EDITORIAL
diario El País

Pequeña ayuda para los amigos

El título de la inolvidable canción de los Beatles viene a cuento porque, a escasos 15 de la asunción del gobierno electo, el Poder Ejecutivo saliente acaba de adjudicar tres señales de televisión, que deberán ser obligatoriamente incorporadas al menú de canales de los cableoperadores del país.

El gobierno que en cinco años no fue capaz de salvar a los indigentes de vivir a la intemperie, que se despide con la vergüenza mundial de admitir explícitamente ante la justicia que “no es posible que el Estado garantice que no ocurra ni una sola muerte ni episodio violento” en los centros de reclusión, ese mismo gobierno otorga a tres señales de televisión, entre gallos y medias noches, la indudable ventaja competitiva de llegar a todos los hogares del país integrados al sistema de tevé para abonados.

Y nada es casual, porque dos de los favorecidos son canales pertenecientes a Federico Fasano, conocido operador periodístico de la izquierda desde hace cuatro décadas.

En su edición de ayer, el semanario Búsqueda recoge el testimonio de varios dirigentes políticos que deploran la iniciativa. No son ni blancos ni colorados: integran las filas del propio Frente Amplio.

Para el diputado Gustavo Olmos, del sector de Mario Bergara, se trató de “una mala decisión”, “por los beneficiarios y por el gobierno”. Recuerda que incluso la cuestionable Ley de Servicios Audiovisuales (la ley de medios chavista que nos hereda el FA), impide la concesión de frecuencias radioeléctricas en los doce meses previos y seis meses posteriores a las elecciones nacionales. Claro, una cosa es un canal de televisión y otra una frecuencia radioeléctrica: siempre hay alguna minucia semántica que les permite vulnerar el espíritu de las normas. El diputado del MPP Gabriel Otero también advierte que "indudablemente se podría haber pensado que el momento no era el oportuno”. Hasta Gustavo Gómez, uno de los hombres de confianza del ex presidente Mujica en esta materia, admitió que la concesión "fue legal pero políticamente inoportuna", porque "hay que mantener el viejo principio: hay que ser y parecer”.

A escasos quince días de la asunción del gobierno electo, el Poder Ejecutivo saliente acaba de adjudicar tres señales de televisión, que deberán ser obligatoriamente incorporadas al menú de canales de los cableoperadores de todo el país

Lo cierto es que el mismo presidente Vázquez que, en uno de los actos inaugurales de su primer gobierno, cesó de Salud Pública a quien competía con él en los servicios de radioterapia, ahora amplía con base legal la cobertura de unas señales televisivas que están mandatadas para ser fuertemente críticas del gobierno entrante. Pero no de una oposición seria, sino de esa clase de oposición que practicó Fasano desde la prensa a lo largo de casi medio siglo, como cuando difamaba a Wilson Ferreira, acusándolo de ser financiado por la petrolera Esso o cuando injuriaba en forma soez a un Enrique Alonso Fernández agonizante, por haber denunciado sus prácticas periodísticas y comerciales. Y ni que hablar de su consistente conducta avasalladora de los más elementales derechos laborales, que hizo reconocer al dirigente Luis Curbelo, de la Asociación de la Prensa Uruguaya, que “se le dio un canal a gente que le ha jodido la vida a decenas o cientos de trabajadores”.

Por estos y tantos otros antecedentes, el Frente Amplio tuvo a bien tomar distancia del modus operandi de Fasano, pero eso no impide que ahora, necesitado de medios que lo reposicionen ante la opinión pública en el próximo lustro, le haga este presente de incalculable valor, a escasos días del cambio de gobierno.

Ellos arguyen que el mecanismo de adjudicación fue transparente. Ponen por delante la inclusión en el paquete aprobado de Canal U, una señal con la que “nadie se mete”, porque su dueño Manuel Soto, según el director frenteamplista de la Ursec Nicolás Cendoya, “es un muchacho rubio de ojos celestes” (sic).

Tanta vocación inclusiva no impidió a la Ursec dejar afuera de la adjudicación a la señal Cardinal TV, integrada por los cableoperadores del interior. ¿Será casualidad que fue justamente el interior el que selló la derrota del frenteamplismo en las elecciones?

El ritmo de la gestión del gobierno saliente en el último mes y medio ha sido de una celeridad digna de mejor causa. Porque no estuvo signado por medidas proactivas en beneficio de los grandes problemas nacionales, sino por la voluntad expresa de dejar un campo minado al gobierno electo.

Son los últimos estertores de una máquina de poder a la que se le acabó el combustible, manotazos de ahogado para contener un cambio ya irreversible, que felizmente reinstalará la ética pública y la tan postergada vigencia del republicanismo.

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