Editorial

El problema del agua contaminada

Es crítica la situación del medio ambiente del río Santa Lucía, la fuente de agua potable para más de la mitad de la población. El futuro director Nacional de Medio Ambiente advirtió que se encienden luces amarillas sobre el río Santa Lucía y agregó que si no se profundizan las políticas para proteger la principal fuente de agua potable de la zona metropolitana, "en 5 o 10 años las cosas se van a complicar" (El País, 25 de enero).

La cuenca del río Santa Lucía abarca más de trece mil kilómetros cuadrados y se extiende en los departamentos de Lavalleja, Flores, Florida, Canelones, San José y Montevideo. Es una región dinámica y heterogénea donde se desarrolla un conjunto de actividades, que van desde la ganadería, agricultura, lechería, hasta la granja. La cuenca tiene una población de algo más de 380 mil habitantes concentrados en la región más próxima a Montevideo en localidades como Las Piedras, San Ramón, Progreso, Canelones y Santa Lucía.

Esa población y las actividades económicas tienen un creciente impacto ambiental sobre la cuenca. El 20% de la contaminación proviene de plantas o industrias identificadas y el 80% restante se origina en fuentes difusas en el sector agropecuario (agrotóxicos, criaderos de cerdos y de aves, tambos y empresas que se dedican al engorde en corral).

La cuenca del río Santa Lucía tiene una gran importancia para nuestro país, tanto por su población, como por su producción agropecuaria e industrial. Pero su principal función es como fuente de abastecimiento de agua potable.

Para tener una idea: la cuenca del río Uruguay suministra el 7,5% del agua potable de nuestro país; la del Río de la Plata superior el 8,5%; y la del río Negro, el 4,4%. En contraste la cuenca del río Santa Lucía aporta el 75,5% del agua potable superficial y abastece a Montevideo y las principales ciudades y localidades del Departamento de Canelones (incluyendo, Canelones, Pando, Toledo, Suárez, Progreso, Cerrillos, La Paz, Las Piedras, Ciudad de la Costa, y Costa de Oro hasta Salinas). Una población de más de 1,8 millones de habitantes.

El agua bruta que recibe la Usina de Potabilización de OSE, ubicada en la localidad de Aguas Corrientes, a unos 50 kilómetros de Montevideo, proviene en un 80% del embalse de Paso Severino (que contiene 70 millones de metros cúbicos de agua) en Santa Lucía Chico, un 10% de Canelón Grande; y un 10% de Santa Lucía Grande.

La preocupación por el estado ambiental de la cuenca del río Santa Lucía fue reavivada a principios del año 2013, cuando se produjeron casos de mal olor y sabor del agua suministrada por OSE. En aquel momento, ese organismo especuló con que la causa del problema sería un nuevo fenómeno: el uso de agroquímicos por parte de plantaciones de soja en la región norte de la cuenca.

Esa versión fue desautorizada por el decano de la Facultad de Agronomía, quien explicó que, en el caso del río Santa Lucía, la soja no era la culpable.

La causa del problema no se halla en "nuevos fenómenos" sino en la combinación de tendencias de desarrollo antiguas y bien conocidas (y que debieron haber sido previstas desde hace tiempo), y la falta de controles adecuados por parte del Estado. Controles que no son facilitados por el hecho de que en la cuenca coincidan una diversidad de autoridades departamentales y nacionales, incluyendo a la propia OSE.

La Dinama comenzó a estudiar los desafíos que planteaba la contaminación del Santa Lucía en el año 2004 y completó el análisis de la información en el 2011. El episodio de los malos olores y sabor del agua de OSE, a principios del 2013, tuvo un efecto mágico: en mayo se aprobó un Plan de Acción para la protección de la calidad ambiental y la disponibilidad de las fuentes de agua potable del río Santa Lucía, donde se define un amplio conjunto de medidas dirigidas a las principales fuentes de contaminación; en agosto el Ministerio de Vivienda, aprobó una resolución intimando a OSE para que presentase una serie de informes con plazos perentorios; y el 22 de junio de aquel año comenzó a sesionar la Comisión de la Cuenca del río Santa Lucía.

Se han tomado algunas medidas, que no parecen haber sido suficientes, de acuerdo a la advertencia del futuro director de Dinama.

La luz amarilla para el Santa Lucía hace tiempo que está encendida (desde el 2004 si no desde antes), y debió haber sido cambiada a rojo luego de la crisis del 2013. Eso no sucedió.

Ha llegado el momento de pasar de los juegos de luces a las acciones necesarias, concretas y eficaces.

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