otra parte, desde el Combinado del Este, en la Cabaña mencionada y en los campos de Agüica y Holguín el régimen inauguró métodos de tortura capaces de despertar la "envidia" de otros regímenes autoritarios cualquiera fuera su orientación

Todas las organizaciones de defensa de los derechos humanos ¿acaso piensan que podría crearse en Cuba una "Comisión de la Verdad" para arbitrar las indemnizaciones por los muertos, desaparecidos o torturados? ¿Las Damas de Blanco no podrían como alguna ONG argentina hacer sus reclamos sin sentirse amenazadas por el régimen? ¿Y por qué unos no y otros sí? ¿Algunas personas son más humanas que otras? ¿Alguien piensa que la Justicia en Cuba puede actuar con la independencia que goza en las democracias republicanas?

La muerte de Fidel Castro es un dato, porque terminado el subsidio petrolero venezolano solo queda en Cuba la apertura propuesta por Obama para que el mercado y la iniciativa privada fomenten la creación de nuevas fuentes de trabajo. Y no existe otra, porque el resultado que obtuvo ese "gran Quijote" al decir de Mujica, es una producción nula, una pobreza generalizada y la imagen de un pelotón de fusilamiento apuntando al corazón de los que tuvieron la valentía de enfrentarlo. Chávez y Castro murieron en Cuba, cercados de misterio y rodeados de guardaespaldas proclamando un insostenible "Socialismo del Siglo XXI". Sus desapariciones físicas son una ley de la naturaleza, pero no así sus modelos económicos que con su estrepitoso fracaso comprometen hoy la suerte de varias generaciones.

Basta recordar que hace dos años en el Congreso de la Juventud Comunista, Raúl Castro —el impuesto heredero de su hermano— anunciaba el despido de un millón de funcionarios públicos, advirtiendo "que de no ahorrarse lo necesario, Cuba iba camino a comerse el futuro". Con eso demostraba que el socialismo cubano fracasó al pensar que el control del proceso productivo por el "proletariado" o la "colectividad" era capaz de construir una sociedad "a la medida", y que en poco tiempo la abundancia material, la igualdad y la fraterna solidaridad entre sus miembros sería un destino irreversible. Es más, estaba aceptando que las angustias en busca de seguridad económica y de bienestar social no fueron y nunca serán vuelos propios de la fantasía. Y que la realidad mostraba que se había terminado el tiempo de la magia y de los "padrinos ideológicos" que ayudaran al régimen a esconder bajo la alfombra las miserias del totalitarismo. Ni siquiera la reiterada acusación al "Imperio" como responsable de todos los males, tenía el efecto que durante décadas sirvió de motivación para excitar la rebelde flema del espíritu de Martí.

Cuba ya es otra cosa hace un tiempo. Lo sabe el pueblo y el gobierno castrista, mientras tanto, el Pit-Cnt, que nunca podría haber organizado una huelga de funcionarios públicos en Cuba como lo hace en nuestro país, homenajea al dictador y reitera su compromiso revolucionario como congelado en la historia.

Y por si esto fuera poco, lo hace en compañía de la embajadora de Cuba en el Uruguay, que con su presencia en la sede sindical se acercó a compartir un falso discurso incapaz de ocultar que la dictadura del proletariado "no es otra cosa que una fuente inagotable de burocracia paralizante, privilegios selectivos y corrupción". Lamentablemente, la mentira y el fetichismo ideológico prevalecen en los populismos "progresistas" de nuestra región. Una tierra promisoria que el socialismo revolucionario ha hipotecado. Tanto, que no ha podido desmentir la triste opinión de Lord Palmerston que la llegó a definir mucho antes de existir el marxismo, como el "continente desperdiciado". Pobre Don Quijote. ¡Hasta qué punto se lo puede tergiversar!

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