EDITORIAL
diario El País

Un presidente presidente

El domingo pasado el regreso del programa Santo y Seña de Canal 4 se impuso con un pico de rating a su competencia con una entrevista en vivo al presidente de la República Luis Lacalle Pou.

La entrevista transitó por diversos temas de actualidad, acaparando la crisis producida por el coronavirus y sus consecuencias económicas buena parte del tiempo, aunque no faltó la perspectiva política sobre la coalición de gobierno y otros asuntos de la agenda pública.

Quizá tan importante como el contenido es el estilo. La forma no es irrelevante, como nos quiso hacer creer el expresidente Mujica que mancilló sin escrúpulos todos los símbolos de la República y del más mínimo decoro. Un presidente que se muestra calmo, serio y respetuoso, aún ante los exabruptos y la falta de modales del periodista que no tuvo empacho en expresarse de forma vulgar ante el máximo magistrado del país, tiene un gran valor.

Las crisis ponen a prueba el temperamento de las personas. Algunas se ven superadas por la coyuntura y no son capaces de superarlas, otras, en cambio, muestran su mejor faceta y es precisamente en las circunstancias complejas donde se ve lo mejor de ellas mismas. Este ha sido el caso de nuestro presidente, que no se dejó amedrentar ni presionar por otros expresidentes, ni sindicatos médicos ni personajes folclóricos de baja monta que intentaron marcarle la agenda. Lacalle Pou mantuvo su decisión acerca del tipo de cuarentena que debía llevar adelante Uruguay a pesar de todas las contraindicaciones políticas que existían y del riesgo que corría. Pensó en el país, no en cómo se vería afectada su imagen personal; acertó y ganó y más importante aún, ganó el país.

Uruguay hoy es visto como uno de los países que mejor ha logrado combatir el coronavirus, sin medidas de cuarentena obligatoria, y sin los excesos de otros países.

Uruguay hoy es visto como uno de los países que mejor ha logrado combatir el coronavirus, sin medidas de cuarentena obligatoria, y sin los excesos de otros países donde las libertades fueron y están siendo severamente limitadas. Por cierto que existen puntos de preocupación: la frontera con Brasil puede depararnos sorpresas negativas, especialmente en el caso de las ciudades con límite compartido, así como también preocupa la inconsciencia de algunas personas que se aglomeran para protestas sin contenido frente al Palacio Legislativo o para desfilar en una cuerda de tambores. La lucha contra el coronavirus continúa y los malos ciudadanos que no lo comprenden son nuestro principal punto débil.

En cuanto a la economía, el presidente Lacalle Pou fue contundente al explicar la estrategia que está siguiendo el gobierno. Por un lado, se han tomado todas las medidas de gasto necesarias para atender a la emergencia sanitaria. Por otro, se han tomado numerosas medidas de atención social y productiva que llegan a más de 800.000 personas. Es particularmente irónico que desde la oposición se afirme que las medidas del gobierno van en el sentido correcto, pero resultan insuficientes, cuando es su responsabilidad que el gobierno no tenga más recursos para enfrentar la crisis. En efecto, con un déficit fiscal de 5% del producto, en medio de una recesión que hará caer los ingresos mientras es necesario aumentar el gasto para atender los diversos frentes que han surgido, es una demostración de demagogia rampante, sino de estricto cinismo, la actitud que asume el Frente Amplio.

El presidente a su vez afirmó que la coalición avanza en los temas relevantes acordados, como la ley de urgente consideración, mientras otros de menor relevancia, como llamados a los ministros al Parlamento, entran dentro de la libertad de cada uno de los partidos. En efecto, el propio presidente Lacalle Pou siendo diputado entre 2000 y 2005 realizó interpelaciones a ministros de la coalición que integraba, lo que no impidió que votara las leyes importantes para el gobierno.

La forma -¡nuevamente las formas!- en que el presidente no entró en polémicas menores ante preguntas de color poco relevantes del periodista, demuestra su estatura presidencial. Es así que en cuanto a forma y fondo, recipiente y contenido, vemos como el presidente de la República ha asumido su rol con actitud y conciencia de estadista, lo que se aprecia aún más si comparamos en términos internacionales, y especialmente regionales.

La propia desesperación del Frente por hacer ruido con nimiedades ante la falta de argumentos pone en evidencia el buen nivel del presidente y el gobierno. Basta ver las reacciones de la oposición, respecto a cómo logró mejorar el acuerdo con UPM, para comprobar el aserto. En definitiva, como rezaba un viejo eslogan de campaña de su progenitor, afortunadamente para el país, tenemos un presidente presidente.

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