EDITORIAL
diario El País

Un paro político para juntar firmas

Las cosas por su nombre: el paro del pasado jueves 17 fue un paro político y con la finalidad de llevar adelante una jornada para recolectar firmas contra la Ley de Urgente Consideración.

La consigna de “contra el hambre y la desigualdad. Por trabajo y salario en defensa de la vida” no pasó de una frase conmovedora porque lo único que interesaba al Pit-Cnt (y en este caso al Frente Amplio, convertido en su servicial escudero) era llevar a cabo una intensa jornada por todos los barrios montevideanos para atacar a la LUC.

“Contra el hambre y la desigualdad” es una consigna que puede aplicarse sin dificultades en cualquier país del mundo y no solo ahora, sino a lo largo de toda la historia de la humanidad. Pero aprovechar esa frase para organizar 600 zonas del país y hacer barriadas “puerta por puerta” en busca de firmas contra 135 artículos de la LUC, solo puede registrarse en Uruguay cuando existe un gobierno que no pertenece a ninguno de los partidos que se encolumnan detrás del nombre Frente Amplio.

Eso sí, más de 18.000 niños pasaron hambre ese día porque con este asunto del paro no funcionaron los comedores escolares de la Administración Nacional de la Educación Pública (ANEP). “Cuando el sindicato hace un paro y sabe que tiene un servicio esencial a su cargo (pensamos que la alimentación de los niños lo es), establece guardias. Los comedores no funcionaron por el paro”, dijo Robert Silva, presidente del Codicen.

Y este paro fue tan político como los anteriores contra el gobierno del Presidente Lacalle Pou y la coalición.

El primer paro (parcial) se registró el 7 de junio del año pasado (tres meses después de asumir Lacalle Pou) y el motivo fue, según las palabras del muy comunista secretario del Pit-Cnt, para “defender la democracia” (¿un comunista convertido en paladín de la democracia?) por el envío al Parlamento de la Ley de Urgente Consideración, una iniciativa que había sido fundamental en la campaña electoral que culmino con el triunfo de la coalición. Ni una palabra sobre la pandemia que se había desencadenado, ni tampoco sobre el desmantelamiento de Salud Pública para una contingencia de este tipo por la “genialidad” de sus antecesores.

Tres meses después, el 17 de septiembre (seis meses de instalado el nuevo gobierno), se registró el primer paro general. Ver lo motivos (explicados por el mismo Abdala) causa estupor: por más trabajo, salario, salud, educación y vivienda digna; por una renta básica y una canasta de servicios; por memoria, verdad y justicia y por más recursos para la Ley integral de violencia basada en género. Todo un plan de gobierno que nunca había sido aplicado ni reclamado durante los 15 años que su partido político estuvo en el gobierno y que por la vigencia de un régimen democrático en el país (el mismo que quería defender) había sido desplazado mediante elecciones libres.

Y ahora, este del 17 de junio. Más allá de la intensa movilización por las firmas, presentaron -obvio- lo que serían los verdaderos reclamos de la Central de Trabajadores, incluidos en ¡13 páginas! a la Presidencia de la República. Hay de casi todos los temas en ese reclamo. Y decimos “casi todos” porque hay algunos que olvidaron y son realmente importantes para explicar la situación económica y social que se vive: la manera irrespetuosa, absurda y demencial con que dilapidaron los dineros públicos los gobiernos del FA y que para muestra, están los resultados de las auditoría de Gas Sayago y el Antel Arena.

“Contra el hambre y la desigualdad” fue parte de la consigna del paro. Pero la realidad mostró una masiva recolección de firmas por los barrios contra la LUC y 18.000 escolares que quedaron sin comer.

Nunca jamás en todas sus movilizaciones, ni antes ni ahora, el Pit-Cnt mostró su preocupación por el pésimo manejo de los dineros públicos ni advirtió de los peligros que esas aventuras podrían generar en “el hambre y la desigualdad: en el trabajo y salario en defensa de la vida”.

El Pit-Cnt ha sido siempre un apéndice del Partido Comunista; los dirigentes de uno y otro coinciden y se repiten. La Central de Trabajadores no es independiente, solo funcional a sus intereses.

Mientras en Europa, el parlamento de la Unión Europea (19 de septiembre de 2019) situó oficialmente al comunismo al mismo nivel que el nazismo, tras aprobar una resolución en la que se condenó que “ambos regímenes cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones, y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”, acá se auto invisten la representación de los trabajadores y utilizan las instituciones democráticas para entorpecer la tarea de un gobierno legítimamente constituido. Y reclaman “defensa de la vida” mientras caprichosamente se olvidan que el partido de la hoz y el martillo ha sumado en el mundo más de 100 millones de muertos (bastante más que el nazismo).

Así vamos.

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