EDITORIAL

La plataforma de COFE

La central de trabajadores del Estado plantea aumentar los impuestos a las empresas, eliminar las zonas francas, terminar con las Afaps, bajar el IVA y el IASS y, como broche de oro, reducir su jornada laboral.

Pocas veces hemos visto una plataforma reivindicativa que recoja tan bien un conjunto de postulados totalmente opuestos a nuestro modo de pensar y al bien común general. Pero en este caso no sólo recoge una idea totalmente diferente de país en lo económico y social, sino que contiene algún planteo que extiende las diferencias al campo de la ética, al terreno de la discusión sobre la excelencia o la mediocridad como ideales, más allá de posiciones políticas.

Un primer planteo sugiere asociar el salario real del sector público al crecimiento del PBI, como si el agregado de valor dependiera solo del sector público, lo que es ridículo. Por otra parte, el siguiente conjunto de medidas solicitadas, de modo absolutamente evidente atentan precisamente contra ese crecimiento. Hay una serie que aumentan directamente el gasto público en su componente salarial sin contrapartida alguna, queriendo agregar el cobro del salario vacacional y terminando con la eliminación de vacantes, como si el salario del sector público no tuviera nada que ver con la fragilidad macroeconómica que padecemos. Cabe señalar que disponer de salario vacacional como los privados sería tanto como intentar equiparar lo que es de suyo diferente.

La inamovilidad laboral, privilegio que debería discutirse, ya suma bastante como para querer extender más beneficios a quienes en tiempos de desempleo los tienen en grado máximo. Quizás sería bueno responder a COFE: cambiemos el salario vacacional y las primas varias por el abandono de la inamovilidad… de lo contrario ser empleado público es la chancha y los cuatro reales...

El planteo establece una larga serie de incrementos de gasto sin contrapartida, por ejemplo aumento de salarios reales porque sí, provisión de todas las vacantes, nocturnidad, etc. No se menciona para nada que desde 2005 el neto de incremento de empleados supera los 70 mil, lo que supone que los nombramientos deben haber por lo menos triplicado esa cifra, en tanto la reducción anual normal por muertes, jubilaciones o renuncias es alrededor de 10 mil cargos. Se trata de un escándalo, que ahora quieren consolidar, sin olvidar de paso querer un aumento del gasto en educación en función del PBI pero sin contrapartida alguna, con cualquier calidad, responsabilidad, etc. Por si fuera poco, en este paraíso socialista se plantea eliminar las Afaps olvidando incluso, el plebiscito correspondiente y - todo da para pedir- un 1 % para la investigación, otro disparate. No el número que es lo de menos, sino sin saber para qué, con quién, de qué modo, etc.

Continuando con esta revolución que plantea llegar desde COFE al socialismo, el agravio a la empresa pasa por aumentar el impuesto a la Renta, al Patrimonio, eliminar zonas francas, exoneraciones fiscales, poner tasas más progresionales a la riqueza, siempre soñando con que el capital así agraviado se quede en el país para producir y generar más impuestos para gastar en más funcionarios del Estado, y sin olvidar el planteo de bajar el IVA y el IASS a los empleados públicos.

El dislate no solo es mayúsculo en lo económico sino sectario en lo social - para los empleados públicos todo, para los demás nada y que la plata salga de cualquier lado- y ridículo en lo institucional.

Pero lo mejor lo dejamos para el final porque el contenido de la propuesta que vamos a comentar es todo un retrato de quienes la proponen, de cuál es el modelo de sociedad en el que desean y nos proponen vivir. En efecto, la idea es ganar más, pagar menos impuestos, que otros financien, pero todo esto -aquí viene lo mejor- trabajando menos, reduciendo la jornada laboral.

En muchas culturas el solo planteo de trabajar menos es un agravio al sentido de la excelencia que nos enseñaron con el ejemplo, nuestros antepasados inmigrantes. Estos siempre asociaron el éxito y -mucho más importante- la excelencia, al esfuerzo máximo, al trabajo denodado, a sacar adelante una familia o un negocio no en base a prebendas o canonjías, ni mucho menos chupando la sangre a los demás.

Algún día veremos empleados públicos que en lugar de deshonrar su función con este tipo de planteos, quizás propongan ser muchos menos para ganar mejor, trabajando más, y ofreciendo servicios a sus compañeros de camino: el ciudadano común, el empresario privado, sabiéndose parte de una sociedad que puede crecer de modo armónico, pero no en base a la mayor hipertrofia del sector público que nos dejarán estos 15 años de frenteamplismo.

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