Editorial

Más pibes chorros

Hay datos muy claros que dicen que el delito no es algo que esté limitado a un submundo particular, sino que por el contrario es algo protagonizado sobre todo por jóvenes, que crece y se extiende por la sociedad.

Una de las consecuencias positivas de las polémicas declaraciones del director nacional de Policía sobre la evolución del delito, es que se volvió a poner en el tapete un problema social que el país no termina de enfrentar: el vínculo entre delincuencia y juventud.

Si se analizan algunos datos que surgen de los anuarios estadísticos del INE de 2016 y de 2017, es evidente que de un año al otro se repiten situaciones escalofriantes que dejan muy claro el rumbo de anomia y desintegración social que tomamos en esta década larga de gobiernos frenteamplistas.

No es un asunto por tanto de percepciones actuales tergiversadas o de perspectivas futuras exageradas. Esto se ve claramente, por ejemplo, en los perfiles demográficos de los mayores de edad procesados penalmente en 2015 y en 2016, que fueron los últimos dos años previos a la implementación del nuevo código de proceso penal (que implicó cambios en estas cifras ya para 2017).

¿Cuáles son los principales resultados? Primero, se destaca el aumento de la cantidad de procesamientos registrado según el tipo de delitos: en 2015 fueron 14.237 casos y en 2016 llegaron a 14.869. El delito crece en todo el país, y también crece el número de procesados penales.

Segundo dato y más importante aún, es la enorme proporción de jóvenes menores de 35 años en el total de los procesados: fueron 73% en 2015 y 74% en 2016, es decir casi tres de cada cuatro. Los más jóvenes son incluso los más numerosos: más de 6.200 de los procesados tenían entre 18 y 25 años de edad en 2016, superando así la terrible cifra de más de 6.000 del año 2015. Esto implica que, medido por el tipo de delitos, se procesó penalmente en promedio a unos 15 jóvenes de entre 18 y 25 años, por día, en esos dos años.

Hay dos tipos de delitos que contribuyen muchísimo a la inseguridad que sufre la gente: los hurtos y las rapiñas. En ambos casos, en más de un 85% tanto en 2015 como en 2016, la inmensa mayoría de los procesamientos fueron a menores de 35 años. En total en 2016, 3.143 jóvenes entre 18 y 25 años fueron procesados por un delito de hurto o rapiña, lo que quiere decir que de los más de 15 en promedio por día, casi 9 fueron procesados por estos dos delitos.

La tragedia que muestran estas estadísticas refiere también a la cantidad de procesados sin antecedentes penales. Medido por el tipo de delito, en total fueron 6.849 en 2015. Aumentó casi un 10% en 2016, llegando a 7.525. Para 2016 en particular, los procesados que no tenían antecedentes penales fueron algo menos de la mitad del total de los procesados.

Estos datos, terribles, echan por tierra todo el argumento oficialista de que hay una cultura del delito cerrada, con un submundo propio al cual no entra gente nueva. La verdad es que en dos años se alcanzó la tremenda cifra de unas 13.000 personas procesadas penalmente y que no tenían antecedentes delictivos.

En el mismo sentido, debe haber pocos datos tan claros para mostrar hasta qué punto el delito no es algo que esté limitado a un submundo particular, sino que por el contrario es algo protagonizado sobre todo por jóvenes y que crece y se extiende en la sociedad, como el siguiente: en 2016, más de 2.000 de los procesados sin antecedentes penales iniciaron su carrera delictiva cometiendo un hurto o una rapiña, lo que significa que fueron más de 5 por día. Además, fueron más numerosos que los 1.810 que así actuaron en 2015.

Finalmente, los datos quizá más alarmantes son los relacionados a los procesados por homicidios culposos, es decir sin intención, y simples. En 2015, prácticamente 2 de cada 3 procesados por homicidio empezaron con este gravísimo delito su carrera criminal. Además, 131 de los procesados por este delito eran muy jóvenes, ya que tenían entre 18 y 25 años.

Pero para 2016 este negro panorama fue aún peor. Primero porque los procesados por estos tipos de homicidios fueron más numerosos: 379 en total, de los cuales 241 eran personas sin antecedentes penales, es decir la misma gravísima proporción de 2 de cada 3 que en 2015. Y segundo, porque también aumentó la cantidad de jóvenes entre 18 y 25 años procesados por este delito, que pasaron a ser 147 en total. Así las cosas, en dos años, el país procesó a más de 2 jóvenes de entre 18 y 25 años sin antecedentes penales, en promedio y por semana, por el delito de homicidio.

Seguramente tanta estadística abrume. Pero ver la frialdad de los números en detalle tiene la virtud de mostrar objetivamente que la situación está cada vez peor. Y que la responsabilidad del gobierno frenteamplista es enorme.

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