EDITORIAL

Postales del croar académico

Por supuesto, en estos meses en los que las campañas de información pública en horario central de televisión se asemejan muchísimo a una publicidad encubierta en favor del FA, nadie ha dicho nada.

Entrando en la recta final de campaña para la primera vuelta de octubre, importa hacer un balance de cómo ha sido el alineamiento en favor del Frente Amplio (FA) de los numerosos académicos que forman parte de la hegemonía cultural izquierdista.

En primer lugar, ha sido un alineamiento que pretendió desprestigiar el carácter democrático de líderes y partidos que no cuentan con su agrado ideológico. El caso más claro ha sido el de Cabildo Abierto y Manini Ríos: un día sí y otro también, los numerosos politólogos, sociólogos y opinólogos de izquierda han intentado asociarlos con la dictadura, con Bolsonaro, o con una extrema derecha muy peligrosa para la democracia.

Nótese aquí que la inmensa mayoría de todos estos comentaristas no dijeron una sola palabra en contra del Poder Ejecutivo en el episodio de marzo con relación al tribunal de honor a Gavazzo, a pesar de que fue evidente el enorme silencio de presidencia sobre un asunto que duró semanas, y que sólo se terminó por causa de una nota de El Observador. Ni tampoco dicen absolutamente nada sobre el alineamiento actual y vergonzoso del Frente Amplio tras dictaduras tan nefastas como las de Cuba o de Venezuela. Simplemente, como Manini Ríos tuvo una brillante carrera militar, por ejemplo, resulta que hay que tener cuidado con los caudillos militares: como si Seregni, ese con el que tanto se identifican, hubiese sido en su vida profesional mecánico de automóviles o vendedor de bufandas, y no destacado general del Ejército.

En segundo lugar, a lo largo de estos años distintos politólogos enteramente alineados con el FA, pero que posan de objetivos investigadores, la emprendieron contra el financiamiento privado de los partidos políticos. En particular, un tan infame como mediocre informe de una universidad privada dio a entender que en la campaña de 2014 el Partido Nacional podía haberse visto beneficiado con tarifas más bajas en televisión. También hubo miedos de izquierdas plumas que señalaron su preocupación por el posible financiamiento de actividades partidarias por parte del narcotráfico, seguramente potenciados por la sobreexposición cognoscitiva a ciertas series de Netflix, ya que ese parecía ser el tipo de guión de ficción que todas ellas expresaron casi al unísono.

Sin embargo, cuando realmente aparecieron enormes problemas sobre aportes privados con mal olor, o acerca de publicidades del Estado con fines claramente electorales pro-frenteamplistas, el croar de estas zurdas voces se silenció. Una investigación periodística dejó en claro, por ejemplo, que la Lista 711 había recibido dinero sospechoso desde Paraguay. Silencio. Y Otra comentó que el MPP había sido el sector que más donaciones y más altas había recibido en 2014 de forma anónima. Silencio.

Por supuesto, en estos meses en los que las campañas de información pública en horario central de televisión se asemejan muchísimo a una publicidad encubierta en favor del FA, nadie ha dicho nada. Y en estos días tampoco ninguno de estos sabios académicos que posan de objetivos ha criticado nada de la utilización del portal de presidencia en favor de la campaña del FA, a pesar de que evidentemente plantea un serio problema de calidad democrática para el país.

Todo eso, que tan parecido es a lo que ocurrió en 2014 cuando el por entonces presidente Mujica, violando claramente la Constitución, decidió lanzarse en campaña electoral, no mereció hace cinco años, ni ha merecido ahora, ninguna advertencia politológica crítica. Ninguna, nunca, de ninguno de todos estos analistas para los cuales, por cierto, el debate entre Lacalle Pou y Martínez resultó empatado, independientemente de que el sentido común mostrara, sin dudas, que había resultado mejor la performance del candidato blanco: así, incluso, lo señaló más del 60% de una encuesta representativa del total de los votantes.

El sesgo pro-izquierdista de esta academia mayoritaria ha quedado una vez más muy claro en esta campaña. Sin embargo, hay un cambio importantísimo con relación a las elecciones anteriores: esta vez, la gente se ha dado cuenta de que esos comentarios son simples operaciones políticas que lo que en realidad buscan es favorecer al FA para que se mantenga en el poder a toda costa.

La gente se ha dado cuenta ya del vacuo croar académico izquierdista que pulula en estos tiempos electorales. Que esto esté hoy tan claro le hace mucho bien a la democracia, pero también le hace bien a los verdaderos e independientes análisis académicos que tanto se precisan sobre estos temas.

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