EDITORIAL

Un puente a ninguna parte

Un gobierno que no es capaz de cambiar este sistema de elección de horas es un gobierno que no puede hacer nada importante en favor de nuestra educación. Lo único que será capaz de hacer es seguir gastando enormes cantidades de dinero mientras nos inunda de palabrerío.

El gobierno que iba a cambiar el ADN de la educación acaba de fracasar una vez más en lo que debería ser el primer paso en cualquier proceso de mejora de nuestra enseñanza media: cambiar el sistema de elección de horas docentes.

Ese exótico mecanismo no es la causa de todos los problemas, pero reúne una serie de condiciones que lo hacen único: es un sistema que genera múltiples consecuencias negativas (sobre el funcionamiento de los centros de estudio, sobre los aprendizajes de los alumnos, sobre las condiciones de trabajo de los docentes más jóvenes); es un sistema que afecta la constitución de comunidades educativas, lo que afecta toda posibilidad de generar aprendizajes de calidad; es un sistema unánimemente criticado por todos los que saben algo de educación; es un sistema que no tiene defensores conocidos; es (a diferencia de otros) un problema que puede resolverse con cuatro o cinco medidas administrativas de fácil aplicación.

Un gobierno que no es capaz de cambiar este sistema de elección de horas es un gobierno que no puede hacer nada importante en favor de nuestra educación. Lo único que será capaz de hacer es seguir gastando enormes cantidades de dinero mientras nos inunda de palabrerío.

El episodio tiene asimismo un componente tragicómico: la penosa actuación de la directora general de Secundaria, la profesora Celsa Puente.

Puente ya se hizo notar en el año 2015, cuando le mintió al país entero a propósito de este mismo tema. Ante una propuesta concreta del senador Lacalle Pou, que hubiera permitido resolver el problema ya entonces, Puente lo acusó de estar mal informado (y llegó a usar algún calificativo muy fuerte en las redes sociales) porque, supuestamente, lo que estaba proponiendo el senador ya se estaba haciendo.

Los hechos se encargaron de mostrar enseguida que eso era falso, y los intentos de Puente por disimular su patraña generaron toda una opereta. No hace falta entrar en el detalle de cómo ocurrieron las cosas. La prueba más evidente de que mintió es que hoy se sigue hablando de hacer lo que, según ella, ya estaba hecho en 2015.

Pero ahora la profesora Puente ha logrado superarse a sí misma. De golpe, cuando falta poco tiempo para que los docentes empiecen a elegir, el país se enteró por la prensa de que por fin había un plan para cambiar el sistema de elección de horas. No solo los ciudadanos de a pie se enteraron por la prensa, sino también los integrantes del Codicen, es decir, los superiores jerárquicos de la profesora Puente. Esa propuesta que nadie esperaba generó el rechazo casi inmediato de Fenapes. Como resultado, la directora general de Secundaria no solo dijo que retiraba la propuesta, sino que no se iba a insistir con el tema en lo que queda de esta administración.

La cantidad de errores y dislates que la profesora Puente consiguió acumular en esas pocas horas roza lo admirable.

En primer lugar, todo el tiempo habló como si fuera una representante de los docentes, en lugar de una representante de los ciudadanos. Así, por ejemplo, expresó su asombro ante el rechazo sindical diciendo: "En Secundaria todos somos profesores y lo vemos como un reclamo que tuvimos toda la vida. Sabemos que un profesor que tiene tantas horas durante dos o tres años en un liceo tiene una tranquilidad".

O sea: para la profesora Puente no importan las terribles consecuencias que el sistema de elección de horas genera sobre las oportunidades de aprendizaje de los alumnos, especialmente los más pobres. Para ella, la elección de horas es un tema que solo tiene que ver con los intereses docentes. Y a ella le importa porque también es docente.

Alguien que tiene una comprensión tan pobre de su propio rol en el gobierno de la educación no es parte de la solución sino del problema. Si la profesora Puente fuera coherente con su propia visión, debería renunciar al cargo que ocupa y postularse como representante de los docentes.

En segundo lugar, en los días siguientes se supo que la profesora Puente había actuado a título personal, aparentemente sin recordar que forma parte de un Consejo de Secundaria integrado por otras dos personas. Tan así es que, un par de días más tarde, el Codicen pidió a Secundaria que, como órgano, fije posición sobre el asunto.

En tercer lugar, al declarar en forma individual e inconsulta que este tema quedaba cerrado por el resto de la actual administración, la directora de Secundaria dejó en una situación muy incómoda al Codicen y al propio gobierno del presidente Vázquez, que están pagando costos políticos por una reculada pública que los tomó por sorpresa.

Puede que el gobierno haya decidido íntimamente que no va a dar más pelea en la educación, pero seguramente no había decidido hacerlo público. De eso se encargó la profesora Puente.

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