EDITORIAL
diario El País

Los profesores faltadores

Lo lógico sería que a partir de ahora, cuando los padres de liceales inscriban a sus hijos, pregunten si tendrán como profesores a dirigentes sindicales. En caso de que así sea, seguramente buscarán otro liceo para que sus hijos puedan estudiar.

Lo harán con la simple pero legítima pretensión de que tengan profesores que asistan y que los cursos se den en tiempo y forma.

Es que si les toca alguien como Marcel Slamovitz, están perdidos. Faltará la más de las veces y los estudiantes pasarán esa forzada hora puente en el puro ocio. A eso se suma el pésimo modelo que inspira un profesor faltador.

El escándalo de las inasistencias por los profesores que son dirigentes sindicales, no llegó a su fin. Es necesario investigarlo a fondo, ver qué distorsiones implican para los estudiantes y también para la dirección del liceo que no puede ordenar los cursos como corresponde. Es necesario, además, dejar en evidencia la complicidad de las anteriores autoridades educativas con estos abusos.

Si bien el más visible de ellos fue Marcel Slamovitz, otros profesores también se excedieron con las faltas sindicales. La lista de dirigentes de la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria (Fenapes) que justificaron más ausencias de lo que corresponde por ser dirigentes sindicales es larga.

Secundaria, según trascendió, le justificó a Slamovitz 140 horas de faltas por encima de las 20 horas semanales que ya le correspondían por “licencia sindical”. Esto se supo gracias a un pedido de informes que hizo el diputado colorado Felipe Schipani.

El lío arranca cuando la directora del liceo N° 1 de San José abrió un expediente a comienzos de 2017 por las faltas excesivas que Slamovitz quiso justificar.

Algunos miembros del Consejo de Secundaria reconocieron que el tema era complejo y que los chicos perdían clases, pero entendieron que había que justificar las faltas de Slamovitz por ser “un dirigente sindical nacional”.

El entonces consejero Javier Landoni, habló de “proteger” a los docentes, porque si salía a luz la información sobre las inasistencias “serían sometidos al escarnio público”. La idea era la de no avivar giles.

Asombra la distorsión de prioridades: fue más importante cubrir al sindicalista que el daño causado a los alumnos.

Slamovitz no necesita ser protegido para evitar el escarnio tan temido. Él se lo busca por voluntad propia cada vez que participa en algún programa pe- riodístico y dice sus incendiarios disparates.

Para sacarse el lazo del cuello, el dirigente salió a la ofensiva y, claro, lo único que logra es apretar ese lazo cada vez más.

Dijo que el expediente iniciado por la directora del liceo de San José era “una persecución sindical”. No estamos hablando de las inasistencias previstas por ser un dirigente, sino de aquellas que van más allá. Por ellas, la directora debe dar la cara ante sus estudiantes. No puede estar omisa y es su deber y obligación dejar constancia de la irregularidad. Eso hizo.

El dirigente también atacó al diputado que puso sobre la mesa el escándalo y denunció la “práctica generalizada de muchos dirigentes” que dejan a cientos o miles de estudiantes sin clases y de la “connivencia” entre las autoridades anteriores y el sindicato.

Para disimular que es él quien está en falta, Slamovitz anunció que presentará una denuncia penal “porque se me ha tratado de delincuente, de infame, de cosas que no corresponden”. Y dobló la apuesta: “Que Schipani se saque sus fueros y vamos a la Justicia”.

El escándalo de las inasistencias por los profesores que son dirigentes sindicales, no llegó a su fin. Es necesario investigarlo a fondo.

Se ve que en sus años de formación en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) el dirigente faltó a alguna clase donde debía recibir datos rudimentarios en Educación Cívica. Tal vez estuviera militando, colgando pasacalles y convocando a paros. Lo cierto es que los fueros parlamentarios fueron creados justamente para que un legislador pueda investigar, opinar e informar sobe temas candentes, sin estar amenazado por un juicio por lo dicho. Es en este preciso caso que un legislador no puede, ni debe, “sacarse sus fueros” como pide Slamovitz.

Otra razón más para que los padres, cuando vayan a inscribir a sus hijos en un centro de estudio, se aseguren de que no sea él su profesor.

El dirigente de Fenapes hace rato se ha convertido en un papelón para el movimiento sindical. Pero esto de abusar de las horas extras convenidas es más grave que un papelón: sería bueno que el sindicalismo envíe una saludable señal sobre dónde están los límites.

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