Editorial

Por qué pierde el Frente Amplio

Casos rampantes de corrupción, acomodos a mansalva, resultados educativos que muestran un deterioro evidente y una fragmentación social creciente es parte del legado de tres administraciones del FA.

Las encuestas de intención de voto a un año de las próximas elecciones nacionales muestran que la principal novedad respecto a las tres elecciones anteriores es que el Frente Amplio está más de 10 puntos por debajo en su intención de voto a la misma altura del partido. Vale decir, el Frente debería remontar más de 10 puntos en los próximos meses para comenzar a pelear la elección. Es razonable esperar que algo suba en las encuestas en la medida que algunos frentistas descontentos terminen volviendo al redil, pero no que lo hagan en forma masiva porque la desilusión es demasiado grande.

Las encuestas están reflejando un hecho bastante evidente, el Frente Amplio ha decepcionado a sus propios votantes. De buena fe creyeron que con la izquierda en el poder se terminaría con la corrupción, los acomodos y se resolverían problemas como los que enfrentaba la educación o las situaciones que enfrentan las poblaciones más vulnerables. Y nada de eso ocurrió.

Casos rampantes de corrupción, acomodos a mansalva a lo largo y ancho del Estado, resultados educativos que muestran un deterioro evidente que nos sacó del sitial de privilegio en el continente para dejarnos debajo de la mitad de tabla y una fragmentación social creciente es parte del legado de las tres administraciones frentistas que sufrimos los uruguayos.

Ahora, con el mismo menú de candidatos sobre la mesa que viene desde hace tiempo (aunque el fantasma de una candidatura de Mujica aún no puede terminar de descartarse) es posible ver por qué el Frente Amplio no levanta en las encuestas.

El por ahora candidato favorito, Daniel Martínez, ha sido un pésimo gestor de Ancap, corresponsable junto a Raúl Sendic de haberla fundido aunque escapó de buena parte del costo político simplemente por haber abandonado el barco a tiempo.

Como intendente lo único que ha logrado es levantar varias calles de la ciudad sin ton ni son en los últimos meses con obras eternas y de mero mantenimiento. Ninguna obra de infraestructura nueva para Montevideo. Ni siquiera teniendo el fondo capital para invertir y endeudar a los montevideanos, logró hacer una obra.

Pero no solo es la nada misma en obras, también lo es cuando habla. Es imposible sacar de una entrevista o de un discurso de Daniel Martínez algo que no sea una sarta de lugares comunes a favor del bien y en contra del mal con innovación y tecnología. Pocas veces un político fue tan evidente al mostrarse tal cual es, sin ideas, sin proyectos y sin capacidad siquiera para formular un discurso medianamente coherente. ¡Y es el favorito del oficialismo!

Carolina Cosse ganó fuerza este fin de semana al ser proclamada por el Movimiento de Participación Popular (MPP), lo que le asegura una base militante importante aunque difícilmente logre pelear la interna. Muchos uruguayos no saben quién es y muchos de los que la conocen no la votan ni abajo del agua. La construcción de su candidatura en base a clientelismo y obras absurdas recuerda lo peor de la práctica de los partidos tradicionales, algo que ya todos los uruguayos rechazan de plano. Su gestión como presidenta de Antel fue igualmente deplorable que la de Martínez-Sendic en Ancap, con la diferencia de que partía de un balance abultadamente superavitario. Su discurso basado en que conoce hacia dónde va el futuro quizá puede tener alguna tracción entre prestidigitadores, adivinos y meteorólogos.

Andrade y Bergara, por su parte, son candidatos meramente nominales. La única propuesta esbozada por Andrade es que quiere subir los impuestos, cuando si hay algo que es a todas luces evidente es que el Uruguay no resiste más impuestos. Bergara estuvo encargado de controlar la inflación, ese era su único trabajo, y lo hizo rematadamente mal, con una inflación siempre mayor al rango meta que él mismo fijaba y poniendo a Uruguay con una de las inflaciones más altas del continente.

En definitiva, los antecedentes del partido de gobierno y de sus candidatos son pésimos para aspirar a un nuevo mandato y a la máxima responsabilidad política del país. Pero hay algo aún más importante y es que todos son parte del mismo proyecto político que viene cocinando a fuego lento al Uruguay, privando a las personas de oportunidades, poniéndole más impuestos a la clase media y sacándole las canastas alimenticias a los más pobres y cortando planes sociales en las cárceles. El país necesita un cambio y nada puede esperarse de una nueva administración frentista presidida por Martínez o Cosse.

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