editorial

Se precisan partidos modernos

Una de las novedades que dejó el último ciclo electoral es la Concertación en Montevideo. Sus resultados, su éxito o fracaso y sus perspectivas de futuro han sido tratados por distintos columnistas de esta página, con opiniones diferentes. Sin embargo, hay una condición política previa para analizar la Concertación que no ha merecido la atención suficiente: se trata de la vigencia y modernización de los partidos políticos que la componen.

En efecto, todo el mundo sabe que la Concertación fue un acuerdo electoral que no negó la identidad de los partidos tradicionales sino que se apoyó en ellos para presentarse ante la ciudadanía. De futuro, se esté a favor o en contra de ella, lo cierto es que no hay posibilidad de alternancia real de los partidos de oposición en Montevideo si no se plantea seriamente una tarea de fondo de mejora en el contenido y en la forma de sus propuestas.

El asunto es sencillo de entender. Montevideo es bastión del Frente Amplio desde hace mucho tiempo: ya en 1971, en su primera elección, la izquierda alcanzó el segundo lugar de preferencias en la capital, igual que en 1984. Para vencer a un partido tan implantado en su mayor feudo electoral no alcanza con alianzas electorales ni con buenos candidatos de última hora. Se precisa también y sobre todo, que la opinión pública tenga clara idea de que la alternativa es posible y seria, y que puede cambiar de partido en el gobierno de la Intendencia porque los resultados esperables serán mejores.

Así las cosas, es necesario que blancos y colorados, cada uno por su lado, lleven adelante una tarea de largo plazo que termine por presentarlos ante la ciudadanía como una alternativa real. Por un lado, eso implica definir equipos de gobierno departamentales "en la sombra", es decir, equipos capaces de controlar las medidas que toma la administración Martínez en Montevideo en las distintas áreas de gestión, y prestos a proponer medidas alternativas mejores, serias, estudiadas y posibles.

A cada iniciativa del gobierno, responder con propuestas de los partidos opositores. Por otro lado, ser alternativa real precisa de una profesional tarea de comunicación partidaria. No se puede estar al golpe de balde de las iniciativas individuales. No se puede empezar un proyecto de comunicación y que se abandone por tal o cual coyuntura electoral interna. Tiene que haber una voluntad política firme, una definición comunicacional clara y un objetivo electoral definido.

Si cada partido tradicional lleva adelante esta tarea empezará a quedar claro que hay una alternativa para Montevideo. Por supuesto, si la perspectiva es mantener la estructura de la Concertación, todos estos esfuerzos deberán ser coordinados de forma de que a todos quede claro que no hay confrontación y competencia, sino que hay complementariedad y cooperación entre los partidos tradicionales. Esto implica aceptar matices diversos, claro que sí. Pero también implica que la ciudadanía tenga claro que el gobierno de Montevideo, de cambiar de manos en favor de la Concertación, será ejercido por dirigentes de los dos partidos de oposición.

Siempre se toman como ejemplos de procesos de unión electoral con identidades partidarias que se mantienen a la Concertación que ha gobernado Chile o, entre nosotros, a la confluencia de izquierdas en el Frente Amplio. En los dos casos, esos procesos se apoyaron en partidos políticos que ya existían y que eran vigorosos. Así, todo el debate sobre el futuro o no de la Concertación es estéril siempre que los partidos que la conforman no procesen estas decisiones que son las que darán la certeza de que se toman en serio la posibilidad de gobernar la capital.

Si los partidos tradicionales no logran superar el entorno del 40% que los vota desde hace ya varios ciclos electorales, a pesar de todo y con Concertación o sin ella, no hay alternativa posible para Montevideo. No alcanza con el pensamiento mágico que cree que, faltando un par de años, se definirán un par de buenos candidatos a intendente y con ello la oferta electoral opositora será atractiva. Tampoco alcanza con el otro pensamiento mágico, más aritmético, que cree que la sumatoria de blancos y colorados es un trampolín suficiente que permitirá ganar.

Se precisa más que todo eso. Para ganar la mayoría del electorado en un bastión histórico de izquierda, la primera exigencia es modernizar a los partidos tradicionales en Montevideo. Deben dar señales serias de que, realmente, quieren ganar para gobernar mejor.

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