EDITORIAL
diario El País

Los problemas del frente opositor

El análisis de las últimas semanas se ha centrado, naturalmente, en las designaciones de los ministros y subsecretarios, los movimientos del presidente electo, las reuniones por la transición y todo lo que conlleva el cambio de gobierno.

Evidentemente la salida del poder del Frente Amplio luego de tres administraciones, así como la llegada de un inédito gobierno de coalición formado por 5 partidos políticos es un acontecimiento histórico que acapara la atención.

Existe, sin embargo, otro aspecto de la ecuación política nacional a la que conviene empezar a prestarle atención, y cómo queda el Frente Amplio luego del golpe de la derrota electoral, el proceso de recomposición interno que está sufriendo y el evidente corrimiento ideológico a la izquierda. Con 42 diputados y 13 senadores, pese a su abrupta caída respecto a la elección anterior, el Frente Amplio representa casi íntegramente a la oposición, por lo que su accionar en los próximos años en base a los movimientos recientes merece una mirada.

En primer lugar, el Frente Amplio, a diferencia de los períodos anteriores, dentro y fuera del gobierno, no tiene un liderazgo claro. El presidente Vázquez no ocupará ningún cargo oficial ni dentro del partido en el próximo período, José Mujica representa a su sector, pero no es un líder de consenso y Astori a duras penas logró ingresar al Parlamento luego del desplome de Asamblea Uruguay y el ninguneo permanente al que lo sometió el partido.

Los liderazgos emergentes también tienen sus problemas. Daniel Martínez, pese a que su derrota en noviembre fue por un margen menor a la esperada, va a ser el cartón ligador del proceso de autocrítica de la coalición. Pese a ya haber manifestado su intención de volver a ser candidato a la Intendencia de Montevideo, varios sectores han anunciado que tienen sus propios candidatos y su propio grupo, el Partido Socialista no lo apoya, por lo que reculando en chancletas afirma que nunca fue candidato. Con este nuevo desplante a Martínez el Partido Socialista decidió terminar con su carrera política en aras de candidatos más radicales como Civila y Olesker.

Los otros aspirantes al liderazgo también tienen sus problemas. Andrade, Cosse y Bergara comparten uno común, su simpatía por dictadores y violadores contumaces de los derechos humanos como los sátrapas de Cuba y Venezuela. Desde el caso sin ambages de Andrade, defensor a ultranza del comunismo que perpetró más de 100 millones de asesinatos en el siglo XX, a Cosse que decidió aliarse a esa visión, llegando a Bergara que posó con cholulez recientemente en una foto junto al dictador cubano, el pretendido nuevo liderazgo de la izquierda demuestra que cojea en un aspecto central para los uruguayos; la democracia y los derechos humanos son para ellos aspectos negociables.

Incluso desde el punto de vista sectorial se comprueba que, mientras varias encuestas de valores y preferencias demuestran que los uruguayos se han movido hacia la derecha, el Frente Amplio está en una empedernida carrera hacia la extrema izquierda. Por un lado, el MPP volvió a ser el sector más votado de la coalición y, gracias a la ingeniería electoral frentista, contará con más de la mitad de sus diputados. El crecimiento del Partido Comunista consolida el corrimiento a la izquierda, al tiempo que un Partido Socialista que descabezó a los moderados y pese a la pérdida de la mitad de su electorado con un candidato de su sector a la presidencia, liderado por Gonzalo Civila se subió a la máquina del tiempo hacia la década de 1960. Por si fuera poco, el apoyo explícito a políticos argentinos condenados por la justicia y que perjudicaron y están volviendo a perjudicar a nuestro país demuestra que su interés está lejano al de los uruguayos.

Bergara decidió no ocupar el lugar de la moderación astorista, quizá por haber visto los resultados de esa estrategia en la práctica. En los hechos termina siendo un mal émulo de Andrade con escasas perspectivas de éxito. Astori, por su parte será un senador intrascendente, sin apoyo de ningún tipo y sin bancada propia. El odio y rencor de sus palabras hacia el presidente electo en un reciente reportaje en Búsqueda confirman su consabida mediocridad y frustración por no haber logrado siquiera entregar una economía con números decorosos.

Habrá que continuar el análisis de la futura coalición opositora, pero sin liderazgos claros, corrida a la izquierda y con un proceso de definición de candidaturas seguramente traumático a la Intendencia de Montevideo, luce como una oposición débil, esmirriada y desnorteada.

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