EDITORIAL

Política exterior sindical

Estamos ante el veto sindical en la política exterior del país, no conducida por el presidente electo junto al canciller hacia una apertura comercial que beneficie al país productivo, como ha ocurrido con los gobiernos de izquierda de Chile .

En un reciente foro en Bélgica, el responsable de la secretaría de relaciones internacionales del Pit-Cnt y que además es secretario general de la coordinadora de centrales sindicales del Cono Sur, pidió que se coordinaran esfuerzos de organizaciones civiles y sindicales del Mercosur y de la Unión Europea para que las actuales negociaciones comerciales que llevan adelante esos dos bloques sean suspendidas.

Dos principales argumentos sustentaron esa posición sindical. Por un lado, el rechazo y la desconfianza al actual proceso de negociación. En efecto, el dirigente del Pit-Cnt afirmó que "en las condiciones y las circunstancias actuales y por cómo se ha venido desarrollando la negociación del acuerdo, difícilmente sea en beneficio de la industria nacional o de la soberanía de nuestros países, y mucho menos en favor del trabajo decente y el desarrollo inclusivo". Por otro lado, se afirmó que estas negociaciones ocurren con un Brasil que vive un "estado de excepción", que sufrió "un golpe de Estado". Seguir avanzando en el acuerdo entre bloques sería entonces nefasto, ya que terminaría ayudando a legitimar a un presidente como Temer que accedió al poder de forma irregular.

Cualquier distraído podría pensar que se trata de una de las típicas alocuciones sindicales que no tienen grandes consecuencias: son nada más que saludos a la bandera izquierdista internacional. Sin embargo, de esa reunión en Bruselas quedó bien claro que en caso de que las negociaciones entre los dos bloques económicos lleguen a buen puerto, los sindicatos de la región, y obviamente el Pit-Cnt en nuestro país, se movilizarán para que los parlamentos no ratifiquen el acuerdo logrado. Es más: a raíz de esa reunión, ya una diputada frenteamplista afirmó que a título personal ella está en contra de ratificar ese posible acuerdo comercial.

Es cierto que las negociaciones no se suspenderán porque lo soliciten representantes sindicales de los países de la región. Pero cualquiera que sepa leer políticamente entrelíneas se da cuenta que es indudable que, de alcanzarse un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, el Pit-Cnt ejercerá toda su presión posible para impedir que ese tratado comercial tenga alguna consecuencia real y concreta. Como es evidente que nos acercamos a un año electoral en el que el Frente Amplio no tiene el triunfo en las urnas para nada asegurado, y como es evidente también que en este particular contexto la izquierda es aún más dependiente de la capacidad de movilización de su fuerte aliado sindical, se hace pues muy obvio que desde el gobierno y desde el Frente Amplio no se recorrerá ningún camino que implique enemistarse con el Pit-Cnt en los próximos meses.

Lo que se avizora entonces que ocurrirá para el caso de la negociación con la Unión Europea no es algo excepcional o propio de la ciencia ficción. En el caso del acuerdo de libre comercio con Chile, por ejemplo, firmado en octubre de 2016, ha pasado algo muy similar: el Ejecutivo adelantó camino con seriedad y trabajo técnico para acordar beneficios para el país, y desde sectores claves del Frente Amplio —en particular el MPP y el Partido Comunista— y desde actores relevantes del sindicalismo compañero las respuestas han sido el trancazo total. Por un lado no se ha ratificado el acuerdo en tiempo y forma en el Parlamento y permanece allí encajonado; y por el otro lado, si se llegara a ratificar, existe la velada amenaza de paros y movilizaciones sindicales.

Así las cosas, estamos ante lo que se puede definir como el veto sindical en la política exterior del país. En efecto, ella no es conducida por el presidente electo por el pueblo con mayoría absoluta junto al canciller de su confianza con un objetivo de apertura comercial que beneficie al país productivo, como ha ocurrido por ejemplo con los gobiernos de izquierda de Chile de estas décadas. Por el contrario, el verdadero poder que define la política exterior es la corporación sindical con su amenaza explícita o implícita de movilización en las calles en función de sus criterios ideológicos, unida a las potentes fuerzas parlamentarias internas del Frente Amplio en las que predomina la visión izquierdista más radical, como es el caso de la tupamara.

Es una tragedia para el país pero es la pura verdad: el veto sindical impedirá cualquier apertura comercial, sea con Chile o con Europa, de aquí a 2019. La única forma de terminar con ese veto completamente antidemocrático es que el Frente Amplio pierda las próximas elecciones.

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