EDITORIAL
diario El País

Dos presidentes nuevos

Hoy asume Alberto Fernández como presidente de los argentinos, junto a Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta. Tanto el presidente de la República, Tabaré Vázquez, como el presidente electo, Luis Lacalle Pou, estarán presentes en la ceremonia de asunción.

Que vayan juntos es un gesto a destacar. El presidente saliente pertenece a un partido y el que asumirá el 1º de marzo (y por lo tanto deberá convivir buena parte de su período con el nuevo titular argentino) a otro. Con la presencia de ambos, Uruguay da clara señal de que su continuidad institucional importa.

También da una señal de cuánto se valora el respeto y la tolerancia entre quienes piensan distinto, claves para la convivencia pacífica en democracia.

La tercera señal es que Uruguay cuida sus relaciones con los vecinos, por encima de lo ideológico y lo circunstancial. Más cuando en Argentina asume un gobierno de signo kirchnerista que en períodos anteriores tuvo difíciles relaciones con Uruguay, casualmente durante la primera presidencia de Tabaré Vázquez.

Este dato importa por cuanto desde el Frente Amplio se hace hincapié en tener cercanía con gobiernos de similar ideología (el “círculo virtuoso” al que aludía el socialista Reinaldo Gargano cuando fue canciller). Los Kirchner decían tener igual perfil “progresista” al del gobierno uruguayo y sin embargo fueron años de relaciones tensas con los puentes bloqueados. Ahí, lo de la afinidad ideológica no funcionó y fue necesaria una sentencia de la Corte de La Haya para que el asunto se calmara.

Luis Lacalle Pou, por otra parte, reitera la tradición uruguaya inspirada por Luis Alberto de Herrera, sobre la importancia de los intereses de una nación a la hora de fijar prioridades, más que simpatías personales o ideológicas.

El presidente electo además se mostró renuente a la estrategia de agrupar países para llevar a cabo sus prédicas. De esto hemos visto experiencias poco simpáticas como Unasur, un mero club de amigos presidentes comprometidos a defenderse unos a otros. Por otra parte, el Grupo de Lima busca definir políticas comunes para actuar ante la dictadura venezolana, lo cual está bien, pero corre el peligro de quitarle flexibilidad a cada país. Lacalle Pou no tiene dudas en cuanto a que el régimen chavista de Nicolás Maduro es una dictadura, pero quiere espacio para diseñar su propia estrategia ante esa situación.

En este contexto, para el futuro gobierno la relación con sus dos grandes vecinos, por ser vecinos y por ser socios en el Mercosur, es importante y de ahí que Lacalle Pou haya decidido viajar hoy a Buenos Aires.

Pero lo que ocurra con Argentina no dependerá solo de la actitud uruguaya. El rol que juegue el presidente Alberto Fernández es crucial en como se desarrollen esas relaciones. Por un lado, porque el kirchnerismo responde a una tradición proteccionista que a Uruguay no le sirve. En ese sentido, las posturas aperturistas de Brasil pueden servir mejor a los intereses uruguayos. Si Alberto Fernández sigue fiel a esa tradición, en lo comercial, las cosas no serán tan fáciles.

En lo político Alberto Fernández expresó su deseo de acercarse a los países con gobiernos de izquierda o al menos “progresistas”. Vale la pena preguntar- se si el nuevo presidente argentino es realmente un político de izquierda o si el kirchnerismo alguna vez lo fue. Todo indicaría que no. Nada lo identifica con el pensamiento tradicional de la izquierda, tan fuerte a fines del siglo XX y cuya hora ya pasó. Tampoco lo es porque hoy las definiciones de izquierda y derecha no se ajustan a ninguna realidad visible. A los regímenes de Putin, Orban en Hungría y Erdogán en Turquía se los califica como “populistas de derecha” y a los regímenes de Ortega en Nicaragua o Maduro como “populistas de izquierda”. Sin embargo abusan de su poder e inventan relatos oficiales con similares técnicas, persiguen a sus opositores y cercenan las libertades usando los mismos métodos y las mismas razones. Todos aprovechan los mecanismos electorales para alcanzar el poder y desde ahí socavar la misma democracia que les permitió llegar. Nada los diferencia. A algo de eso se acercaron los Kirchner en su momento.

Fernández se define como pragmático y demostró interés en acercarse a Lacalle Pou pese a que en sus visitas a Uruguay solo se encontró con dirigentes frentistas. Si predomina ese pragmatismo y dada la buena predisposición del presidente electo uruguayo, se puede esperar algo bueno. Pero si al final predomina el ya conocido estilo y visión de la vicepresidenta argentina respecto a Uruguay, las cosas pueden complicarse.

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