Editorial

Entre poquito, nada y peor

En su arenga partidaria de fin de año, el Presidente Vázquez confundió las críticas de la oposición: no son a lo que se ha hecho, apuntan más bien a que no se ha hecho nada.

El presidente Vázquez reunió a sus ministros, legisladores e integrantes de la Mesa Política de su partido en la residencia presidencial para compartir un asado y despedir el año. Entre molleja y chorizo, Vázquez lanzó una arenga de carácter electoral para motivar a los representantes de un partido que, tras periodos en el gobierno, deberán salir a la cancha a dar cuenta sobre lo que han hecho y lo que no en los cuatro años que lleva Vázquez en su segunda presidencia. Ciclópea misión si las hay y si los Cícoples existieran.

Pensemos solo en el año que está por acabar, en este 2018. ¿Qué pasó en el país? ¿Qué fue lo que hizo el gobierno?

Realmente no hay mucho para destacar: se mejoraron carreteras definitivamente abandonadas por su antecesor, José Mujica; en Rivera, abrió sus puertas el Instituto Regional Norte de la Universidad Tecnológica, con capacidad para 1.000 estudiantes; se inauguró la nueva embajada de Uruguay en Buenos Aires; se firmó el TLC con Chile, después de años de súplica desde la Torre Ejecutiva porque el Presidente lo había firmado y se corría el riesgo de un formidable papelón si el Parlamento no lo aprobaba; se inauguró el Antel Arena, esa misma obra que en su primer año de esta administración el propio Presidente había querido suspender y desde el MPP le doblegaron el brazo. Algo más puede haber, pero menos trascendente y sin repercusión en el ciudadano.

Lo que sí pasó fue que este gobierno de Vázquez, en diciembre de 2015 (año que asumió) presentaba un 1% de crecimiento, un déficit fiscal del 3,5% y una tasa de desempleo del 7,4%. Para 2019, el año donde el pueblo decide, se prevé un crecimiento del PIB del 1,2%, 4% de déficit fiscal y 8,6% de desempleo. Entre poquito, nada y peor.

Este gobierno se dio “el lujo” de desatender al Uruguay productivo a través de una exasperante pasividad presidencial que postergó reuniones solicitadas como urgentes por las gremiales agropecuarias hasta que las movilizaciones ganaron carreteras y, sobre todo, opinión pública. Allí apareció el movimiento Un solo Uruguay. La crisis de Conaprole, con centenares de tamberos que dejaron la producción y donde por primera vez en su historia la cooperativa presentó números en rojo, con la complicidad del sindicato y -otra vez- la pasividad del gobierno. Una demostración más de que al FA no le gusta el interior, sobre todo no le gusta nada el campo y todo lo vinculado a él.

También se jugó un nuevo capítulo del caso Sendic que llevó meses y meses de discusiones en el partido de gobierno y se saldó con sanciones de carácter electoral para al ex vicepresidente. La condena fue solo por el uso de la tarjeta corporativa, porque al FA no le pareció un espanto que los manejos de Ancap hayan dejado un agujero negro de 800 millones de dólares que todos los uruguayos han tenido que financiar soportando nuevos impuestos y alzas en las tarifas públicas.

Apareció la demanda de Zamin Ferrous, grupo que impulsó el proyecto minero Aratirí en Uruguay, que reclama la friolera de 3.356 millones de dólares por daños y perjuicios a raíz de un cambio indebido de reglas de juego. Será de la época de Mujica, pero es tan Frente Amplio como la época Vázquez.

Se dispararon todos los números en materia de inseguridad y la enseñanza sigue a la baja. Parece que no han entendido que sin educación no hay inclusión y difícilmente puedan incorporarse a la sociedad los niños que viven en las zonas carenciadas. Y junto a la enseñanza, la total inoperancia del Mides, con excepción de su clientelismo. Pasada una década de su creación, habiendo vivido el país períodos de formidable bonanza económica y hasta de florecimiento en muchas áreas, la situación que se ve cada día en las calles, plazas y parques y en las noticias, exhiben su fracaso.

Además, en este año de Vázquez presidente, insólitamente, desde el gobierno se ha practicado la ideología de la descalificación por “escrache”: ocurrió con un colono que tuvo un altercado con el presidente en plenas movilizaciones rurales. A raíz de ese episodio, presidencia se encargó de exhibir en su página el complejo historial con Colonización. Luego pasó con el padre de familia que se quejó de los servicios del Mides para obtener refugios nocturnos: la ministra Arismendi sembró sospechas morales sobre él y funcionarios del gobierno filtraron sus antecedentes penales. Y más reciente fue lo del Ministro del Interior, que no contento con descargar su humanidad contra un manifestante, lo mandó preso, rastreó y difundió su pasado. Grave afrenta a la democracia por tres.

Así las cosas Presidente, no hay arenga que valga. Y la culpa no es de las encuestas.

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