EDITORIAL
diario El País

El perro de Alcibíades

Alcibíades (450-404 AC), sobrino de Pericles y discípulo de Sócrates, era un magnífico estratega y un ídolo popular en Atenas.

Buena pinta, simpático, inteligente, conocía muy bien a los atenienses y a poco de interesarse por la actividad política logró que ellos se volcaran en su apoyo. Así fue haciendo carrera y alcanzó altos puestos en el gobierno de la ciudad-estado. Su mal desempeño le jugó en contra y fue perdiendo popularidad, al punto que la gente no hablaba de él, y si lo hacía era para criticarlo.

Entonces se compró un tan exótico como magnífico perro, cuya espléndida cola destacaba por su vistosidad, al precio de 7.000 dracmas de entonces (cada dracma era de 4,3 gramos de plata), una fortuna para la época. A diario salía a pasear por el ágora (la plaza pública que congregaba a los ciudadanos) con su perro y toda Atenas se olvidó de la mala gestión pública de Alcibíades; todos hablaban de su espléndido perro de tan hermosa cola y el dineral que había costado. Nadie sacaba a relucir su gestión pública.

Pasado un tiempo, el perro dejó de ser novedad, desapareció de los temas de conversación y retornaron las críticas. Y entonces un día, apareció Alcibíades en el paseo junto a su perro, pero -para sorpresa y disgusto de muchos ciudadanos- con el rabo tan hermoso amputado. De inmediato y por mucho tiempo, el ágora fue escenario de grandes discusiones. Cuando sus amigos le preguntaron por qué había hecho eso, arguyó que así, mientras los atenienses perdían el tiempo dirimiendo sobre ello, no lo empleaban en criticar su mal gobierno.

Sin perro a la vista, pero con el mismo objetivo, el expresidente Vázquez, de pique nomás, ha dedicado su actividad política a criticar periódicamente al gobierno de Lacalle Pou. El objetivo es destacar su presencia y buscar evitar que se recuerde su pésima gestión de gobierno, en momentos en que empiezan a aparecer irregularidades y la lucha contra el coronavirus desnuda el legado de una desconocida y triste realidad. Repasemos lo actuado por el expresidente:

-A 20 días de asumir el nuevo gobierno y una semana después de la aparición del coronavirus y la decisión del presidente Lacalle Pou de pedir al pueblo una cuarentena voluntaria para estimular el distanciamiento y al mismo tiempo respetar la libertad de los ciudadanos, Vázquez salió al cruce reclamando “una cuarentena total”. No solo marcó su diferencia con el gobierno sino que lo traicionó su ideología y fue por una medida autoritaria.

Sin perro a la vista, Vázquez ha dedicado su tiempo a criticar periódicamente al gobierno de Lacalle Pou, para mantenerse notorio y evitar, además, que la gente recuerde el desastre de su gobierno.

-Muy suelto de cuerpo, sesenta días después el expresidente dijo que el Poder Ejecutivo ha ido en la dirección correcta en el plano sanitario: “la pandemia se está llevando bien”, y recordó que el FA ha “acompañado las medidas del gobierno”. Nada dijo de sus anteriores declaraciones ni que el acompañamiento del FA se concretó a través de una caceroleada, aunque mucha gente se encargó de decírselo y quedó “repegado”.

-Ironías y críticas a la coalición republicana por problemas internos (que se manejaron públicamente y no barriendo la mugre bajo la alfombra) cuando apenas llevaba 90 días en el gobierno.

-El ataque reciente a la gestión del ministro Jorge Larrañaga por el tema seguridad. Pocas veces se vio algo tan ridículo. Pretender que, tras 15 años de caos absoluto en esa materia porque se entendía que los delincuentes eran “buenos” y solo un producto de la sociedad que era “mala”, bastaban cuatro meses para solucionar el tema, es un planteo de notoria mala fe, impropio de un expresidente de la República. Pero con un micrófono mediante y los medios cubriendo, algo tenía que decir aunque, como ocurrió con la cuarentena, después se tenga que rectificar por la fuerza de los hechos.

Han sido tan absurdas las intervenciones de Vázquez que da para pensar que las ha hecho al solo efecto de distraer la atención sobre la pobreza de su gobierno y cómo quedó el Uruguay tras su última presidencia y quince años de Frente Amplio.

¿Algo para rescatar en materia de educación, seguridad, relaciones internacionales, Venezuela, agropecuaria, vivienda, construcción? ¿Déficit fiscal, endeudamiento, inflación, desempleo, corrupción y las relaciones laborales manejadas a su antojo por el Pit-Cnt y Murro? ¿El Mides, Ancap, Sendic, Antel Arena, coautoría en la Regasificadora o Alas-U? Si algo caracterizó al último mandato de Vázquez fue la nada, no hizo absolutamente NADA, salvo disputarle a Mujica el título de “peor presidente de la historia”.

¿Qué le hubiera hecho Alcibíades al perro con toda esta larga lista de arbitrariedades y fracasos a cuestas?

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