Editorial

El Plenario manda

Sin el aval del Plenario del Frente Amplio, no hay posibilidad alguna de tomar decisiones de gobierno. Y este caso del TLC con Chile es muy ilustrativo.

La resolución del Plenario del Frente Amplio (FA) del pasado 23 de junio dejó conforme a mucha gente. Es que, finalmente, se decidió apoyar la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) que suscribió el presidente Vázquez con el gobierno de Chile en octubre de 2016.

Los optimistas señalan dos argumentos para quedar satisfechos con la salida que hubo a esta difícil coyuntura frenteamplista. El primero está resumido en lo afirmado por el diputado astorista Mahía: "Esta resolución representa un apoyo explícito de la fuerza política al gobierno". El FA discutió el tema, y a pesar de que claramente había posturas muy fuertes contrarias a la línea conducida por Vázquez en este aspecto de la política exterior, el partido de gobierno se terminó por decidir en el apoyo a su presidente. Los optimistas dicen pues que el Plenario actuó con responsabilidad política.

El segundo argumento es que el sector del Movimiento de Participación Popular (MPP), que responde al expresidente Mujica, supo hacer primar el viejo pragmatismo tupamaro y privilegió la gobernabilidad de toda la izquierda en el poder, antes que cualquier consideración ideológica que rechazara el instrumento del TLC. Para cualquiera que entienda algo de la relación de fuerzas dentro del FA, es evidente que el peso del MPP seguirá siendo protagonista en toda la izquierda en las próximas elecciones. Es positivo entonces que la sangre no haya llegado al río y que no se produjese ninguna ruptura frenteamplista por causa, en definitiva, de un tratado internacional que, como dijo Mujica, no cambia nada sustancial en la inserción internacional del país.

Pero la verdad de las cosas es que el resultado del Plenario del 23 de junio no es tan positivo como creen esos optimistas. Y ello por dos motivos esenciales.

En primer lugar, es muy negativa la legitimación política de las larguísimas demoras del FA y del gobierno para terminar de resolver si ratificaban o no este TLC con Chile. El argumento que señala que Santiago aún no lo había ratificado y que por tanto no había ningún apuro en que Montevideo lo hiciera, es francamente una tontería más de las muchas que se han escuchado entre los comentaristas proizquierdistas en todos estos meses. Porque es Chile quien ya está enteramente abierto al mundo y para su economía no era esencial ratificar este acuerdo, y porque en cambio es Uruguay el que tiene un enorme déficit comparado en apertura comercial y quien, por tanto, debía de mostrar interés y urgencia en avanzar en el TLC bilateral (y luego con la Alianza del Pacífico, etc.).

Lo cierto es que el FA y el gobierno muestran una enorme incapacidad de conducir los asuntos del país cuando se toman más de dos años entre negociaciones, firma y ratificación de un TLC con un socio comercial tan menor como es Chile para Uruguay. Los cambios en esta economía globalizada, y sobre todo los ocurridos desde 2016, son de tal envergadura que es muy grave que el gobierno de un país se demore tanto en obtener algo tan residual en materia internacional.

En segundo lugar, la legitimación del Plenario del FA como escenario clave para la definición del rumbo de políticas públicas importantes para el país, como lo es por ejemplo la apertura comercial, ratifica una vez más el enorme peso que tiene la izquierda más radical en las decisiones del FA. Esa izquierda está sobrerrepresentada en ese Plenario y su peso real en las urnas es mucho menor. Pero es ella la que, una vez más, demuestra que tiene la voz cantante entre todos los sectores del FA.

Sin el aval de ese Plenario no hay posibilidad alguna de tomar decisiones de gobierno. Y este caso del TLC con Chile es muy ilustrativo: hace más de un año que Vázquez tiene la posibilidad de sacar adelante la ratificación parlamentaria por el apoyo de los partidos de oposición. Sin embargo, todo este proceso político dejó claro que al FA no le importa nada lo que crea, opine y diga la mitad del país que votó por blancos, colorados e independientes: sigue siendo su Plenario el actor clave que decide sobre los temas de gobierno del país.

Finalmente, nada de esto va a cambiar con el FA de 2019. Sea quien fuere su candidato presidencial, será el Plenario el que siga mandando. Sea cual fuere el acuerdo político que pueda conseguir para tener votos en el Parlamento que le den gobernabilidad en la eventualidad de no alcanzar mayoría absoluta propia en ambas Cámaras en las elecciones legislativas de octubre de 2019, será el Plenario el que siga mandando.

Importa tenerlo claro para no mentirse ni ser engañado al momento de votar.

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