EDITORIAL
diario El País

País, gobierno y partidos

Los gobiernos pasan y el país queda. Cuando un resultado electoral indica al gobierno que su gestión, o la gestión de su partido en el poder, tiene fecha de vencimiento, no significa que deba abandonar inmediatamente la adopción de medidas necesarias para el buen funcionamiento del país.

Aunque sea una carga para él y favorezca a quien va a sustituirlo; su responsabilidad recién cesa cuando traspasa el poder porque su compromiso es con el país y sus ciudadanos.

Esto viene a cuento por la actitud del presidente Tabaré Vázquez de no cumplir con la actualización de las tarifas públicas en enero, visto que el Frente Amplio, por decisión del soberano, deberá alejarse de la Torre Ejecutiva el 1° de marzo. Durante los últimos 14 eneros las tarifas se ajustaron por inflación (y muchas veces por algunas “cositas” más), pero este enero del 2020, con una inflación que trepa a más del 8%, el gobierno se hace el distraído y la tira para delante, en una clara actitud de buscar perjudicar a su sucesor.

Que no se diga que ya lo tenían previsto cualquiera fuera el resultado electoral: el anuncio del ministro de Industrias, Guillermo Moncecchi, en el pasado mes de julio dejaba la puerta abierta a cualquier cosa. “Damos absoluta seguridad que no habrá ajustes a la suba de tarifas públicas por lo que resta de 2019”, dijo Moncecchi según la página de Presidencia. Y agregó que “probablemente” tampoco aumentarían “hasta el final del período de gobierno”. No hay dudas que Lacalle Pou ya era favorito y el “probablemente” fue con la expectativa de una sorpresa de Daniel Martínez. Se ayudaba al país y -de paso- al próximo gobierno solo si era frenteamplista. ¿O iban a intentar “bombearlo” también a Martínez?

Si alguien tiene alguna duda, alcanza con observar lo ocurrido con el precio de los combustibles: durante años, con un dólar estable que rondaba los $ 30, estuvo muy por encima de la paramétrica -sobreprecio- para financiar el pufo de Sendic en Ancap. Ahora, con el dólar a $ 38 largos, se las dan de Poncio Pilatos. Se olvidan que las zancadillas pueden perjudicar al próximo gobierno, pero es al país al que realmente le complican la vida porque expande aún más el déficit fiscal más grande de los últimos 30 años.

Si alguna duda quedaba sobre los verdaderos alcances de esta decisión, la irrupción desmelenada de hace pocos días el ministro Astori la disipó. Con el único argumento del agravio y su reconocida soberbia, arremetió en Búsqueda con un “empezó mal la transición” y le echó todas las culpas a la “ignorancia” y “mala fe” de Lacalle Pou. Eso nos trajo a la memoria aquella histórica expresión del rey Juan Carlos ante la verborragia mamarrachesca del venezolano Hugo Chávez: “¡Por qué no te callas!”

Astori podría hacerle caso al rey Juan Carlos...

Fue el padre creador del berenjenal económico en que se ha convertido el país, que no es solo el formidable déficit fiscal sino también el brutal endeudamiento que pesa sobre la cabeza de los ciudadanos, el de la disparada del desempleo que tiene a unos 180.000 uruguayos sin trabajo, el de la inflación en ascenso, el que no vio lo que pasaba con Ancap o el negocio de la regasificadora, el gestor de la debacle de Pluna, el que prometió que no se iban a aumentar impuestos, el generador de las “consolidaciones fiscales”, el coautor de la obesidad del Estado, el que se hizo el distraído mientras se dilapidaban dineros en el Fondes, el que nunca supo en qué, cómo y dónde se gastaban los millones de la asistencia social, el que dio la espalda al campo y a la producción nacional, el que estuvo en todos los gobiernos frenteamplistas por 15 años: diez como ministro de Economía y cinco como vicepresidente de la República. Y todavía habla y da cátedra…

Aquí lo que ocurre con el gobierno del FA es que no han asimilado la derrota, no han aceptado que el pueblo en uso de su soberanía y en el momento de la más pura igualdad en el cuarto secreto, decidió que unos se iban y otros llegaban.

Acostumbrados a echarle la culpa siempre a otros, esa excusa no les sirve en este caso y entonces aflora la patética faceta de malos perdedores: buscan crearle dificultades al nuevo gobierno para que las cosas les vayan mal. Desde el principio. No se dan cuenta que encima del gobierno hay todo un país y que lo que no se hace a tiempo provoca daños.

Así vamos.

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