Editorial

La ola marina

Como si no bastara con las idas y venidas que sufre la decisión de suspender el Antel Arena, se suma otro ejemplo de un estilo de política que recuerda la popular canción de fines de la década de 1940, la ola marina, "que tiene un motor que gira pa’lante y otro que gira pa’trás".

Todo comienza con el acuerdo concluido entre el Plan Ceibal y Google para hacer accesible de forma gratuita a los docentes de todo nuestro país, de las instituciones públicas y privadas, el servicio Google Apps para la enseñanza que incluye un amplio conjunto de herramientas para la educación. El servicio se suministra gratuitamente y sin avisos y es utilizado por millones de usuarios en todo el mundo.

La Universidad de la República (Udelar) se opuso al acuerdo. Primero, informó el semanario Búsqueda la semana pasada, "fue un grupo de docentes, investigadores y profesionales uruguayos" que protestó; siguió el Consejo de la Facultad de Ingeniería de Udelar; y luego se sumó el Consejo Directivo Central.

Ahora, la decana de la Facultad de Ingeniería de la Udelar e integrantes del Instituto de Computación de la Facultad de Ingeniería acudieron a la Comisión de Educación y Cultura del Senado para exponer su punto de vista. La delegación de Udelar explicó que a través de Antel con ANEP y la Agesic (la Agencia para el Desarrollo de Gobierno Electrónico creada en el 2005) se estaría en condiciones de desarrollar un proyecto de esas características.

Parecerían existir tres reparos principales: la preocupación de que la información generada por el servicio quede almacenada en los Estados Unidos y que los datos aportados por los usuarios no estén seguros; la idea de que el Uruguay debería tener un sistema de conocimiento formado por uruguayos; y la posibilidad de crear alternativas nacionales para un servicio como el acordado con Google

En cuanto a la confidencialidad de los datos, la Unidad Reguladora y de Control de Datos Personales de nuestro país, en respuesta a una solicitud del Plan Ceibal, dictaminó que el acuerdo con Google "se adecua a las disposiciones normativas vigentes en materia de protección de datos personales" y comunicó al Plan Ceibal un conjunto de recomendaciones adicionales, incluyendo informar sobre el contenido del acuerdo; dar publicidad a los documentos del acuerdo (algo que ya se ha hecho) y recabar el consentimiento de los responsables de los estudiantes menores de edad destinatarios de los servicios.

El vicepresidente de la ONG Internet Society opinó que Google Apps for Education "es más segura en lo que tiene que ver con la privacidad de los datos y con la venta de la publicidad, que otros de la misma empresa o de otros servicios". Son argumentos respetables.

A ellos se suma lo dicho por la ministra de Educación y Cultura: "la mayoría de los que tenemos acceso a una computadora, usamos archivos de (Google) Drive y yo no me siento perseguida para nada".

Google invierte mucho tiempo, personal técnico y dinero para crear y mejorar continuamente un motor de búsqueda y otros servicios complementarios en Internet —incluyendo Google Apps para la enseñanza— que son aprovechados por millones de usuarios en todo el mundo.

Es cierto que cada país debe tener su sistema de formación propio pero debemos distinguir entre el contenido de los programas de enseñanza y los medios utilizados para ejecutarlos. Google Apps para la enseñanza y el Plan Ceibal no dictan lo que se debe enseñar; su función es aportar instrumentos técnicos para llevar a la práctica los programas creados por las autoridades de la enseñanza.

Finalmente, se dice que es posible crear aquí un servicio equivalente al ofrecido por Google. Pero ¿cuán equivalente? ¿a qué costo? ¿para cuándo?

La Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información advierte que tal servicio sería caro y que llevaría tiempo hacerlo funcionar. ¿Tiene sentido invertir en crear una plataforma, posiblemente de menor calidad, a un mayor costo?

Parecería más sensato concentrar nuestros limitados recursos en mejorar los contenidos de la enseñanza y, entretanto, aprovechar los medios técnicos bien diseñados y probados, en una escala global, que ya existen y que podemos conseguir en forma gratuita.

Lo único rescatable de este episodio es que crea la oportunidad para una discusión técnica y equilibrada sobre un tema complejo cuya trascendencia excede el acuerdo con la empresa norteamericana.

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