EDITORIAL
diario El País

El Pit-Cnt por encima de la ley

La capacidad de asombro no tiene límites. Y en las últimas horas, los uruguayos hemos vuelto a superar el umbral de estupefacción con el rosario de disparates pronunciados por uno de los líderes máximos del Pit-Cnt.

El señor Fernando Pereira, haciendo comentarios críticos a los cambios respecto a la ocupación de los lugares de trabajo que incorpora la Ley de Urgencia, emitió una serie de comentarios que deberían indignar incluso al uruguayo más acostumbrado a los excesos de los dirigentes sindicales locales.

Pereira sostuvo que “La huelga es un derecho de hecho, la Constitución es hija de la huelga y no al revés”. ¿Un derecho de hecho? ¿Qué quiere decir eso? Francamente, como para dejar en blanco a los teóricos más afinados de la filosofía del Derecho. Pero como si eso fuera poco, la afirmación de que la “Constitución es hija de la huelga”, haría lo mismo con todos los tratados de historia nacional que se han escrito hasta el momento.

Pero no conforme con eso, Pereira dijo que “Si a nosotros nos quitan un derecho que ganamos en la cancha, lo vamos a seguir disputando en la cancha, no es un problema de legalidad”. O sea que según este señor dirigente sindical, la ley es algo secundario, y lo que importa es ver quién es más guapo “en la cancha”. ¿Usted se imagina lo que puede llegar a provocar la generalización de una visión de ese tipo? ¿Si todos nos inclinamos a creer que las reglas de convivencia se basan en “ganar en la cancha”, en vez de respetar los mecanismos legales?

El señor Pereira parece creer que él y su organización están por encima de la ley. Que ellos pueden salir a “la cancha” e imponer su punto de vista al resto de la sociedad “de pesado”. O sea, volver a la ley de la selva.

Y para cerrar por todo lo alto, el señor Pereira remató su tratado de derecho constitucional afirmando que “Ya me lo han preguntado: ‘¿usted está dispuesto a violentar?’, y sí”. “Vamos a ocupar igual. Los derechos no se suspenden por ley”.

Sí, Pereira, ¡los derechos se suspenden por ley! ¿Sabe por qué? Porque el Parlamento más o menos desde la Carta Magna allá por el año 1200, es el lugar donde reside la soberanía popular. Y sus leyes, deben ser respetadas por todos los ciudadanos, o serán aplicadas coercitivamente con el apoyo de la fuerza pública. Es el mojón sobre el cual se ha desarrollado todo el sistema democrático occidental.

Como Pereira claramente ignora las cosas más básicas del desarrollo normativo, cultural y hasta histórico de la civilización occidental, vamos a darle un par de “tips” básicos, al menos para que no repita estos disparates sin aviso.

El mundo era un lugar oscuro, hostil, desigual. Donde reinaba la ley del más fuerte, y al rico y al poderoso, nadie podía ponerle límites. A menos que fuera una persona todavía más rica y poderosa que él. Todo eso empezó a cambiar (al menos en la civilización occidental judeo-cristiana), cuando se aceptó que la soberanía en una sociedad, radica en su gente, en el pueblo. El paso siguiente fue definir cómo ese pueblo se iba a dar instituciones y formas de gobierno que respetaran sus derechos.

Así surge la constitución, que es el conjunto de reglas que definen la convivencia, la forma en que se implementarán las leyes que regularán la vida de cada uno, y los conflictos de poder. Esa Constitución, y las leyes que se votan de acuerdo a como ella lo define, son la garantía que tienen los ciudadanos de vivir en un país civilizado. Un país donde la gente sabe que tiene derechos que serán respetados, sin importar si es grande o chico, rico o pobre. Y, sobre todo, le da garantías a la persona de que esos derechos serán válidos aunque usted sea uno, y del otro lado tenga a una patota que se piensa que se puede llevar el mundo por delante.

A ver si somos claros, la Constitución, la ley, igual que el derecho de propiedad, son garantías establecidas para cuidar y hacer respetar los derechos de los más débiles. Y si alguien quiere cambiar alguna norma de estas, existen mecanismos para ello. Pero se necesita la adhesión de más de la mitad de la sociedad.

El señor Pereira parece creer que él y su organización están por encima de la ley. Que ellos pueden salir a “la cancha”, e imponer su punto de vista al resto de la sociedad. O sea, volver a la ley del más fuerte. Pues, lamentablemente para él, eso no va a pasar. En este país existe una abrumadora mayoría de la sociedad que quiere vivir, trabajar y desarrollarse en paz, en base a un sistema que todos hemos acordado y que está en la Constitución. Así como cuando otros gobiernos votaron leyes que a muchos no nos gustaban, y se aceptaron (o se buscaron formas legales de enfrentarlas), al señor Pereira le ha tocado ahora el turno de hacer lo mismo. Si no le gustan las reglas, tiene todo el derecho de intentar cambiarlas. Pero si piensa que se va a llevar por delante “de pesado” a la ley y a la constitución del país, está muy equivocado.

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