EDITORIAL
diario El País

Poco les importa

No era necesario que una encuesta lo dijera. Bastaba circular por la ciudad y por el país entero, para corroborar que el paro general del pasado miércoles 15 de setiembre tuvo escaso acatamiento. Pero es bueno que una encuesta corrobore con cifras lo que era evidente a simple vista.

Según la consultora Equipos, de las más respetadas del mercado local, a este paro solo dijo haber adherido un 12 por ciento, mientras que el 16 por ciento no concurrió a trabajar porque no pudo (ya sea porque no tuvo transporte o porque su lugar de trabajo ese día cerró) y 72 por ciento dijo que trabajó.

Este número bajo de gente que adhiere al paro es una constante desde 2015. Las encuestas que se fueron haciendo desde entonces dan variaciones muy menores a ese número.

Lo único que crece es el porcentaje de gente que sin titubeos afirma haber trabajado mientras que se reducen los porcentajes de quienes dicen que no fueron a trabajar porque ese día no les tocaba (licencia, franco o enfermedad) o de los que hubieran ido pero tuvieron algún impedimento.

Quiere decir que hay una conducta persistente que se viene dando desde hace por lo menos seis años. El Pit-Cnt convoca a un paro general pero el grueso de la población no lo acata. No quiere hacer paro.

Ese miércoles, con excepción de algunas actividades que cumplen tradicionalmente con los paros, la vida en todo el país fue normal. Si hubo paro, no se notó.

Se hizo, sí, un acto político convocado por la dirección sindical. Concurrió mucha gente sin duda, y sus organizadores dicen que fue multitudinario aunque eso estaría por verse.

Hay una conducta persistente que se viene dando desde hace por lo menos seis años. El Pit-Cnt convoca a un paro general pero el grueso de la población no lo acata. No quiere hacer paro.

Aún así, un acto político no es un paro. Son cosas bien distintas. En este caso, el acto sirvió para lanzar la candidatura de Fernando Pereira a la presidencia del Frente Amplio. Y además, para marcar oposición a la Ley de Urgente Consideración.

Los que querían participar del acto, fueron. El resto del país siguió trabajando normalmente como en cualquier día de la semana.

La gente distingue bien la diferencia entre un acto y un paro. Una cosa es hacer política y otra es hacer actividad sindical. En la medida que el Pit-Cnt convierte un paro en un hecho frentista, la gente se siente libre de hacer lo que quiere ese día. No va a perder un jornal por acatar un paro que nada tiene que ver con sus intereses.

Esta reflexión se liga a otro acontecimiento convocado para un objetivo amplio y abarcador pero que terminó siendo otro: la Marcha por la Diversidad.

Como todos los últimos viernes del mes de setiembre, el pasado 24 se realizó este acto, convocado por un larguísimo listado de organizaciones sociales, buena parte de ellas pertenecientes a la comunidad LGBT. La marcha, según entienden quienes llaman a participar de ella, invita a luchar por una “sociedad plural en la que se reconozcan y valoren las diferentes formas de ser”.

Sin embargo, esa amplia y generosa causa quedó limitada a algo acotado y con un objetivo definido: una manifestación callejera contra la LUC y contra el gobierno.

No se trata de cuestionar las marchas opositoras, sino de recordar que en origen, esta buscaba otro fin. Por lo tanto, no es la diversidad lo que defienden, es una monolítica homogeneidad de pensamientos políticos. Quienes son gais, lesbianas, trans o lo que sea y a la vez apoyan la LUC o están a favor del gobierno (y vaya si los hay), jamás se sentirán representados por una marcha exclusivamente político-partidaria, aunque su sentido sea el contrario. No se incluye a los distintos y se excluye a los que no piensan igual.

Con esa óptica cerrada y discriminatoria, sus organizadores dirán, al igual que el Pit-Cnt, que lo suyo fue un éxito.

En un caso, el éxito se mide por que fue una buena oportunidad para lanzar a Pereira al estrellato político y manifestar contra la LUC. El paro general fue lo de menos y ciertamente un fracaso.

En el otro caso, el éxito se mide por cuanto un sector ideológico manifestó su repudio a la LUC y su oposición al gobierno. Lo de incluir a los que son distintos y abrir un ancho espacio plural para todos, y en especial para las minorías sexuales, fue la excusa pero no la real causa de la convocatoria.

Con lo cual, como ya dijimos líneas más arriba, muchas personas gais, lesbianas, bisexuales o trans fueron abiertamente excluidas, por no compartir el objetivo político-sectorial.

Poco les importó que así fuera.

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