EDITORIAL

Pobres desamparados

“Los barrios en donde residen los montevideanos más pobres sufren tasas de homicidios que son propias de las ciudades más inseguras del mundo”.

Las noticias sobre el aumento de la inseguridad ocuparon la atención toda la semana. Sin embargo, no se habló tanto de una de las principales realidades que mostraron las estadísticas oficiales, que es que el Frente Amplio en el gobierno ha dejado desamparadas, sobre todo y antes que nada, a las clases sociales urbanas y populares.

¿Dónde crecieron más en cantidad los homicidios en 2018? En Montevideo, Canelones, Maldonado y Salto, que sumados llegan a 308 de los 414 asesinatos de 2018. Pero, dentro de cada uno de esos departamentos, son los barrios populares los que más han sufrido el aumento de los asesinatos. Montevideo es el ejemplo más ilustrativo: mientras que en cada uno de estos barrios: Punta Carretas, Parque Rodó, Pocitos, Cordón, Parque Batlle y Buceo, no hubo más de dos homicidios durante 2018, en Casavalle fueron 27, en La Paloma Tomkinson llegaron a 15, y en Casabó y Pajas Blancas hubo 13 en total.

Estas cifras muestran que tras el promedio de 11,8 homicidios por cada 100.000 habitantes de Montevideo, que es la peor cifra de las capitales de todo el cono sur del continente, se esconden dos situaciones muy diferentes. Por un lado, los barrios de ingresos socioeconómicos más altos están en una tasa de homicidios cercana a la que puede presentar, por ejemplo, una ciudad como Santiago de Chile. Pero por otro lado, los barrios en donde residen los montevideanos más pobres sufren tasas de homicidios que son propias de las ciudades más inseguras del mundo.

Es aquí donde surge con claridad el desamparo en el que ha dejado este gobierno de izquierda a las clases más desfavorecidas del país. Y si alguna duda hubiere al respecto, las cifras de rapiñas de 2018 ratifican esta espantosa conclusión.

En efecto, la mayor cantidad de rapiñas denunciadas en 2018, que son robos con violencia, ocurrieron en los barrios de Casavalle (1.108), Nuevo París (897), Colón (806), Peñarol y La Paloma- Tomkinson, con alrededor de 800 cada uno. Por supuesto, nadie puede decir que la situación de Pocitos (369), de Buceo (520) o de Malvín (422), que son barrios de mayor nivel socioeconómico, sea de una gran tranquilidad, ya que allí, en conjunto, se verificaron un promedio de al menos 3 rapiñas por día en 2018.

Pero si tomamos en cuenta las tasas de homicidios centroamericanas de los barrios populares de Montevideo y sumamos las miles de rapiñas que allí se sufrieron en todo 2018, es claro que el panorama de inseguridad que viven los uruguayos más pobres es un infierno. Además, prácticamente la mitad de los asesinatos (201) no lograron ser esclarecidos por las autoridades, lo que dice mucho sobre la enorme sensación de impunidad que se extiende sobre todo en la capital del país. Y una vez más, como en 2017, queda claro que el aumento de los homicidios no responde a problemas de gentes que “anden en la mala” o a situaciones similares: la gran mayoría de las víctimas (243), no tenía antecedentes penales.

La izquierda siempre se jactó de tener una mayor sensibilidad en favor de las clases menos pudientes. Aquí, hoy, no queda la más mínima duda de que esa idea es otra de las tantas mentiras del Frente Amplio: las clases populares son las que más sufren las rapiñas, los asesinatos y la impunidad con la que se mueven las bandas de delincuentes que asolan zonas enteras de la capital.

Porque a estas estadísticas terribles de inseguridad, hay que sumar que es precisamente en esas zonas populares en donde los jóvenes presentan los peores resultados escolares, y que es también allí en donde se verifican las situaciones de violencia más descarnadas, con bandas armadas que echan de sus casas en un santiamén a vecinos que viven desprotegidos, con policías que no logran cumplir con su deber de garantizar el orden público, y con un desamparo que termina en enormes dificultades de poder construirse un futuro de trabajo honesto y de prosperidad familiar, sobre todo para las nuevas generaciones.

Las responsabilidades son claras. No se trata de centrarlas solo en Bonomi o en Vázquez. Por el contrario, son tres períodos de gobierno en los que toda la izquierda gobernó con mayorías políticas propias. Es por tanto todo el Frente Amplio el que, lejos de cumplir con su autoproclamada sensibilidad por los más pobres, lo que ha hecho es hundirlos en el pozo de la mayor inseguridad de la que se tenga memoria.

El pueblo decidirá en este año de elecciones: o sigue con esta desintegración social de la que es responsable el Frente Amplio, o cambia de rumbo de forma de terminar con este desamparo de los más pobres.

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