EDITORIAL

Oposición arteramente denostada

Minimiza algunos “errores que se cometieron como Ancap y Pluna”. Increíblemente destaca que Astori “dijo que no hay más espacio para subir impuestos” como si no lo hubiera dicho antes y no hubiesen aumentado en forma directa e indirecta.

Uno de los once principios de la propaganda, según el estratega de la comunicación nazi, Josef Goebbels, es el de "la simplificación y el enemigo único". Consiste en atribuir todos los males que padece la sociedad a la voluntad siniestra de un grupo o entidad. El enemigo único elegido por los nazis fue la colectividad judía, y es más que conocido el genocidio que provocó esa horrenda decisión estratégica.

Los dictadores de izquierda, por su parte, asignan ese rol a los "contrarrevolucionarios", supuestamente guiados por turbios objetivos imperialistas.

Aunque parezca mentira, los principios de Goebbels siguen siendo fuente de inspiración para quienes detentan el poder con intención hegemónica, incluso en las democracias.

La evocación viene a cuento porque en los últimos años, y a medida que se va descascarando la mística que lo llevó al gobierno, el Frente Amplio ha agudizado esa visión polarizadora de la sociedad, la misma con la que se lanzó a la carrera electoral en 1971, agitando los fantasmas de la "rosca" y la "oligarquía". Hoy usan menos estos términos, pero no ahorran intenciones espurias que atribuir a "la derecha". Quizás el momento que hubiera resultado gracioso, de no haber sido patético, fue cuando la Mesa Política del FA culpó a los medios de comunicación de intentar desestabilizar la democracia, por haber denunciado el inexistente título de Sendic. Pero hay que reconocerles un gran ingenio en el manejo comunicacional: cuando no tuvieron más remedio que pedirle que se fuera, se ufanaron de la decisión moral que antes habían tildado de malintencionada.

Ahora, los aprendices frenteamplistas de Goebbels han analizado cómo salir del embrollo de imagen en que se encuentra el gobierno, y el camino elegido parece ser el de simplificar al adversario como un enemigo único al que "no se le cae una idea", como declaró el presidente Vázquez hace un tiempo y lo repite con distintas palabras cada vez que le ponen un micrófono delante.

No importa que, solo a modo de ejemplo, el sector Todos del Partido Nacional haya replicado en forma inmediata esa desdeñosa expresión con un documento de 50 páginas titulado "¿A quién no se le cae una idea?", en el que expone una batería de propuestas concretas, de viable aplicación inmediata, en lo económico, educativo, previsional, de seguridad y gestión del Estado, entre otros tópicos.

Pero Vázquez no ceja en seguir descalificando a la oposición y, a coro, lo replican distintos analistas políticos.

Por ejemplo, el Ec. Gabriel Oddone, que hace unos meses declaró a este diario que la oposición "no tiene agenda". O el politólogo Adolfo Garcé, que recomendó a los partidos tradicionales dedicarse a defender las reformas de los años 90. O, más recientemente, el Cr. Nicasio del Castillo, que en una columna de El Observador sorprendente titulada "Chapeau, Danilo" acumula elogios al ministro que, según él, "ha manejado consistentemente las finanzas públicas con probidad, profesionalismo, prudencia y efectividad". Minimiza algunos "errores que se cometieron, como Ancap y Pluna" (sic), atribuyéndolos meramente a quienes dirigían esas empresas. Increíblemente destaca que Astori "dijo que no hay más espacio para subir impuestos", como si no lo hubiera dicho antes y no los hubiese aumentado igual. Y llega a una conclusión que el diario colega ubica como copete del artículo: "a una oposición cada vez más fragmentada y sin un rumbo claro, le será difícil derrotar al FA en 2019". Tampoco menciona el déficit fiscal del 3,4%. Es que la luna azul ha influido inusitadamente en algunas percepciones de la realidad. Menos mal que el gobierno posiciona a El Observador como un diario "de la derecha". Con enemigos así, ¿quién necesita amigos?

A los asesores de comunicación de la oposición se les hará muy fácil el trabajo. Alcanza con leer los argumentos que esgrime Del Castillo en esa columna y otra, del escritor Enrique Ortega Salinas, publicada en Caras y Caretas bajo el título "Carta a un frenteamplista desencantado", para conocer cuáles son los argumentos que usará el FA en su próxima campaña y controvertirlos uno por uno.

Pero eso no es todo. Urge también que los partidos desafiantes dejen de perder tiempo y energía en sus rencillas internas, que definan claramente sus liderazgos y coordinen una estrategia opositora conjunta, no solo reactiva sino también, y sobre todo, enérgicamente pro positiva. Cada vez hay más voces aisladas que reclaman esa coordinación imprescindible. Entonces, ¿para cuándo?

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