EDITORIAL
diario El País

Ollas populares y política

El fenómeno de las “ollas populares” se prestó para la polémica desde el inicio de la pandemia.

En particular por la velocidad con la que, apenas 15 días después de la salida de un gobierno que supuestamente dejaba el país próspero y con un nivel de políticas sociales sin precedentes (o al menos gastó plata para eso), miles de montevideanos estaban necesitados de apoyo ciudadano para comer.

Pero el segundo elemento de polémica, ya desde marzo del año pasado, fueron las denuncias recurrentes de que activistas y dirigentes barriales del partido que fue desalojado del poder por las urnas, estaban usando este fenómeno para minar al nuevo gobierno. Sobre todo, ante las investigaciones y cambios profundos que comenzaban en el Mides, afectando intereses de una cantidad de grupos que recibían millones de dinero público para fines supuestamente de apoyo social, pero que como se ha venido comprobando, muchas veces terminaba en cualquier otra cosa.

Esta semana comenzó con una denuncia de la senadora Graciela Bianchi, que en el programa DobleClick, de FM DelSol, dijo que “me consta que hay un vínculo entre las ollas populares y la izquierda”.

Eso motivó una andanada de críticas furibundas de parte de dirigentes políticos del Frente Amplio como los diputados Sánchez, Núñez, y varios más, que la acusaron de frivolidad, de “enchastrar” sin pruebas, y de atacar a un instrumento genuino de solidaridad social, ante lo que denuncian como ausencia estatal.

Cualquiera con ganas, tiempo, y una conexión a internet, podía comprobar que lo que denunciaba Bianchi tenía muchos visos de realismo. Por ejemplo, la recurrente aparición en los medios de una “coordinadora” de Ollas Populares, cuyo sitio web aclara que su “Plenario” se reúne en una “Asociación Sindical Uruguaya”, y que reuniría a “una veintena de organizaciones populares”. Sin mencionar que sus voceros habituales parecen más preocupados por atacar a las nuevas autoridades del Mides, que de conseguir productos para las mismas. Así como una mínima búsqueda en internet de algunos de sus referentes mediáticos permite descubrir perfiles en sitios web como “Resistencia, contrahegemonía es decir la verdad”, otros que se autodefinen como “militante político y social”, empalagosas notas en Caras y Caretas, La Diaria, o incendiarias intervenciones en M24, la radio del MPP.

Pero si usted no estaba con ganas o tiempo como para hacer esa miniinvestigación, menos de 24 horas después de la salida de Bianchi, los informativos de TV de horario central le dieron toda la razón. De forma casual, movileros del canal 10 y del canal 12 dejaron de lado su permanente blindaje mediático al gobierno (es irónico, aclaremos) para ir a la misma olla popular de Palermo (con más prensa que Got Talent), y fueron recibidos por voluntarios, todos con sendas camisetas que decían “No a la LUC”. Es más, en la entrada de la propia “olla popular” se podía ver un lugar donde se recolectaban firmas contra la Ley de Urgencia. Todo muy solidario, espontáneo, e inspirado por altruistas fines sociales.

Pero casi tan asombroso como eso, fue que ninguno de los periodistas que fueron a cubrir eso, hicieron referencia al proselitismo político de los voluntarios. Nadie les preguntó si sus posturas políticas a la vista tenían algo que ver con la furiosa crítica al gobierno, si recibían fondos de alguna entidad partidaria, o siquiera la pregunta obvia que haría cualquier estudiante de periodismo con dos meses de carrera: “¿ustedes le piden a la gente que firme contra la LUC para darle un plato de comida?

Apenas horas después de que la senadora Bianchi fuera atacada por media bancada opositora por sugerir vínculos entre “ollas populares” y política, dos entrevistas en informativos centrales de TV le dieron la razón.

Uno podría pensar, en un pico de sensibilidad, que para un periodista de calle que “aterriza” en un lugar así, hacer esa pregunta obvia y pertinente, podía verse como algo agresivo. Pero el tema es que después, las entrevistas siguieron desde el estudio, y al parecer tampoco a los presentadores les pareció relevante hacer esa consulta. De nuevo, pregunta tan obvia como investigar 5 minutos en internet el perfil de a quien van a entrevistar, cosa de darle a la audiencia una mirada mínimamente contextualizada de la información. Una muestra de lo mal que está el periodismo hoy en Uruguay, o de la forma en que algunos profesionales gradúan su inquisitividad según la causa que estén abordando.

Más allá de los detalles de este penoso episodio, quedó demostrada la manipulación del fenómeno de algunas de estas “ollas populares” con fines partidarios. Algo que es un insulto tanto a la gente necesitada, como a los cientos de personas que se han movilizado genuinamente con el fin de ayudar al prójimo en este momento de crisis sanitaria.

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