EDITORIAL
diario El País

Patria y vida

Uno de los lugares comunes más habituales que sobrevuelan el debate público es el supuesto paradigma de que el sector cultural es patrimonio de la izquierda.

Esa generalización siempre fue engañosa.

Es verdad que la generación crítica del 45 sentó las bases de un análisis severo de la realidad uruguaya de su tiempo, construida en forma protagónica por los partidos tradicionales. Sin embargo, dos conspicuos integrantes de esa camada de talentos, como Carlos Maggi y Manuel Flores Mora, nunca abandonaron su adhesión batllista y mantuvieron a lo largo de décadas un discurso republicano, alejado del recetario ideológico que dividió al país en buenos y malos, tan propio de la izquierda marxista. Pero es cierto también que sobre todo a partir de los años 60, dos escritores de enorme popularidad, Mario Benedetti y Eduardo Galeano, ejercieron una influencia poderosa en el formateo ideológico pro marxista de varias generaciones de intelectuales y artistas, tanto a nivel nacional como latinoamericano.

Hay que entender que el creador literario ocupa desde siempre el rol de conciencia crítica de la sociedad; es por naturaleza quien transgrede valores establecidos y promueve utopías. El país modelo construido por colorados y blancos fue puesto entonces bajo la lupa de los intelectuales, muchos de los cuales, en actitud contestataria, abrevaron en posiciones filomarxistas que auguraban una tierra prometida de igualitarismo.

Las denuncias de Nikita Jrushchov sobre la barbarie estalinista primero y, décadas después, la perestroika de Gorbachov y la caída del muro de Berlín, no fueron suficientes para que muchos intelectuales uruguayos decidieran abjurar de esa ideología liberticida y hambreadora. En gran parte usaron el expediente de seguir aferrados a la teoría, admitiendo apenas que falló la práctica... La revolución cubana y el chavismo siguieron fogoneando esa errónea interpretación de la política, y aún hoy escuchamos a uruguayos integrantes del sector cultural que analizan la realidad en blanco y negro, en esa pueril dialéctica oligarquía-pueblo que nada tiene que ver con una sociedad democrática y abierta como la nuestra.

Pero es indudable que la gratificación emocional que aportan los artistas más populares, incide en forma decisiva en el mantenimiento de aquellos prejuicios, al punto que en la última elección nacional, el Frente Amplio no dudó en echar mano a "sus" músicos y carnavaleros para intentar convencer a la gente que la bondad y la justicia estaba del lado de ellos.

Por eso es tan importante lo que está pasando en este preciso momento en la isla de Cuba. Un puñado de músicos jóvenes muy populares está liderando una saludable revuelta contra la dictadura, a través de una canción que ya ostenta un récord de reproducciones en las redes sociales. Su título es una brillante réplica al "Patria o muerte" que matrizó Fidel Castro y le sirvió tanto a él como a sus sucesores para aplastar opositores y ahogar toda forma de libre pensamiento. En efecto, estos jóvenes músicos titularon su canción "Patria y vida". Reivindicando su amor al país y, al mismo tiempo, su voluntad inquebrantable de vivir en libertad. Sin más censura, sin más adoctrinamiento desde la escuela. Sin más represión contra quien piensa diferente. Recomendamos al lector que busque el video de la canción en Youtube y que recorra durante un rato otros registros sobre el mismo tema. Es especialmente revelador el que recoge el testimonio del director de Casa de las Américas, una institución cultural castrista que en otro tiempo supo ser un eficiente promotor de ideología para los creadores de toda América Latina. Hoy, el funcionario de ese régimen agónico mira a cámara y susurra con tristeza que mantiene su adhesión al lema "Patria o Muerte", porque el de "Patria y vida" es una manipulación creada por intereses estadounidenses y traidores capitalistas y bla bla bla.

Aún hoy escuchamos a uruguayos integrantes del sector cultural que analizan la realidad en blanco y negro, en esa pueril dialéctica oligarquía-pueblo que nada tiene que ver con una sociedad democrática y abierta como la nuestra.

La actitud de los jóvenes músicos cubanos debe verse como un saluda- ble cambio de signo ideológico en la rebeldía contracultural de nuestras sociedades.

La ilusión del paraíso socialista, que tanto prendió en el siglo pasado en intelectuales de la talla de Julio Cortázar, Pablo Neruda y Gabriel García Márquez, hoy perdió toda credibilidad entre quienes son víctimas de sus yerros, mentiras y promesas incumplidas.

Por fin, los artistas jóvenes se rebelan contra las dictaduras no solo de derecha, sino también de izquierda.

Por fin la tierra prometida es la que solo garantiza el ejercicio irrestricto de la democracia y la libertad.

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