EDITORIAL

Papelón y falta de respeto

La fuga de un mafioso italiano recluido en Cárcel Central es un bochorno tan grande para la sociedad uruguaya, que solo es superado por la actitud indecorosa y agraviante del Ministerio del Interior.

En el mismo día que Cavani nos daba a los uruguayos un motivo de orgullo nacional, el ministerio del Interior nos propinaba una cachetada al amor propio, de esas de las que es difícil levantar cabeza. El mafioso italiano Rocco Morabito, que fuera capo máximo de la mafia calabresa, y que había caído preso tras vivir una estadía de opulencia y disfrute en Punta del Este con su familia, se fugaba de la cárcel Central de Montevideo. Sí, del centro de reclusión supuestamente más seguro del país, ubicado en el mismo edificio donde tiene sus oficinas lo más alto de las jerarquías policiales uruguayas.

Los detalles del asunto, son todavía más embarazosos. El sujeto se escapó de una manera casi infantil, haciendo un boquete en la pared, y fugando por las azoteas hasta la casa de una vecina de 80 años, a la que redujeron y robaron algunos pesos de su menguada billetera, antes de irse caminando muy campantes por la calle Carlos Quijano (ex Yí).

Pero eso no es todo.

Al parecer, el método de fuga había sido advertido a las autoridades por un informe de inteligencia penitenciaria hacía más de un año, con el detalle de que se sabía que Morabito ofrecía 80 mil dólares a los guardias que facilitaran su fuga. ¿Le parece esto increíble? Espere que hay más en este boletín.

En el momento de la fuga no había ni un solo efectivo de guardia en el piso 6° donde se encontraban Morabito y sus compañeros de escape (presos pesados que aguardan su extradición a otros países) e incluso las celdas estaban abiertas.

Las reacciones a nivel global no se hicieron esperar. El gobierno italiano, cuyo aviso fue clave para detener al mafioso, que vivía a cuerpo de rey bajo las narices de la policía uruguaya, no ocultó su indignación. El vicepresidente del gobierno italiano y ministro del Interior, Matteo Salvini, anunció que pedirá explicaciones a Uruguay por la fuga, a la que calificó como “desconcertante y grave”. Y los medios de todo el mundo reprodujeron, mezcla de sorpresa y sorna, la forma en que uno de los cinco delincuentes más buscados de Italia, considerado el “rey de la cocaína de Milán”, se escapó caminando bajo las narices de la dirigencia policial uruguaya.

El nivel de papelón al que somete este episodio a todo el Uruguay, tiene pocos antecedentes. Leer la prensa internacional ayer era comprobar como nuestro país era ubicado al nivel de la más ridícula república bananera del planeta. Pero esto, tan doloroso como notoriamente es, resulta todavía menos grave que la reacción del ministerio del Interior ante el episodio.

Pasadas 48 horas del episodio, no ha habido una conferencia de prensa, no ha habido una explicación formal de las autoridades, no ha habido una sola renuncia, una sola destitución, nada que haga pensar que alguien está pagando por semejante hecho de notoria corrupción e inoperancia. Tan solo el director del propio INR, Alberto Gadea, parece haber dado muestras de tener dignidad.

Los uruguayos no tenemos motivo para sorprendernos mucho al respecto. Tenemos unas autoridades del rubro que están en sus confortables sillones desde hace una década, bajo cuya guardia las cifras de delitos en el país se han sumergido a niveles centroamericanos, y sin que nadie nunca haya hecho un mínimo mea culpa al respecto.

Es más, el propio presidente Vázquez en su campaña prometió un descenso en las cifras de delitos violentos, que no solo no se dio pese al aumento de recursos fabuloso con que se ha contado, sino que el director de Policía tuvo el descaro hace unos días de decir que para lograr eso habrá que esperar 30 años. Si piensa eso, lo mínimo que debería hacer es dar un paso al costado, y dejar a alguien que sí se tenga fe para lograr algún resultado.

Está claro que esperar un acto de contrición y de dignidad de cualquiera de las figuras políticas y técnicas que están a cargo del ministerio del Interior desde hace tiempo -Bonomi, Vázquez, Layera- a esta altura es absurdo. Ni siquiera amagaron a renunciar cuando bajo sus narices murieron 12 seres humanos en un incendio criminal en la cárcel de Rocha, menos lo van a hacer ahora por un tema como este.

Pero por lo menos el presidente Vázquez debería tener un gesto de autoestima y autoridad, a pocos meses de dejar su cargo. ¿Cómo puede ser que algo así pase en Uruguay, y no haya un responsable, ni criminal, ni político, que se haga cargo del papelón? Como Presidente, Vázquez tiene la obligación de salvar en algo la honra de los ciudadanos de bien de este país. Si sigue sin pasar nada, es que definitivamente nos convertimos en el país bananero, del que medio mundo se ríe por estas horas.

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