EDITORIAL
diario El País

Oposición desleal

Llega un momento en que la circunstancia política y social precisa que se digan las cosas por su nombre: lo que el Frente Amplio (FA) está haciendo es una oposición desleal al gobierno y al país.

Hay varios ejemplos que lo muestran. Plantear mayores gastos para enfrentar la pandemia, cuando se entregó la administración con un déficit fiscal altísimo; proponer que se limite la movilidad, cuando no se vota en el Parlamento las medidas en favor de disolver las aglomeraciones, o cuando, peor aún, se llama una vez sí y otra también a movilizarse en distintas marchas como fue, por ejemplo, la del 8 de marzo pasado; o plantear una unidad de acción regional para recibir vacunas y alabar la estrategia de Argentina en este sentido, para luego no reconocer jamás que el camino propio emprendido por la administración Lacalle Pou era muchísimo mejor que esa idea regionalista, como lo muestra hoy nuestra situación mucho más avanzada que la de nuestros vecinos.

Hay una interpretación de todas estas contradicciones que quiere creer que lo que ocurre es que la izquierda está sin brújula porque no termina de adaptarse bien a su nuevo papel luego de 15 años de ejercer el poder. Quienes así piensan omiten en su análisis, evidentemente, el cúmulo de antecedentes que entre 1985 y 2005 muestran que la deslealtad de este FA responde a la esencia misma de su identidad política. No es casualidad. Es deliberado.

¿Acaso no sabía el FA que en 1984 negoció en el Club Naval con los militares que la amnistía hacia los responsables de violaciones a los derechos humanos estaba subyacente o sobrevolando esas conversaciones? Por supuesto que sí, pero eso no le impidió, luego, la deslealtad de no apoyar la salida institucional de la ley de caducidad. ¿Acaso no sabía el FA que la reforma constitucional de 1996 incluía propuestas que la izquierda había llevado a la negociación multipartidaria? Por supuesto que sí, pero eso no le impidió, luego, la deslealtad de no apoyar esa reforma en el plebiscito de diciembre de ese año. ¿Acaso no sabía el FA que la ley de asociación de Ancap había sido corredactada por dos senadores de izquierda y que era una herramienta clave para potenciar el desarrollo del ente? Por supuesto que sí, pero eso no le impidió mayoritariamente, luego, la deslealtad de promover un referéndum contra esa ley que terminó derogada en diciembre de 2003.

Esta oposición del Frente Amplio es tan desleal hoy como lo ha sido siempre: en cada circunstancia acuciante de la vida nacional, ha actuado contra el gobierno y contra el país. Es palbable continuamente y no ha cambiado nada.

Hay ejemplos más coyunturales, pero igualmente graves. ¿Acaso era ejercer una oposición leal al país adherir a la propuesta del FMI de hacer caer en default la deuda soberana como había hecho Argentina, en plena crisis de 2002 y mientras el gobierno defendía a rajatabla el principio de cumplir con la palabra empeñada por parte de Uruguay? ¿Acaso era ejercer una oposición leal al país, también en plena crisis de 2002, no desestimular marchas sindicales a Punta del Este en pleno verano, cuando implícitamente buscaban hacer fracasar esa temporada turística?

En ocasiones incluso los propios dirigentes de izquierda reconocieron esas múltiples deslealtades. Tuvo que reconocerla Seregni (“sería tomarlos a Uds. por bobos”), cuando en el célebre debate de Canal 10 en el programa “En Prioridad” Ferreira le desnudó la desleal propuesta del FA en 1986 para salir del atolladero institucional en el que el pacto del Club Naval había puesto al país. Pero, más cerca en el tiempo, la aceptó Astori, por ejemplo, con relación a los argumentos favorables al referéndum de 2003 del FA. Y también la reconoció Bergara, por ejemplo, cuando siendo subsecretario de Economía en junio de 2005 expresó en Washington que el FA impulsaría en su administración las mismas reformas del Estado que había rechazado mientras estaba en la oposición: “ahora, que lo vamos a hacer nosotros, lo podemos apoyar”.

Los principales líderes de la coalición republicana saben todo esto, y en particular el presidente Lacalle Pou, quien durante la crisis de 2002 en particular estaba en el Parlamento y vio cómo se comportó la izquierda con el gobierno de Batlle y con el país. Y si bien es entendible que para no arrojar leña al fuego el oficialismo prefiera eludir una afirmación contundente que señale que la oposición del FA es tan desleal en la actualidad como lo fue a lo largo de los 20 años que van de 1985 a 2005, es también muy importante que la opinión pública tenga muy claro cómo son las cosas.

Esta oposición del FA es tan desleal hoy como lo ha sido siempre: en cada circunstancia acuciante de la vida nacional, ha actuado contra el gobierno y contra el país. Es palbable continuamente y no ha cambiado nada.

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