EDITORIAL

Un problema de fondo

Es llamativo como gente formada y leída hace críticas durísimas no solo a la gestión, sino a la ética de los últimos gobiernos del FA, pero igual cree que lo mejor es que mantengan el poder. ¿Vale tan poco la ética?

Uno de los grandes temas de esta campaña electoral es el fenómeno de la caída de apoyo al Frente Amplio. Nadie duda de que el oficialismo está hoy entre 10 y 20 puntos por debajo de lo que tenía en apoyo popular hace cinco años. Pero el gran tema de fondo es que ese electorado desencantado con el oficialismo, no termina de optar por alguna de las variadas ofertas opositoras.

¿Por qué pasa esto? Hay muchas explicaciones. Pero una entrevista publicada hace unos días por el semanario Voces, ilustra bastante bien sobre el eje del problema. La entrevista fue al antropólogo Nicolás Guigou, una de las figuras más reconocidas de la academia nacional en su rubro, persona ilustrada, viajada, informada. Durante la entrevista, Guigou hace un balance muy duro de las gestiones del Frente Amplio. Arranca criticándole la ausencia de un proyecto serio y a largo plazo para combatir la fragmentación social, cosa que debería ser central, según él, para una visión “de izquierda”. No contento con eso, le critica la forma en que se privilegian aspectos de politiquería electoralista, a la hora de seleccionar a la gente que va a ocupar cargos. “Para pensar en cómo salir de la sociedad fragmentada, tenés que llamar a gente que sea de cualquier color, no me importa, pero que sepa algo”, afirma Guigou. Y denuncia los acomodos de burócratas políticos que lucran con los proyectos de ayuda social, a los que llama “parásitos de la desgracia humana”.

No conforme con eso, también ataca los criterios éticos de estos gobiernos. Habla de “intelectuales que aprovechan su adscripción política para ascender socialmente”. Dice que “hay gente en las listas que tiene comportamientos deleznables y públicamente conocidos”. Habla de “una falta de filtros éticos que hace que una parte del electorado de izquierda más veterano, y que conoce más, se pregunte qué está pasando”. Como se ve, un diagnóstico lapidario.

Y sin embargo, pese a todo esto, Guigou asegura que “creo que es importante que gane la izquierda”. Y afirma que “no hay un solo caso, ni acá ni en Europa occidental, donde ha habido cambios de izquierda hacia otras opciones, que haya ayudado a sectores menos favorecidos”, y cita como ejemplos lo que habría pasado en Argentina y Brasil.

Bueno, empecemos por esto último. Existen innumerables casos en Occidente en los que el cambio de políticas de “izquierda o centro izquierda”, hacia la derecha, como dice Guigou, han redundado en notorias mejoras para los más pobres. Se puede ver lo que ha pasado en Chile, lo que ha pasado en Perú, en Colombia. Y en Europa también. ¿Se puede negar que la situación de crisis terminal que hubo en España cuando el gobier-no de Zapatero, mejoró con el gobierno del PP? Si el PP perdió ahora las elecciones, no fue precisamente por la economía. Podríamos citar también el caso de Margaret Thatcher, cuyo gobierno logró poner fin a décadas de estancamiento económico. Se le podrán criticar muchas cosas, pero no que no mejoró la vida a los más pobres. Por eso, son esos sectores los que más votan al partido Conservador aún hoy, en Gran Bretaña.

Sobre Argentina y Brasil, parece extraño que alguien formado y leído como Guigou, haga un balance de las acciones de Macri o Bolsonaro, sin tomar en cuenta la situación explosiva que dejaron los gobiernos “de izquierda” previos. Se podrá criticar muchas cosas de estos dos mandatarios, pero si a uno le dejan una bomba de tiempo, tiene que desactivarla. No es que se hayan ensañado con “los pobres”.

Hay otro gran tema. ¿Se puede cuestionar a los gobiernos del Frente Amplio de la forma que lo hace Guigou, y a la vez afirmar que es mejor que sigan en el poder? ¿Es que la ética vale tan poco? Porque yo puedo discrepar con determinada medida concreta de un Presidente, asumir que cometió errores, darle el beneficio de la duda, y decir que merece otra oportunidad. Pero que tras 15 años de poder absoluto, reconozca que no cumplió con las cosas básicas para las que fue electo, y que encima ha claudicado en cuestiones éticas centrales, no es consistente con seguir apoyándolo.

Guigou no está solo en esa postura. Hay muchos frentistas que piensan igual. Y algunos que apoyan a otros candidatos, pero que por complejos difíciles de entender, buscan excusas para no comprometerse con un cambio. Hace más de 15 años que no hay un gobierno de la hoy oposición. La mayoría de sus cuadros son nuevos y sin experiencias en gobiernos previos. Seguir apostando al malo conocido, por miedo a lo que pueda hacer gente que no hay elementos para condenar en avance, se parece mucho más a religión que a política.

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