EDITORIAL

Pluna, el avión de Atila

Todo el remate de la aerolínea de bandera uruguaya fue un tinglado pésimamente armado, con el propósito de… ¿de qué? ¿Qué se quería hacer y a quién se pretendía engañar con esa fantochada que cayó solita?.

Pluna fue el primer gran escándalo de las administraciones frenteamplistas y se estima que el daño a la economía uruguaya anduvo por los 300 millones de dólares. Pero, lo más grave del episodio fue que desnudó el pensamiento de sus jerarcas que confundieron el gobierno con el país y asumieron que una vez en el poder se convertían en los dueños del Uruguay. Creyeron que podían manejar a su antojo al Estado y sus recursos.

El primer capítulo fue la privatización de la aerolínea durante la primera presidencia de Vázquez con el inefable Astori como mago de las finanzas. Allí apareció Leadgate, una ignota empresa a cargo del argentino Matías Campiani, sin ningún antecedente en el rubro. En enero de 2007 Astori y el ministro de Transporte que también era el actual, Víctor Rossi, anunciaron la venta del 75% de Pluna (el restante 25% se lo quedaba el Estado uruguayo) totalmente saneada de deudas (con el Hotel Argentino de Piriápo- lis incluido) y la inminente inversión por parte del privado de 177 millones de dólares que incluirían la compra de veinte (20) aeronaves. Astori destacó en ese entonces “la profesionalidad con que se ha manejado el desarrollo del proce-so (…)” y subrayó que “cuando estas cosas no se hacen de esa manera, generalmente terminan mal…”.

La inversión nunca existió, pero sí la compra de solo siete aviones Bombardier por US$ 135 millones, con la garantía total del Estado uruguayo pese a que solo tenía el 25% de la empresa. Cinco años después, el pasivo superaba los US$ 300 millones mientras los activos alcanzaban solo a US$ 290 millones, lo que ubicaba a la compañía en situación de quiebra más allá del “visionario” augurio de Astori. En el Senado de la República, al actual intendente de Colonia, Carlos Moreira, en ese entonces senador, cargaba una y otra vez sobre la situación de la aerolínea, las promesas y compromisos incumplidos, el agujero negro que se agrandaba y la pasividad del gobierno. La mayoría automática del FA bloqueaba absolutamente todas las denuncias y negaba cualquier investigación.

A mediados de 2012, sorprendiendo a todos y en plena zafra de las vacaciones de julio, el gobierno de José Mujica abrumado por los números de Pluna y aduciendo que si seguía abierta el panorama iba a ser peor, decidió liquidarla y vender al mejor postor. Comenzó el segundo capítulo: el Plunagate, el de la vergüenza.

La subasta de los Bombardier se realizó el 1° de octubre de 2012, luego del rotundo fracaso de la primera convocatoria porque no apareció nadie. Y fue una oprobiosa parodia digitada por el gobierno porque iba por el mismo camino y el papelón pintaba como monumental. Allí entró en escena la predicción del presidente Mujica de que en pocos minutos Pluna tendría nuevo dueño. La empresa española Cosmo, con un capital de US$ 7 millones, pero poseedora de un milagroso aval del BROU por US$ 13 millones para ofertar (y comprar) por US$ 137 millones. “El caballero de la derecha”, persona de confianza de López Mena, dueño de Buquebus, con su nombre estratégicamente camuflado. Un panegírico del gobierno, “su responsabilidad”, “su transparencia” y su defensa “de los intereses del Estado” a cargo del ministro de Transporte, Enrique Pintado; una foto muy incómoda de El Observador y la rápida huida de Cosmo. Todo un tinglado pésimamente armado, con el propósito de… ¿de qué? ¿Qué se quería hacer y a quién se pretendía engañar con esta fantochada que se desplomó solita?

Cuando el Fiscal del Crimen Organizado, Juan Gómez, resolvió hacer la denuncia penal de oficio, la entelequia comenzó a temblar. En diciembre de 2013 pidió el procesamiento por el delito de “abuso de funciones” del Ministro de Economía, Fernando Lorenzo y del Presidente del Banco República, Fernando Calloia. Lorenzo presentó de inmediato renuncia a su cargo y dijo que “comparecer ante la Justicia es una obligación de todo ciudadano” y que deseaba hacerlo “sin ningún privilegio”. Calloia, mudo e impasible, permaneció en el cargo.

Ahora la Justicia por sentencia de segunda instancia ha confirmado los procesamientos. Ni Vázquez ni Astori han hecho un mea culpa por los errores cometidos Y Mujica sigue pavoneándose por ahí con cara de yo no fui, mientras dice que lo de Pluna tal vez pueda haber sido “una gran chambonada”, aunque después insistió con Alas-U. Raro en Mujica, tan locuaz normalmente y tan parco cuando se habla de este tema.

Lo cierto es todos los uruguayos seguimos pagando esas deudas y los aviones comerciales que durante 76 años cruzaron los cielos con nuestra bandera, después del Frente Amplio nunca más volverán a hacerlo.

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