EDITORIAL

Olvidos de un ex etarra del Filtro

Uno de los tres miembros de la ETA que hicieron huelga de hambre en el Filtro y que a la postre fue condenado en España por asesinato traza un relato en donde esconde la trama real de aquel engaño a los uruguayos.

Por primera vez habló para la prensa uno de los tres etarras que protagonizaron el trágico episodio del hospital Filtro en 1994. Es una entrevista hecha en Bilbao a Manuel Goitia por el semanario Brecha en donde el entrevistado revela pocas cosas y trata de pulir la imagen de sus socios uruguayos. Lo impresionante es que no se muestra arrepentido de sus delitos, de haber integrado una banda terrorista y de haber engañado a miles de uruguayos haciéndoles creer que era un noble luchador por el separatismo vasco cuando se trataba de un golpista contra la incipiente democracia española.

Recuerda Goitia que él y decenas de etarras perseguidos en España se instalaron en Uruguay en acuerdo con el gobierno y la inteligencia militar uruguaya. Fue a fines de los 80 bajo la presidencia de Julio Sanguinetti a pedido de su colega español Felipe González. En tanto no se metieran en política podían trabajar en restoranes y otras labores. La mayoría cumplió, pero a comienzos de los 90 alguno de ellos ya estaba implicado —junto a un dirigente tupamaro— en el robo a una distribuidora de diarios.

La caída de la cúpula de ETA en un pueblo francés en 1992 aportó documentos acusadores sobre los etarras radicados en Uruguay, país con el que España tenía un tratado de extradición. El gobierno socialista de Madrid no tardó en pedirla y la justicia uruguaya trazó un límite: sólo extraditaría a los acusados por homicidio. Al final, aparte de Goitia, ellos resultaron ser Miguel Ibáñez y Luis Lizarralde. De la docena de extradiciones reclamadas sólo se concedieron esas tres.

Goitia reconoce que los policías uruguayos "no nos tocaron, no hubo torturas", lo que desdice las denuncias de maltratos que sufrían "los independistas vascos" según acusaban por entonces grupos de izquierda, en particular los tupamaros. El trámite de extradición duró dos años hasta que al final se confirmó la fecha en que se haría efectiva: el 24 de agosto de 1994. Los tres vascos iniciaron una huelga de hambre que más tarde, a su llegada a Madrid en un estado bastante saludable, dejó en evidencia que el ayuno no fue muy riguroso.

Para ese entonces, azuzados por los tupamaros, viejos socios de la ETA (que los habían financiado en algún momento), el Frente Amplio, el Pit-Cnt y otros grupos estaban en pie de guerra. Miles de personas se concentraron ante el Filtro para resistir a como fuera la entrega de los "patriotas vascos" a las autoridades españolas. Seregni, Vázquez y Astori estuvieron allí en señal de solidaridad aunque en honor a Seregni hay que decir que muy preocupado denunció en radio Carve que había visto "civiles armados". No hace mucho, el propio Vázquez reconoció que su presencia en el lugar fue un error.

No todo el Frente Amplio estuvo de acuerdo en arropar a los etarras. Dos veteranos políticos socialistas, José Díaz y Reynaldo Gargano, que habían vivido en España y sabían que la ETA perpetraba barbaridades —como, por ejemplo, detonar una bomba en un supermercado de Barcelona que mató a decenas de inocentes— advirtieron que no había que confundir a los nacionalistas vascos con los tirabombas etarras. No fueron escuchados.

Con los tupamaros al frente, en particular Mujica y Huidobro —que a través de una radio clamaban por "un bautismo de fuego" para sus jóvenes militantes— una multitud aguardó la llegada de las ambulancias al Filtro escoltadas por patrulleros. Hay grabaciones de tevé que muestran que de la multitud partieron disparos y cócteles molotov contra la caravana. La policía, carente de los medios adecuados (carros lanza agua, por ejemplo) no estaba preparada para enfrentar semejante algarada y reprimió de manera caótica, causando un muerto (Fernando Morroni) y varios heridos. Finalmente el trío fue llevado al aeropuerto y trasladado a Madrid en donde fueron juzgados con todas las garantías. Quien sostenga que el gobierno socialista de González presionó a la justicia debería leer en internet las impecables actas de los juicios. A la postre los tres "inocentes vascos del Filtro" fueron condenados por asesinatos con agravantes.

Uno de ellos, Ibáñez, murió años después. Su compañero Lizarralde abjuró de la ETA, reconoció sus errores e indemnizó a sus víctimas. En tanto, Goitia, está libre, sigue angustiado por la muerte de Borroni, pero es incapaz de disculparse ante los uruguayos por el engaño que él, su banda y los tupamaros montaron en nuestro país. Ni siquiera mencionó el autobús equipado para la guerra que, según Jorge Zabalza, la ETA les puso a disposición aquella noche del Filtro. Extraño olvido.

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