EDITORIAL

Política y propaganda

La idea de que el precandidato blanco se propone eliminar los Consejos de Salarios es una patraña. Pero en estos días el aparato de propaganda de izquierda se dedicó a sembrar la idea de que es lo que propone, sin aportar ninguna prueba.

Si algo hay que reconocer a la izquierda, es su inmensa habilidad para sustituir el debate público por la más vulgar propaganda. Un ejemplo es lo que está ocurriendo con Venezuela.

Uno tras otro, todos los voceros de izquierda se rasgan las vestiduras denunciando la inminente invasión por parte de Estados Unidos. Por ejemplo, el reciente intento de ingresar ayuda humanitaria fue denunciado como la punta de lanza para el inmediato ingreso de tropas.

Que la ayuda finalmente no haya podido entrar, ni que haya habido ninguna clase de movilización militar desde el exterior, son datos que simplemente se ignoran. Aunque los pronósticos no se hayan cumplido, ¡la invasión sigue siendo inminente!

La verdad es que hasta ahora no existe ningún indicio de que vaya a haber una invasión. El presidente Trump, tan adicto a las declaraciones belicosas, no ha dicho nada concreto al respecto. Y ningún periodista ni analista serio ha detectado hasta ahora movimientos de tropas, ni ningún despliegue logístico de los que preceden a una acción bélica.

De modo que lo de la invasión a Venezuela es, en el mejor de los casos, una especulación. Sin embargo, la feroz represión del régimen sobre la población civil es muy real, como son reales el hambre, la falta de medicamentos, la crisis de producción y la presencia de un verdadero ejército de ocupación integrado por militares, funcionarios y agentes de inteligencia cubanos. Sin embargo, los voceros de nuestra izquierda hablan como si nada de esto existiera y todo el problema fuera el riesgo de invasión.

A esto se agrega un elemento irónico. Quienes siempre han defendido el principio de autodeterminación de los pueblos tienen todas las credenciales para oponerse a cualquier intento de invasión. Pero que lo haga nuestra izquierda, y en especial nuestra izquierda marxista, es una auténtica mascarada. Porque, a lo largo del tiempo, esa izquierda ha justificado las invasiones a Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Afganistán y cualquier otra que haya sido cometida por un régimen comunista. De modo que, si alguien carece de legitimidad para presentarse como apóstol de la autodeterminación, es justamente la izquierda que hoy más grita.

Así es como funciona el juego para ellos. Cuando hay objetivos políticos de por medio, no importan los hechos ni las posiciones defendidas en el pasado. Lo único que importa es crear ficciones que luego permitan sostener un discurso políticamente conveniente.

Algunos episodios indican que esto es lo que empiezan a hacer de cara a la próxima campaña electoral. En los últimos días, varios voceros de izquierda reaccionaron escandalizados ante unas declaraciones de Luis Lacalle Pou, en las que anuncia que se propone introducir cambios en los Consejos de Salarios.

Lo que piensa Lacalle Pou al respecto es bien conocido. Aparece escrito en la Agenda de Gobierno de la campaña anterior, en las Bases Programáticas que presentó a fines del año pasado y en un sinfín de documentos. Su posición consiste, antes que nada, en afirmar que los Consejos de Salarios seguirán funcionando, como componente central de nuestra tradición en materia de relaciones laborales.

Y luego propone algunos ajustes razonables, que apuntan a proteger a las empresas más chicas (que hoy se ven perjudicadas por los acuerdos que pueden firmar las grandes) y sustituir una cultura del conflicto por una cultura de cooperación.

Pero los voceros de izquierda decidieron entender que, cuando Lacalle Pou habla de cambios en el régimen de Consejos de Salarios, está hablando de suprimirlos. Y, para dar un barniz de credibilidad al asunto, en los últimos días han difundido una opinión que va en esa dirección, sostenida por un economista que no es ni nunca fue asesor de Lacalle Pou.

La idea de que el precandidato blanco se propone eliminar los Consejos de Salarios es una patraña. Pero en estos días el aparato de propaganda de izquierda se dedicó a sembrar la idea de que es lo que propone, sin aportar ninguna prueba. ¿Por qué? Porque su plan es retomar el tema dentro de unos meses, cuando la campaña electoral esté al rojo vivo. Ese será para ellos el momento de apelar a la mala memoria de muchos electores y decir que, como se sabe desde hace tiempo, Lacalle Pou quiere terminar con los Consejos de Salarios.

Se trata de una maniobra burda y mentirosa, propia de Joseph Goebbels. Pero sobre todo se trata de una maniobra destructora de la política, como ocurre siempre que el debate público es sustituido por la propaganda.

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