EDITORIAL
diario El País

El perro del hortelano

Ni a Lope de Vega se le pudo ocurrir una situación más ajustada a la expresión del título.

El avance del actual gobierno en una negociación comercial con China ha generado comentarios tan asombrosos de parte de algunos dirigentes frenteamplistas, como los silencios de otros que se han llamado a ocupar los más altos cargos públicos. Una señal de la decadencia en la que ha incurrido esa fuerza política, antiguamente llamada a ser un “partido de ideas”, pero donde hoy esas ideas apenas funcionan como palos en la rueda del país.

No habían pasado 10 minutos del anuncio del gobierno del final del estudio de prefactibilidad que la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, se sintió obligada a lanzar un vaticinio apocalíptico. “Si nos abrimos de un día para el otro a China, adiós industria del Uruguay”, lanzó la intendenta, con su habitual expresión de profundidad, mientras entrecerraba los ojos, como oteando el futuro con expresión compungida. Hay que reconocerle que logró un milagro: en apenas un frase, acumular falsedad, ignorancia y mala fe, en proporciones equivalentes.

Primero, nadie está hablando de abrir todo el mercado “de un día para el otro”, y de hecho todas las negociaciones comerciales se dan, justamente, para ver la forma escalonada en que se abren sectores que son sensibles para cada país. Segundo, la industria del Uruguay ya está bastante golpeada, en buena medida por las políticas laborales y comerciales de los gobiernos del FA. Por último, en vez de pensar en chiquito, lo razonable es hacerlo en grande, y ver cuánto se beneficiará nuestra industria, de acceder a mejor precio a productos chinos, para luego usarlos como insumo, o agregarles valor, para distribuirlos en la región.

“No habían pasado 10 minutos del anuncio del gobierno del final del estudio de prefactibilidad de un TLC con China, que la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, se sintió obligada a lanzar un vaticinio apocalíptico.

Pero, además, la intendenta parece olvidar lo que ha sucedido con la industria uruguaya gracias a los amigos ideológicos de su partido. ¿No sabe cuántas industrias uruguayas han caído debido a las políticas proteccionistas y erráticas de Argentina?

Hablando de eso, casi tan sonoro como el disparate de Cosse, ha sido el silencio de su principal rival en la interna del FA, Yamandú Orsi. ¿No es raro que alguien a quien se señala como inminente candidato a la presidencia, no tenga nada que decir de todo esto, salvo un comentario lavado en una ignota FM? Es más, en general es poco y nada lo que se sabe sobre la mirada internacional del intendente de Canelones, salvo cuando dijo aquel disparate de que Alberto Fernández era un “Clase A de la política”, sentencia que lo perseguirá por años, ante la debacle actual de los vecinos.

Es tan grave la orfandad en materia de mirada profunda y global de la política en el Frente Amplio, que quien se ha venido erigiendo en vocero oficioso de la fuerza en estos temas es el senador (!) Caggiani, del MPP. Sí, el mismo que ha defendido el proceso chavista, al kirchnerismo, a los corruptos del PT en Brasil, y a todo dirigente con aire autoritario que abreve en las ideas de izquierda. Según este dirigente, “no se puede abrir la puerta a China y cerrar la del Mercosur”. Realmente una cita que pondría verde de envidia a Winston Churchill o a Descartes. Uruguay tiene que abrir todas las puertas posibles y el Mercosur, sobre todo sus amigos kirchneristas, son los que pretenden poner un muro frente al resto del mundo, y obligarnos a nosotros a vivir de su lado.

No contento con semejante rapto de brillantez, Caggiani afirmó que “todo este lío que se está haciendo por 150 millones... para el sector cárnico” y “que no sabemos si lo va a distribuir”.

A ver... el sector cárnico es el principal sector industrial del país, así que por ese lado, no estaría mal contemplarlo. Pero el problema es que lo que dice el senador es de un nivel de ignorancia supino.

Los acuerdos comerciales no se hacen sólo para eliminar aranceles, que en nuestro caso con China es más del doble de lo que dice Caggiani. Es que cuando uno se vuelve más competitivo frente a un mercado de las dimensiones de China, se abren enormes canales de inversión, de gente que aspira a ingresar a ese mercado. Sin mencionar que ayuda a integrar las cadenas de valor industrial, que hoy son globales. Y que brinda una certeza jurídica que ayuda a lograr más confianza y riqueza.

Lo peor de todas estas reacciones es que solo pueden ser el producto de dos cosas. O una absoluta ignorancia en cuanto a cómo se mueve el mundo hoy, y a cual es la realidad de nuestra economía e industria. O a una mala fe portentosa, de gente que está dispuesta a causar un perjuicio al país, con tal de obtener alguna microbiana ventaja política. Ninguna de las opciones es estimulante, viniendo de dirigentes con relevancia política.

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