EDITORIAL

La polarización inevitable

Todo el mundo tomó nota de que Sanguinetti se planteó el objetivo de reavivar la mística colorada con presencia pública y argumentos, sin rehuir el debate ni la rispidez propia del enfrentamiento político.

Las primeras movidas del expresidente Sanguinetti como candidato a liderar una lista al Senado en 2019 que nuclee a distintos dirigentes batllistas del Partido Colorado dieron señales políticas contundentes.

En primer lugar, hacia la interna misma de los colorados. Nadie duda que Sanguinetti es una figura de peso que puede ocupar un espacio amplio dentro de un Partido Colorado que, además, está buscando reconfigurarse luego de la anunciada partida de Bordaberry del escenario electoral. También, el expresidente salió a marcar la cancha partidaria, apresurando de hecho la decisión del economista Ernesto Talvi en el sentido de definir su precandidatura presidencial colorada, y dando a entender que el sector batllista que encabezará tiene vocación por transformarse en el mayoritario de su partido en 2019.

En segundo lugar, hacia los demás actores políticos y sociales del país. Sanguinetti fijó temas prioritarios para los próximos tiempos en torno a la inserción internacional del país, a la inseguridad pública que se sufre en todas partes, y a la prioridad dada a la educación de los más jóvenes; trató de "fascistas" a los sindicalistas que habían criticado al colorado Robert Silva en la conducción de la educación; y solicitó a dos principales figuras del Partido Nacional una reunión para "plantar la semilla" de una futura concordancia sustantiva que dé rumbo cierto a una posible alternancia en el poder.

Que todo esto haya ocurrido en menos de un mes llamó la atención de comentaristas y analistas políticos. Por un lado, porque todo el mundo tomó nota de que Sanguinetti se planteó el objetivo de reavivar la mística colorada con presencia pública y argumentos, sin rehuir el debate ni la rispidez propia del enfrentamiento político. Podría decirse que Sanguinetti llegó para dar por terminado una especie de recreo político en el que la izquierda no se sentía confrontada con vigor sobre el balance de sus gobiernos. Además, Sanguinetti quiere ser un actor fundamental de la próxima administración en 2020.

Por otro lado, porque desde esa definición política es evidente que la voluntad del expresidente es zurcir una alternancia al Frente Amplio que precisa del diálogo y la concertación de los distintos partidos de oposición. Como primer paso elemental, Sanguinetti se reunió con los dos precandidatos a presidente de las internas del Partido Nacional de 2014 que además encabezaron las dos listas al Senado más votadas de los blancos en octubre de ese año. La metáfora de "plantar la semilla" fue acertada en el sentido de abrir un tiempo distinto de cooperación entre actores opositores diversos que, sin esconder matices y diferencias partidarias, van dejando claro que existen terrenos de encuentro importantes que dejan pensar que la alternancia al Frente Amplio es posible y real.

Frente a tantas señales tan claras no faltaron las opiniones críticas. Están quienes se quejaron de la falta de renovación colorada por este resurgir del liderazgo de Sanguinetti. Y es cierto que con sus 82 años a cuestas es un hombre de vasta experiencia política. Pero, ¿acaso no es más grave aún la situación en el Frente Amplio, cuando se evalúa que Astori, de 78 años, o Mujica, de 83 años, sean candidatos presidenciales para 2019?

Están también quienes, incluso en los partidos de oposición, se horrorizan de que el planteo colorado sea el de generar una alternancia no-frenteamplista. Alegan en este sentido que se precisa amplitud para recibir a gente desencantada de la izquierda y que la confrontación con el Frente Amplio solo alejaría a muchos indecisos.

Infelizmente, esos comentarios parecen no entender que desde que se fijó el balotaje presidencial como principal forma electoral de dirimir quién termina gobernando, la lógica del sistema es hacia la confrontación de dos modelos distintos. Ciertamente, existen matices y diferencias dentro de cada campo. Pero es querer tapar el sol con un dedo negar que hoy en día está instalada esa polarización política, sobre todo luego de sufrir tres gobiernos frenteamplistas.

El tema no es temer a la polarización con la izquierda. El tema es confrontar decididamente con el Frente Amplio y además proponer un camino alternativo posible que fije acuerdos de grandes rumbos nacionales y que se gane la adhesión ciudadana con convicción y argumentos. Es desde allí que se podrá convencer a tanta gente desencantada por la ineptitud y corrupción del Frente Amplio en el poder. Las iniciativas de Sanguinetti, desde su lugar colorado, van en ese sentido.

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