Editorial

A propósito del Antel Arena

Como tantas otras obras anunciadas prácticamente como realidades concretas durante el gobierno anterior, el proyecto de erigir un "estadio multimodal" denominado Antel Arena no pasó de ser un proyecto.

Su comienzo de ejecución, postergado en septiembre de 2015, depende ahora de la administración de Tabaré Vázquez que deberá empezar los trabajos desde cero con una inversión inicial cifrada en unos 40 millones de dólares, pero que en los hechos demandará desembolsos superiores.

Esta situación heredada del gobierno de José Mujica llevó al ministro de Economía, Danilo Astori, una vez impuesto en su cargo, a señalar que la idea de emprender esa obra faraónica será analizada otra vez como parte del plan para racionalizar las inversiones de las empresas públicas que, como es sabido, acusaron graves pérdidas en el quinquenio anterior. Tal análisis en torno al Antel Arena debería tomar en cuenta no solo los aspectos económicos sino también los jurídicos.

En efecto, como en su momento lo advirtió el Tribunal de Cuentas, en la ley orgánica de Antel no hay un solo artículo que habilite al ente a meterse en la camisa de once varas que es ese estadio. El artículo 190 de la Constitución estipula que "los entes autónomos" no podrán realizar negocios extraños" a los asignados por la ley o "disponer de sus recursos para fines ajenos a sus actividades normales". Construir un estadio no entra ni con calzador, en los objetivos naturales de Antel por más que su ex presidenta, Carolina Cosse, hoy investida como ministra de Industria, haya vendido esa idea como "una fantástica operación de marketing".

En la Junta Departamental de Montevideo, al momento de autorizar la obra, ediles de la oposición expusieron las razones jurídicas por las cuales no correspondía habilitarla. Sin embargo, en tiempos en donde imperaba aquella premisa presidencial de que lo político primaba sobre lo jurídico, la mayoría automática de ediles del Frente Amplio aprobó el proyecto. Un proyecto que les venía de perillas para brindarle a la ciudad, al menos una obra de enjundia que mostrar como fruto del extenso lapso en que la capital está (mal) gobernada por la izquierda.

Hasta ahora, siguiendo las consignas impartidas por Cosse, el estadio y el centro de conferencias anexo, han sido apenas marketing fantástico. Así lo prueban episodios como el show multimedia que resultó ser la implosión de los restos del Cilindro Municipal o la extravagante asociación entre nuestro ente telefónico y la NBA (National Basketball Association) de Estados Unidos. Nadie hubiera imaginado que esa empresa pública iba a terminar organizando clínicas de baloncesto, contratando estrellas yanquis o pagando la costosa tarifa de los canales de cable para publicitar sus servicios en gran parte de Sudamérica a través de los partidos de la NBA.

Es cierto que el sitio en donde iría el Antel Arena, el viejo Cilindro Municipal hospedó muchos torneos de baloncesto, entre ellos un campeonato mundial. Pero si lo que se quiere es homenajear de alguna forma el pasado de aquella obra de ingeniería avanzada, mejor hubiera sido que la intendencia investigara a fondo el origen del siniestro que acabó con el emblemático edificio. Porque hubo denuncias previas sobre la situación del Cilindro y responsabilidades ulteriores del desastre que no se aclararon pese a que la intendenta Ana Olivera anunció un sumario del cual, a la postre, nunca se supo nada.

Es probable que Cosse deba defender las virtudes de su proyecto ante el nuevo equipo económico encabezado por Astori. Si eso ocurre ella repetirá que es común en el mundo la vinculación entre empresas de comunicación y estadios deportivos. Esa es una verdad parcial pues si bien existen similares de Antel que participan en la gestión de estadios como el proyectado, no es común que se encarguen de construirlos. Otro desafío para Cosse será justificar la inversión repitiendo —con audacia sin par— lo que afirmó hace un par de años: que una vez puesto en marcha el "estadio multimodal" cosecharía unas ganancias anuales de 10 millones de dólares con lo cual en cuatro años, recuperaría la inversión efectuada. ¡Increíble!

Ahora, investida como ministra de Industria, con el viento en la camiseta que trae de la era Mujica, Cosse insistirá con sus planes para el ente telefónico. Un primer intento lo hizo cuando pretendió trasladar su despacho ministerial a la futurista Torre de Antel y rebotó malamente. Quizás ese sea un anticipo de las dificultades que la aguardan en su gestión bajo el nuevo gobierno.

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