Editorial

Problemas en el Puerto

La actividad del Puerto de Montevideo es víctima de la ola de huelgas, paros y otras medidas de reivindicación gremial de las últimas semanas. Por una parte, el Sindicato Único Portuario y de Ramas Afines (Supra) paralizó durante varios días las actividades en una de las principales facilidades del puerto, la Terminal Cuenca del Plata.

Este conflicto fue resuelto por un decreto, de fecha 14 de septiembre, que establece como norma aplicable a todos los operadores comprendidos en la categoría Empresas Estibadoras de Contenedores, el requisito de "asegurar a su personal dependiente eventual el pago de 13 jornales como mínimo al mes". Se ha informado que en Terminal Cuenca del Plata existen 38 funcionarios en esa posición, en un total de 380 trabajadores.

Por la otra, los funcionarios aduaneros, nucleados en la Asociación de Funcionarios de Aduanas (AFA) aplican sus medidas de lucha, las cuales, en este caso, afectan a la totalidad del comercio exterior de nuestro país, incluyendo al Puerto de Montevideo. Esto en un país que necesita exportar para existir.

El costo de la huelga del Supra fue la cancelación de las escalas de cinco buques y cuatro barcazas dedicados al transporte de contenedores, lo que significó para Terminal Cuenca del Plata una disminución de unos 5.500 contenedores en su movimiento mensual.

Además, la paralización de la terminal amenazaba a los exportadores uruguayos. La Unión de Productores y Exportadores Frutícolas del Uruguay advirtió que "si no se pueden cargar los contenedores en el barco se genera un problema con los clientes, también con la gente que trabaja en toda la cadena de producción y hay que parar la actividad".

Cualquier interferencia con las exportaciones era especialmente preocupante para ese sector de nuestra economía porque sus productos deben entrar necesariamente en la Unión Europea antes del 15 de octubre, ya que luego deberán pagar aranceles más altos.

La Ley de Puertos es una de las más importantes aprobadas desde el retorno de la democracia. En su primer artículo establece el principio de que la prestación de servicios portuarios eficientes y competitivos constituye un objetivo prioritario para el desarrollo del país. Con ese fin, estipula: "Los servicios portuarios se prestarán en los puertos comerciales de la República durante las veinticuatro horas del día y durante todos los días del año, si la respectiva demanda así lo requiere".

No estamos cumpliendo con ese principio fundamental.

Nuestro país tiene la imperiosa necesidad de exportar para conseguir los recursos necesarios para asegurar su desarrollo económico y social.

Con ese fin se hacen imprescindibles los servicios portuarios y de transporte marítimo adecuados.

Vivimos en un mundo globalizado. Nuestros competidores, en otras regiones del planeta, pueden tener acceso a mejores servicios portuarios y a mejores servicios de transporte marítimo. Un puerto ineficiente, que no sea confiable y previsible, con demoras y costos relativamente más altos, se convierte en una muralla no arancelaria que separa a los exportadores uruguayos (y con ellos, al país) de sus mercados potenciales.

El comercio exterior por vía marítima de nuestro país no basta, por sí solo, para asegurar los servicios de transporte marítimo que hoy acuden al Puerto de Montevideo. Necesitamos, además, atraer cargas del resto de la región. Es imprescindible exportar servicios portuarios. Una proporción sustancial de los contenedores que mueve Montevideo se encuentra en tránsito o transbordo. Gracias a su capacidad de competir con Cuenca del Plata, Montevideo ha sido capaz de atraer un volumen de contenedores lo suficientemente importante como para hacer viables sus modernas instalaciones y los servicios de transporte marítimo que acuden a él.

Pero Montevideo no es el único puerto de la región, y todo indica que la competencia entre los puertos de nuestra región se acentuará aún más en el futuro. Las cargas que abandonen el Puerto de Montevideo serán bien recibidas por nuestros competidores en el resto de la región. Y, una vez que se pierden, se hace complicado que regresen.

Ello significa que es absolutamente prioritario que nuestros puertos, especialmente el Puerto de Montevideo, funcionen en forma eficiente, con costos razonables y, sobre todo, que sean confiables. Tanto para los exportadores de nuestro país como para los usuarios en el resto de la región.

Y, como sabemos, la confianza (y la costumbre), una vez perdida, es muy difícil de recuperar.

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