EDITORIAL
diario El País

Pensar en el después

Los números de contagiados, de internados en CTI y de muertos por causa del Covid-19 parecen estar en una suerte de planicie. No aumentan con aquella progresión que tanto asustó hace unas semanas, pero tampoco bajan.

Que no aumenten es una buena señal. Pero solo cuando esas cifras empiecen a bajar, las cosas se podrán mirar de otra manera.

Un tercio de la población ya fue vacunada con la primera dosis y en las próximas semanas, se llegará a igual número con segunda dosis. Es otra buena señal. Una realmente importante.

Quiere decir que las restricciones moderadas pero necesarias puestas por el gobierno, junto con un sostenido proceso de vacunación, empiezan a dar resultados.

Ese muy inicial optimismo está llevando a que en Europa y Estados Unidos se tomen previsiones para cuando las cosas cambien: medidas para dinamizar la economía, incentivar la producción y profundizar el intercambio comercial.

Además, una de las principales preocupaciones es saber que pasará en el mundo del empleo. Si bien diferentes en su naturaleza, todas esas medidas apuntan a lo mismo, que es “pensar el día después”.

Desde hace tiempo, diferentes sectores (incluso a través de nuestros columnistas y de anteriores editoriales) comenzaron a invitar a que acá también se piense en ese día después.

De ese modo, lograr que el país esté pronto para despegar una vez que el clima de epidemia, acá y en el resto del mundo, se haya despejado.

El tiempo que habrá de venir no nos puede tomar desprevenidos y con la guardia baja. Uruguay debe estar pronto para aprovechar esa oportunidad y ubicarse bien. Al terrible flagelo que ha sido esta pandemia solo se le ganará, cuando pase, con una revancha bien diseñada.

Uruguay ya ha venido haciendo algunas cosas. En primer lugar, tomó medidas para restringir la movilidad, pero en forma moderada. Con ello la economía no se detuvo y los sectores más vulnerables no quedaron tan desamparados.

¿Se pudo haber tomado medidas aún más severas? Tal vez, pero eso no necesariamente hubiera evitado el embate reciente del virus, y al menos evitó caer en la tentación autoritaria y mantuvo al país andando.

Otras naciones (basta mirar lo que está pasando cerca nuestro) se pusieron o demasiado rígidos como Argentina, o demasiado laxos como Brasil, y en ningún caso pudieron parar el brutal empuje de contagios. Por otra parte, ninguno de los dos termina de resolver una buena estrategia de vacunación y para colmo, en el caso argentino, su economía no ha hecho más que complicarse.

El nuevo impulso del Fondo Coronavirus ayudará a contener el drama so- cial que trae la pandemia (por la paralización de actividades tanto como por la enfermedad en sí misma) y permitirá que los motores sigan andando, por poco que sea.

La actividad agropecuaria ha podido funcionar bien en este período y de seguir así, estará bien ubicada para cuando las cosas mejoren y el mundo demande bienes y alimentos como los que se producen acá.

El nuevo impulso del Fondo Coronavirus ayudará a contener el drama social que trae la pandemia (por la paralización de actividades tanto como por la enfermedad en sí misma) y permitirá que los motores sigan andando, por poco que sea.

Es bueno que en este tiempo Uruguay haya estado activo en su búsqueda de una mayor apertura comercial con el mundo. Por cierto sigue pendiente el tema de la “flexibilización” del Mercosur pero desde que asumió, el actual gobierno no se dejó estar en este tema y mantuvo una firme y visible iniciativa.

La propuesta presentada ante el Mercosur semanas atrás es clara y prudente, pero también firme en cuanto a los intereses de Uruguay.

De todos modos, es un paso que no admite que la respuesta se demore demasiado. Uruguay se juega mucho y debe tener presente la posibilidad de rápidamente buscar alternativas en caso de que el desenlace no sea bueno o la respuesta tarde más de la cuenta (que sería igual de malo).

Es en ese terreno que Uruguay debe trabajar intensamente en estos meses y estar pronto para cuando los mercados se vuelvan a dinamizar.

También deberá pensar en el diseño de buenas políticas de empleo. Ese será un desafío que impactará al mundo en la medida que cada vez más hay tareas que ya no son necesarias ni se sustituirán por otras. Se viene un tiempo donde el desempleo será una realidad más allá de cuan bien funcione la economía de un país. Para eso habrá que estar preparado.

En otras palabras, mientras el país sigue su carrera hacia una vacunación lo más masiva posible y sufre los coletazos dramáticos de una pandemia que no termina de irse, ya debe empezar a pensar en el después.

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