EDITORIAL

Un pacto inconducente y peligroso

La propuesta del gremio de los periodistas de firmar con dirigentes políticos un pacto contra las llamadas “fake news”, es un saludo a la bandera, que no solo no tendrá efectos reales, sino que expone a los profesionales de la información a un mayor riesgo.

El camino al infierno está plagado de buenas intenciones. Esa máxima cobra nueva relevancia al ver las imágenes del acto en el que figuras del gobierno, de la oposición, algunos académicos y dirigentes del gremio de los periodistas, firmaron una especie de pacto contra las llamadas “fake news”. Algo que solo puede ser visto con alarma y hasta enojo por quienes aman esta golpeada profesión periodística, y entienden de qué va este peligroso fenómeno de la desinformación.

El primer grave error de esta propuesta es vincular institucionalmente al periodismo con las “fake news”. Una de las lecciones que dejó en su reciente visita a Uruguay uno de los máximos expertos mundiales en el tema, Dan Gillmor, es que para combatir este flagelo hay que tomar dos medidas básicas: primero, separar por completo al periodismo del tema. Los periodistas generan información, que es la contracara exacta de las “fake news”. En su tarea cotidiana, que para ser relevante suele estar en una zona de conflicto permanente con políticos, empresarios, lobbistas, el periodista puede cometer errores, y tiene la obligación de ser honesto y corregirlos. Pero el verdadero periodismo no tiene nada que ver con este problema en boga. Lo segundo que explicó Gillmor fue que hay que dejar de usar la expresión “fake news”, y que el periodista la debe desterrar de su vocabulario, ya que es la consigna que han adoptado todos los dictadores, populistas, y demagogos, para desacreditar la tarea periodística, que suele ser la piedra en el zapato de su discurso.

Como vemos, las dos lecciones van directamente en contra de la propuesta de este supuesto pacto. Pero hay más.

Un periodista no tiene que firmar na-da con ningún dirigente político. Más allá de la buena educación y trato que se debe cualquier persona, periodismo y política son actividades en permanente tensión. Hoy habrá un dirigente que será más amable y simpático con nuestra tarea, pero el mismo se convertirá en feroz crítico el día que le toque a él administrar un bien público, y a nosotros hurgar en su tarea.

Es más, varias de las figuras que posaban sonrientes en el evento del otro día, han dedicado hermosas palabras de agravio hacia periodistas de distintos medios en los últimos meses. Si ahora se avienen a participar de algo así, es porque saben que con ello lavan su imagen y lucen como preocupados por un problema que ellos mismos generan.

Porque hay que ser claros. Las campañas de desinformación que circulan potenciadas por herramientas como redes sociales, no salen de las redacciones de los medios. Salen en su abrumadora mayoría de los comandos de campaña de los políticos. Y en la misma semana en la que muchos de ellos firmaban ese “pacto” tan emotivo, seguían usando las redes y enviando a las redacciones información manipulada para beneficiar sus intereses. ¿Alguien cree que ahora dejarán de hacerlo? ¿Qué mecanismo de sanción prevé este pacto?

Además, muchos de esos mismos políticos han usado en los últimos meses la acusación de “fake news” contra información veraz publicada en los medios de prensa establecidos. Las autoridades del gremio de la prensa tal vez podrían haber usado mejor su tiempo en defender a colegas y a empresas donde desarrollan su trabajo, que han sido objetivo sistemático de este tipo de ataques en los últimos meses. Pero incluso después de que la justicia les han dado la razón, solo ha habido silencio.

También se podría haber preocupado por el uso partidista de la red de medios públicos que se está viendo en esta campaña, la cual se está usando de manera desembozada para impulsar determinados puntos de vista, y ningunear a otros.

Por último, el compromiso del periodista, del periodista de veras, no del operador de determinados sectores políticos, es siempre publicar la verdad. De nuevo, se podrá equivocar porque el error es algo con lo que convive quien desarrolla esta tarea con genuina pasión y vocación. Pero ¿qué es esto de firmar un papel de que se compromete a no divulgar información falsa? ¿Habría que concluir que si no se firma eso, sí lo haría? ¿Cómo se entiende?

La realidad es que no hay que firmar ningún pacto de nada. Los políticos tienen que hacer su trabajo con honestidad y transparencia. Los periodistas tienen que hacerles la vida difícil, y exponer cada cosa irregular que estos hagan. Y los académicos se deben dedicar a enseñar y a dar a la sociedad herramientas como para valorar de manera adecuada la tarea de unos y otros. Lo demás son saludos a la bandera, tan inconducentes como peligrosos para quienes creen en el periodismo de veras.

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