EDITORIAL
diario El País

Problemas en Montevideo

No parece haber forma de lograr que las administraciones frenteamplistas de Montevideo resuelvan de una buena vez por todas varios problemas que en la capital se arrastran desde hace lustros.

La gestión de Cosse ha decidido continuar con esa ya larga tradición izquierdista.

Uno de esos problemas es el del tránsito. Durante la última década larga de bonanza económica, apenas pudieron, los montevideanos se compraron automóvil. Lo hicieron no solamente porque es un bien codiciado que históricamente siempre fue sinónimo de cierto estatus social, sino porque es una de las mejores formas de evitar recurrir al transporte público de la capital. En efecto, en todos estos años la intendencia de Montevideo no ha logrado que los servicios de transporte colectivos, sobre todo en horas pico, tengan una frecuencia, una limpieza y una puntualidad que hagan confortables sus viajes.

Ese enorme aumento del parque automotor no se tradujo, empero, en mejoras acordes en las calles de la capital. ¿Alguien sabe por qué la intendencia no pinta regularmente la señalización en las calles, de forma de hacerlas más seguras y transitables al fijar claramente los carriles, las líneas blancas de las esquinas, las cebras para los peatones o los límites de velocidad, por ejemplo? ¿Sufren algún tipo de alergia a la pintura en 18 de Julio y Ejido?

A la intendencia le resulta imposible coordinar semáforos. Exceptuando unas pocas calles, algo tan sencillo de lograr en otras partes del mundo parece aquí un misterio cuántico. Y eso no es lo único que perjudica la fluidez del tránsito: está también la mala calidad del asfalto. Al estar llenas de remiendos parciales, la mayoría de las calles hacen que el automóvil que las transita viva en una batalla sin tregua con sus amortiguadores. Ni que hablar de la rutina de los camiones, automóviles y camionetas estacionados en segunda fila en arterias principales de Montevideo en horas pico, que jamás son multados y que fuerzan a los ómnibus a cambiar de carril y a enlentecer así todo el tránsito.

Todo esto se hace particularmente explícito en el barrio más denso de la ciudad que es Pocitos. ¿Por qué misterio la intendencia no termina jamás de poner un semáforo en bulevar España y Berro, de forma de dar seguridad a quienes allí doblan hacia el este y a los transeúntes que quieren cruzar ese bulevar en hora pico de tránsito? ¿Qué impide a la intendencia definir claramente carriles en 21 de Setiembre, junto con sancionar la imposibilidad de estacionar en una calle tan transitada, y con instalar semáforos en su esquina con Williman? ¿Cómo puede ser que se fije el criterio de que los ciclistas no pueden andar por la parte peatonal de la rambla, a la vez que dejar que esa disposición no se cumpla jamás y generar así grandes riesgos para los peatones?

La desidia en paseos y tránsito es enorme. Piénsese, por ejemplo, que aún no se ha reparado del todo la rambla a la altura de la plaza Gomensoro, que fue dañada por vientos fuertes que ocurrieron… ¡el 17 de marzo! Ya van pues casi tres meses de demoras para dejar en buen estado un paseo que no solamente es disfrutado por los vecinos de ese barrio, sino por todos los montevideanos. ¿Cuánto tiempo llevará terminar algo que empieza dos meses tarde?

En todos estos años la intendencia de Montevideo no ha logrado que los servicios de transporte colectivo, sobre todo en horas pico, tengan una frecuencia, una limpieza y una puntualidad que hagan confortables sus viajes.

Pero salga de Pocitos y váyase por ejemplo al Prado: no hay allí ningún carril bien definido en la mayoría de sus arterias principales. Cuando una familia decide pasear en la zona del rosedal el fin de semana, debe soportar estoicamente el ida y vuelta de automóviles tuneados y motocicletas con escape libre que hacen un ruido ensordecedor, y que también son un problema de tránsito muy grave por toda la ciudad y a cualquier hora.

Quienes están a gusto con esta desidia frenteamplista señalarán las mejoras que ampliaron algunos tramos de la avenida Rivera, o lo bien que quedó la avenida Luis Alberto de Herrera entre 8 de octubre y avenida Italia. Pero el problema, justamente, es que esos ejemplos son muy escasos, a la vez que demoran una eternidad en concretarse: ¿cuánto tiempo hace que Soca está reparándose a la altura del parque Batlle? ¿Cuánto tiempo de más llevó el túnel de avenida Italia y Centenario? ¿Y los cambios de la calle Mercedes?

No alcanza un editorial entero para enumerar los problemas del tránsito en Montevideo, que podrían perfectamente estar resueltos si el gobierno municipal frenteamplista tomara el toro por las astas y se decidiera a actuar con eficiencia. Es sabido que eso no ocurrirá, porque para cambiar se precisa, en Montevideo también, quitar al Frente Amplio del poder.

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