Editorial

Peleado con el mundo

De un tiempo a esta parte, el canciller Nin siempre luce enojado, siempre tiene un desaire o una reacción agresiva, incluso cuando se le consulta acerca de cosas básicas sobre su cargo y que generan obvias interrogantes en la opinión pública.

El cargo de Canciller es uno de los máximos honores que concede la vida pública. Suele ser el fin soñado para una larga carrera en las relaciones internacionales, o un gesto de extrema confianza de un Presidente. Nada menos que ser la cara del país ante el mundo. Además, implica un jugoso salario y una vida social intensa.

Algunos se han cuestionado si el hoy ministro Nin Novoa cumple con los requisitos para ocupar ese cargo. Esa es una pregunta para el presidente Váz-quez, que con todo derecho lo ha ubicado allí, y sus motivos tendrá. Lo que sorprende es que, lejos de mostrarse agradecido a la vida y al país por semejante honor, el Canciller vive en permanente confrontación, ostentando un muy poco diplomático mal humor.

El último episodio lo protagonizó hace unos días, cuando ante una pregunta totalmente razonable de un periodista de Colonia sobre el déficit fiscal, el ministro contestó con un disparate y una guarangada. El disparate fue endilgar al periodista una calidad partidaria que no se desprendía para nada de la pregunta, y decir que "el 80% del gasto del déficit está orientado a las políticas sociales. Si quieren que no haya más políticas sociales, ganen las elecciones, agarren el Gobierno y corten las políticas sociales". De más está decir que el 80% lejos está de ser destinado a políticas sociales, a menos que en eso se incluya el bienestar de los miles de cargos públicos y las "aventuras" empresariales de dirigentes del FA en organismos estatales.

La guarangada del Canciller fue irse enojado en medio de la entrevista, solo porque no le gustó una pregunta. De nuevo, muy poco diplomático.

Pero el mal tono de Nin no es nuevo. Días atrás tuvo un gesto similar cuando en un programa de radio le faltó el respeto a los periodistas que le consultaban por la designación de la embajadora en Vietnam, una persona que fue removida dos veces de cargos por gobiernos del FA, y de quien un ex secretario político del presidente Vázquez ha dicho que "no es una persona formada para ese cargo" y que "nuestro pueblo se merece una mejor representación". La consulta era obvia, y si Nin no quiere hablar del tema, que no dé entrevistas. Pero enojarse por eso, solo habla mal de su equilibrio interno, algo esencial para un diplomático.

Pero hay más para este boletín. Hace algunos meses, el ministro también fue noticia por su enojo cuando salió públicamente a cuestionar que se le consultara por haber designado para la embajada uruguaya en Buenos Aires, a una veterinaria cuya única experiencia en el rubro era trabajar como cargo de confianza en la oficina del propio Canciller y que, casualmente, era la hija del secretario de comunicación de la Presidencia.

En cualquier país del mundo, con una prensa mínimamente profesional, eso sería motivo de cuestionamientos. Pero Nin se lo tomó (otra vez) a mal, y se despachó contra la prensa, sugiriendo que "hay una estrategia antisistema en las denuncias de contrataciones". ¿Estrategia antisistema? Desde los tiempos de Luis XVI, las sociedades modernas asumen que la cuestión pública es algo abierto, donde la sociedad tiene derecho a saber lo que se hace con sus recursos y los periodistas a preguntar. Un Canciller debería estar al tanto.

Otro episodio, este hace unos meses, también deja en claro el poco tacto del ministro. Fue cuando Nicolás Albertoni, un uruguayo experto en comercio internacional radicado en EE.UU. cuestionó el rumbo de la política exterior nacional. Nin respondió con otra guarangada y lo acusó de opinar desde su "confortable universidad" en California. Y sí, los académicos suelen opinar desde las universidades. Al menos, los que tienen suficiente talento como para ser contratados o becados por ellas. Y en el caso de Albertoni, lo ha sido por dos de las mejores, Georgetown y USC. ¿Se puede dar el lujo el Uruguay de prescindir de esas voces? ¿Es Nin tan solvente en la materia como para reaccionar con esa impertinencia ante el aporte de un compatriota que está formado en eso?

Hay un último tema a mencionar aquí. La prensa uruguaya y sobre todo esa prensa profesional, que el gobierno ve como opositora porque no levanta centros y hace mandados, ha sido siempre muy gentil con el canciller. Ha elogiado su gestión y su intento de enderezar el rumbo tras los desastres de tiempos de Mujica y Almagro. Al punto que alguna fuente del propio gobierno ha comentado "dejen de elogiar a Nin, que lo entierran en la interna". La verdad es que el Canciller viene haciendo un esfuerzo importante para ganar puntos "en la interna". Aunque para ello esté sacrificando en muchos casos los modales y la buena educación.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos

º