EDITORIAL
diario El País

Patrimonio de la boca para afuera

Ciudad Vieja está llena de turistas, hoy hay cruceros. Cruzo la esquina de Colón y Cerrito. Un grupo de turistas me detiene. ‘Buen día señora, ¿esta puede ser la casa natal de Artigas?’ (Trágame tierra).

Otro turista le contesta a quien me preguntó: ‘¿cómo va a ser esta mugre?’ La susodicha descubre triunfalmente la placa de la esquina. ‘Vení, mirá, aquí lo dice’. Todavía no dije una palabra, me rodean incrédulos. ¿Esta mugre es el solar natal de Artigas? Zafo de la rueda con mi bolsa de mandados. ‘Sí, es, pero no sé por qué está así. Disculpen y bienvenidos a Montevideo’ (Me voy corriendo a todo lo que me dan las piernas)”.

Con la pluma irónica y crítica que la caracteriza, la escritora Ana Magnabosco lo dice todo: el solar donde existe evidencia sólida de que nació José Artigas está en una situación de deplorable y vergonzante abandono.

En nuestra sección Ecos, un lector señalaba en junio de 2019 que a 255 años del natalicio del Prócer, “todas las palabras que se digan en los discursos conmemorativos sonarán a hueco, porque todavía el solar de su casa natal permanece abandonado. Ni el Parlamento, ni el Ejecutivo, ni la Intendencia, ni la Alcaldía han hecho nada más que promesas”. En agosto de ese mismo año, Andrés López Reilly publicó en nuestras páginas una contundente investigación al respecto. La ley que dispuso la expropiación del predio de Colón y Cerrito data de 1964 (en el bicentenario del natalicio).

Sin embargo, esa norma no impidió que la propiedad fuera puesta en venta y alquiler para diversos fines. En 1985, apenas restablecida la democracia en el país, el lugar fue declarado Monumento Histórico Nacional, pero eso tampoco evitó que se le siguiera dando los más diversos usos, el último de ellos como bar. En 2014, la Junta Departamental de Montevideo instaló la placa conmemorativa, que contrasta de forma abominable con el estado ruinoso del entorno. Y en agosto del año pasado, el mismo legislativo departamental aprobó a su vez que el bien pasara a manos del Estado y se efectivizara su compra.

El hecho es grave y si bien es puntual y anecdótico, revela el escaso o nulo celo que tenemos los uruguayos por nuestro patrimonio cultural. Donde hay administraciones sensibles al tema, estas inmensas riquezas son bien conservadas y disfrutables.

En su reportaje de ese entonces, López Reilly cita al alcalde del Municipio B, Carlos Varela, quien manifestara la intención de “construir en este sitio un centro de interpretación del ideario artiguista y recrear visualmente lo que era el hogar de los abuelos del prócer”. Agregó que no se descartaba “excavar en busca de los cimientos de la casa”.

Es cierto que existe desacuerdo entre los historiadores sobre el verdadero lugar de nacimiento de Artigas: Carlos Maggi seguía fiel a la idea de que el Prócer había sido dado a luz en Sauce. Lo que resulta inexcusable es el estado bochornoso en que se encuentra la actual propiedad, que hizo correr de vergüenza a Ana Magnabosco.

Hay ilustraciones murales, borrosas y mal adheridas a la fachada, una moneda y un billete de cien pesos pintados, en un caos de grietas, manchas de humedad y grafitis de letras inentendibles, como los que pululan por todo Montevideo. ¡Hay pegado hasta un afiche de servicios de Astrología y Tarot!

Es tiempo de que los uruguayos nos tomemos en serio, de una vez por todas, la importancia del cuidado y preservación de los bienes patrimoniales. Está claro que la vieja casa de esa esquina no lo es por sí misma y que su valor intangible proviene del solar sobre el que se yergue de manera tan maltrecha. Pero es agraviante culturalmente hablando que una placa recordatoria de esa significación histórica cuelgue sobre una tapera sucia y maloliente.

El hecho es grave y, si bien es puntual y anecdótico, revela el escaso o nulo celo que tenemos los uruguayos por nuestro patrimonio cultural.

Donde hay administraciones sensibles al tema, estas inmensas riquezas son bien conservadas y disfrutadas. Eso sentimos todos cuando visitamos el casco histórico de Colonia del Sacramento o la Calera de las Huérfanas, para citar dos ejemplos de un gobierno departamental que ha trabajado en forma consistente y cuidadosa en proteger sus bienes culturales.

Ese debería ser uno de los temas a poner sobre la mesa en la inminente elección departamental. ¿Qué Intendencia queremos? ¿Una que emita declaraciones reivindicando el derecho de los indigentes a vivir en la calle, y que persiga a un bolichero porque escribe una frase humorística en un pizarrón? ¿Una que invierta los recursos públicos en contratar a músicos de dudoso valor que arengan al público con frases como “todes juntes”? ¿O una que además de administrar bien, se preocupe por los bienes patrimoniales que hacen a la identidad histórica y cultural de la ciudad y el país? La respuesta parece obvia, ¿no?

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