EDITORIAL

No olvidarse de Venezuela

Le ha venido bien a Maduro que Colombia y su acuerdo con las FARC hayan acaparado la atención mundial. Gracias a ello puede seguir tranquilamente con sus estrategias para impedir que el Referéndum Revocatorio se realice antes de que termine el 2016.

Además ya se sabe que no es fácil mantenerse en el primer plano de la mirada internacional, tal es la multiplicidad de hechos. El debate de Trump y Hillary, los curiosos atentados en Estados Unidos, la violencia racista que no termina allí de desaparecer. La caterva de escándalos por todas partes, las detenciones de importantes políticos brasileños que no cesa. Las treguas que se acuerdan sobre Medio Oriente que no sirven para nada, los bombardeos en Aleppo, la tragedia de la gente atrapada en esas regiones, las corrientes masivas de emigrantes. Los interminables fracasos de Rajoy para formar gobierno, la muerte de Shimon Peres, fundador del Estado de Israel y Premio Nobel de la Paz.

Pero en Venezuela, la situación se agrava día a día y el gobierno sigue haciendo rodar a ese gran país hacia el precipicio. Voces calificadas como la del ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, han manifestado su honda preocupación sobre el futuro de la República de Bolívar en la pasada conferencia organizada por ADM. Por otra parte, los llamados del actual secretario de la OEA, Luis Almagro, para que se le aplique la Carta Democrática, se los lleva el viento. Aunque resulte inconcebible, no se ha conseguido que los países miembros del organismo internacional latinoamericano adopten una postura de firmeza que permita la aplicación de fuertes sanciones al chavismo que se ha adueñado de esa nación.

Los que ejercen el máximo poder, arteramente hacen como que los acontecimientos se desarrollan dentro de la institucionalidad. Tratan de mantener la tramposa imagen de la legalidad, aun cuando es por demás evidente que la independencia de poderes no existe.

La última y grotesca demostración ha sido la resolución del Consejo Nacional Electoral, en el que cuatro de los cinco integrantes son notorios peones del régimen. Ante la fortaleza de una oposición que no claudica a pesar de lo difícil y peligroso que resulta seguir luchando para llevar adelante el objetivo de liberar al país del nefasto gobierno dentro de lo que permite la ley, y frente al temor de que los impulsores del referéndum puedan obtener el triunfo y la dictadura chavista llegue a su fin, no han dudado en cambiar las reglas de juego. Han dispuesto que la recolección de firmas requeridas para la próxima etapa no se realice de manera nacional como corresponde y como se hizo anteriormente cuando el revocatorio de Chávez en 2004.

El endiablado artilugio de ahora ha sido la exigencia de que en cada uno de los estados se alcancen los porcentajes requeridos. Con esta decisión se imposibilita, de hecho, que la consulta se haga antes de fin de año. Con que solo una de las 24 jurisdicciones que conforman el país no alcance el porcentaje, se anula la convocatoria al referéndum. Además, la MUD había pedido 20 mil máquinas capta huellas y les han dicho que les entregarán solo 5.392, si bien el CNE dispones de 40 mil.

Después de retrasar la recolección de firmas, el CNE afirma que el referéndum solo podrá efectuarse a mediados del primer trimestre de 2017. Una fecha que supera la mitad del mandato de Maduro (10 enero), y en cuyo caso desaparece la posibilidad de su destitución y el llamado a nuevas elecciones como pretende la oposición. De esta forma, si fracasa el referéndum, Maduro lo que tendrá que hacer es convocar a su vicepresidente, Aristóbulo Isturiz, que fue puesto por él mismo en enero pasado, un personaje orquesta del chavismo que ha pasado por una variedad de cargos y que responde también a Diosdado Cabello.

Por delante se abren escenarios todos alarmantes. Desde una guerra civil, con una población que se encuentra en una crisis humanitaria y que desea (80%) terminar con este gobierno. Un golpe militar de jefes castrenses afines a quitar de en medio al denostado Maduro, pero para continuar con el populismo autoritario reinante y las luchas intrínsecas que puedan desatarse. Es factible algo semejante dentro de los cuadros gubernamentales con las divisiones internas que aflorarán dentro del oficialismo si Maduro tiene que retirarse. Para la MUD el panorama es incierto y difícil. El gran desafío es mantenerse unidos a pesar de todos los contratiempos y condiciones casi imposibles para recoger y autenticar el 20% de las firmas del censo electoral (26, 27 y 28) de octubre, paso previo a la convocatoria al referéndum.

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