EDITORIAL

No olvidarse de Montevideo

Si en 30 años los sucesivos intendentes frentistas no lograron mejorar Montevideo, ¿por qué insistir en reelegirlos? Aunque sea para más adelante, la oposición debe encarar muy en serio el rescate de la gestión municipal.

Ya se reunió la convención colorada y la semana que viene lo harán los blancos. El clima de campaña hacia la elección de octubre empieza a tomar calor. Pero así como un objetivo de los partidos opositores es desplazar al frentismo del gobierno nacional, estos no deben olvidar que también es hora de desplazar al frentismo del gobierno capitalino.

La medida que pretende imponer el intendente Christian di Candia, resistida por su propia bancada, de controlar la cartelería electoral que los partidos despliegan por la ciudad, ha vuelto a poner sobre el tapete la irregular lógica con la cual funciona el gobierno departamental.

Sin duda, la medida (despojada de todo contexto) tiene sentido. ¿Por qué deben los partidos enchastrar la ciudad? Carteles y pasacalles se convierten en una agresión visual que después nadie se hace cargo de retirar. Esa agresión sumada a la sonora de jingles que invaden la ciudad, son la parte pesadillesca de la campaña y le reducen encanto a la celebración cívica que debería ser toda elección.

Di Candia se ha propuesto mantener la ciudad limpia de carteles, lo cual sería un objetivo loable si no fuera por la contradicción que encierra y que explican los treinta años de pésima gestión frentista en la Intendencia de Montevideo.

¿Solo los carteles electorales ensucian? Para ser coherente, también debería eliminar el resto de la mugre urbana, provocada por las agresivas pintadas en los muros de Montevideo, así como los pasacalles anunciando todo tipo de cosas. Si se pretende corregir la mala conducta de unos, se corrige la de todos. Y esto más allá de que los partidos deberían ser los primeros en dar el ejemplo.

Es que la limpieza de Montevideo no ha sido el fuerte de la gestión del Frente, aunque fue con la promesa de lograrla que llegó por primera vez al gobierno departamental en 1989. Todavía hoy no sabe cómo resolver un tema tan acuciante. Montevideo sigue siendo un lugar vergonzosamente sucio y descuidado. Cada contenedor de basura (y hay muchos) es un basural endémico y un peligro para la salud. Los grafitis en los muros agravan ese aspecto dejado, al punto que los propietarios de las casas ya ni cuidan sus fachadas porque se trataría de un gasto sin sentido.

Si en 30 años los sucesivos intendentes frentistas no lograron mejorar ese aspecto, ¿por qué insistir en reelegirlos? Aunque sea para más adelante, la oposición no debe olvidar a la gestión municipal. No volvamos a diseñar apresuradas estrategias, recién después de terminado el proceso electoral nacional. Hay que empezar ya a exponer planes y hay que buscar ya a los mejores candidatos para llevarlos adelante.

El hoy candidato presidencial del Frente Amplio, Daniel Martínez, fue recientemente intendente de Montevideo y el oficialismo hizo mucho alarde sobre su gestión.

Sí, hizo obra, es cierto. En apretados dos años atosigó a los montevideanos con obras al punto de convertir a la ciudad en un caos. Sin embargo, ello no tiene mérito pues tan solo concretó lo que hace 30 años debieron hacer las dos primeras administraciones frentistas (la de 1990 y la de 1995). En esa época, tan solo se terminó la red urbana de saneamiento, trabajo empezado en tiempos de la intendencia de Óscar Rachetti.

Lo que vino después de 2000 fue peor. Los siguientes intendentes hicieron la plancha o pusieron en marcha desastres como el corredor Garzón. Si aquellos intendentes hubieran hecho hace tres décadas lo que ahora construyó Martínez, cuántas cosas realmente transformadoras se habrían hecho en este período y cuán distinta podría ser la ciudad hoy.

Persiste pues el retraso en obras (con peligro de que se repita el error de Garzón si el túnel de avenida Italia llegara a tener a cada lado un carril menos que la propia avenida), hay un transporte público que no termina de reorganizarse, calles deterioradas, mala iluminación, plazas descuidadas, caótica planificación urbana con rampante mal gusto y por cierto el tema endémico de la suciedad. Todo esto denuncia que en 30 años de permanencia el Frente Amplio no ha hecho gran cosa, no embelleció la ciudad, no la hizo más funcional ni le otorgó mejor calidad de vida a sus habitantes.

Por eso, también a nivel municipal llegó el momento del recambio y la alternancia. Urge que desde ahora los partidos opositores diseñen sus estrategias y propuestas y eviten el error de elecciones pasadas en que improvisaron candidatos a último momento. Tienen, pues, una enorme responsabilidad ante la ciudadanía montevideana.

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